jueves, 29 de julio de 2010

Denuncian que las etiquetas de 8 de cada 10 productos de marcas blancas son engañosas

AGENCIAS
Los mensajes que aparecen en las etiquetas del 80 % de los productos de marca blanca presentan "irregularidades" y "no son veraces", según un estudio de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). El informe, titulado El etiquetado en los productos alimenticios de marca blanca, analiza las inscripciones de 97 alimentos de las marcas de distribución Hacendado (Mercadona), Carrefour, Día, Auchan (Alcampo), El Corte Inglés, Eroski y Lidl, y denuncia que sus envases "no son neutros, tal y como deberían".
El estudio examina el uso de declaraciones nutricionales y de salud en el etiquetado de una selección de productos alimenticios de marcas blancas o de distribuidor, y mide el correcto cumplimiento del reglamento europeo 1924/2006: una norma que pretende regular los mensajes voluntarios que se incorporan en el etiquetado de los alimentos y cuya novedad más destacada es la evaluación científica que deben hacer las Autoridades Comunitarias por cada declaración.
Una de las principales conclusiones es que los productos de “marca blanca o de distribuidor” demuestran que sus envases no son neutros, tal y como indicaría la propia denominación: estas marcas blancas también venden supuestamente “salud” además de una buena relación calidad/precio.
De las 298 declaraciones analizadas, 71 eran de salud, 37 gráficas y 186 fueron nutricionales, llegando a contabilizar hasta 304 nutrientes, además de otras sustancias, sobre los que se hacían declaraciones.
Mensajes complejos
Las etiquetas en productos de marca blanca mantienen un nivel de complejidad que se aproxima a los productos de marca, debido al uso, no siempre correcto, de las declaraciones nutricionales y de salud.
El estudio pone algunos ejemplos que, a juicio de la CEACCU, no tienen suficiente respaldo científico, con supuestos beneficios no comprobados, por otra parte difíciles de comprender para muchos consumidores, tal como exige el Reglamento.
"Vitamina E, antioxidante que protege a las células de los radicales libres evitando el envejecimiento".
"500 mg al día de ácidos grasos omega 3 (EPA+DHA) favorecen la fluidez de la sangre, evitando la acumulación de colesterol en la misma".
"Ayuda a restaurar y promover el crecimiento de las bifidobacterias".
"Con DHA y EPA".
Marcas confusas
Muchas de las etiquetas de estos productos dificultan la elección por parte del consumidor. Según la confederación, sitúan la marca junto a una declaración (de salud o nutricional) en el frontal del producto, con un tamaño de letra grande. Algunos ejemplos:
"Omega 3 EPA y DHA. Eroski".
"Energía +Crecimiento Hacendado".
"Nature Active Hacendado".
"Eroski Activitas".
"Deliform Nature Auchan".
El estudio señala que, al igual que en los productos de marca, las marcas blancas destacan la información menos útil, relegando la información nutricional obligatoria a la zona de la etiqueta menos visible y con una letra muy poco legible.
Productos no tan nutritivos
Casi el 30 % de los productos analizados no podría incorporar declaraciones en el etiquetado, ni de salud ni nutricional, debido al alto contenido de algún nutriente (azúcar, sodio o grasa saturada), cuyo exceso podría dañar la salud del consumidor, asegura la CEACCU.
Los lácteos son la categoría de alimentos que incorpora más frecuentemente declaraciones en el etiquetado, incumpliendo en mayor medida el Reglamento (60% de los incumplimientos totales). Algunas de ellas ya han tenido una opinión desfavorable de la Autoridad Europea, según la organización, por no reunir las suficientes pruebas científicas, como las siguientes:
"La vitamina A protege los huesos y dientes", presente en diversos productos como la leche semidesnatada calcio Carrefour y la leche enriquecida con calcio Hacendado.
"Activa la flora intestinal" en el caso de Bífidus Proviact de Lidl o "Una botella de activitas al día ayuda a tus defensas" en el producto Eroski Activitas, sobre supuestos efectos beneficiosos de las bifidobacterias y Lactobacilus.
"El nivel de posibles incumplimientos (151) en los productos analizados, refleja que el consumidor no está disfrutando de una información veraz en las etiquetas de los productos que compra", concluye el estudio. "Tan sólo 18 productos de los analizados no mostraban ningún posible incumplimiento frente al Reglamento".

20 MINUTOS, Viernes 30 de julio de 2010

miércoles, 28 de julio de 2010

Esta etiqueta inteligente sigue todos sus pasos

RAQUEL SECO / ROSARIO G. GÓMEZ
Sirven para alertar de robos en las tiendas, para controlar las mercancías de un almacén o para pagar de forma automática en un peaje. Son las etiquetas inteligentes, pequeños chips adheridos a todo tipo de objetos que funcionan mediante radiofrecuencias: desde bolsos hasta pasaportes, pasando por medicamentos o entradas para el fútbol. Su uso sin control ha sido puesto en cuarentena por las autoridades de protección de datos. Se quejan de que pueden invadir la privacidad y poner en riesgo la seguridad de los ciudadanos al poner al descubierto datos personales.
Estos artilugios funcionan mediante tecnología RFID (etiquetas de identificación por radiofrecuencia) y son cada vez más frecuentes en la vida cotidiana. Llevan incorporada una microemisora de radio que en la mayoría de los casos pasa inadvertida. Los consumidores pueden llevarla conectada sin enterarse de que van dejando un rastro sobre sus gustos y comportamientos.
Son un perfecto chivato. Aunque hay que distinguir, al menos, entre dos tipos de tags o etiquetas: las pasivas, que emiten señales solo cuando entran en el campo de acción de un lector, y las activas. El campo de alcance de las primeras varía, dependiendo de muchos factores, entre unos pocos milímetros y los siete metros. Las activas, por su parte, emiten señales todo el día (igual que un teléfono móvil, por ejemplo) y son mucho más caras y menos frecuentes. Se encuentran, por ejemplo, en los peajes automáticos de las autopistas. Se trata de etiquetas inteligentes que almacenan información en un chip de minúsculo tamaño. Un lector permite identificar, a distancia, cualquier producto.
El abaratamiento de costes ha hecho que cada vez proliferen más estos sistemas. En España se calcula que el 3% de las pequeñas y medianas empresas tienen instaladas esta modalidad de etiquetas mientras que en las grandes compañías el porcentaje se eleva al 20%. Según un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología de la Comunicación (Inteco), las empresas dedicadas al transporte y almacenamiento son las que más los emplean. Pero su uso está en plena expansión en otros sectores, como la informática o el comercio.
El Parlamento Europeo ha alertado sobre ellos. El pasado mes de junio instó a los Estados a poner en marcha mecanismos para que el uso de estos artilugios garantice la privacidad y la protección de datos de los ciudadanos. Para preservar los derechos de los usuarios, ese organismo apuesta por crear un marco jurídico europeo que garantice la privacidad de los ciudadanos, y en el que los consumidores tengan derecho a interrumpir en cualquier momento la conexión a estos chips.
La Unión Europea, de hecho, pidió a finales de 2009 a tres entidades europeas de normalización (Celenec, CEN y ETSI) un estudio sobre la posible regularización para proteger al consumidor final. Actualmente una comisión estudia la creación de un logo que identifique la tecnología RFID -de la misma forma que ahora se indica la presencia de cámaras de vigilancia- y se está debatiendo el establecimiento de niveles de intrusión en la privacidad, según Paloma Llaneza, abogada especializada en nuevas tecnologías.
La industria, por su parte, defiende las utilidades de esta tecnología y niega que pueda llegar a emplearse para intromisiones en la intimidad del consumidor. En opinión de Sergi Cardona, responsable de RFID en la Asociación Española de Codificación Comercial (AECOC), se suele dar protagonismo al "mal uso" de los sistemas de identificación de radiofrecuencia pese a que es "el mismo que se puede dar a cualquier tecnología".
Aplicando las recomendaciones europeas (desactivando por defecto el tag en el punto de venta a no ser que el usuario indique específicamente lo contrario, por ejemplo) no debería haber inconvenientes ni se debería destapar ningún dato personal del cliente, para Cardona. Además, de este modo se sacaría partido a los beneficios del RFID "consiguiendo una gestión empresarial más eficiente, ofreciendo al cliente más facilidades en el momento de pago..."
Pero los riesgos están ahí. La Agencia Española de Protección de Datos, especialmente alerta a cualquier posible vulneración de la privacidad, ha lanzado la voz de alarma. Advierte de que, pese a las bondades que puedan tener estos mecanismos, es necesario que se exijan garantías para prevenir los efectos perversos. Para evitar riesgos, la Agencia de Protección de Datos y el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación han editado una guía para que el usuario pueda defenderse de estos supuestos "perros guardianes". Aconsejan que se inutilicen, desactiven o destruyan cuando el usuario haya efectuado una compra en una tienda y, en todo caso, creen necesario que el ciudadano sea informado del uso de estos artilugios. Se evitaría así que algunos objetos, un bolso, por ejemplo, pitaran al pasar por un establecimiento para alarma y sorpresa de su propietaria, como ha ocurrido en determinadas tiendas de Madrid. No obstante, desde AECOC insisten en que las utilidades de esas etiquetas antihurto son "muy diferentes" de las etiquetas RFID. Aunque ambos dispositivos se basan en los sistemas de radiofrecuencia, según esta asociación, el chip antirrobo no identifica en modo alguno el artículo, con lo que no compromete la privacidad del consumidor.
El sistema RFID -al que los expertos denominan el Internet de las cosas- permite vincular los objetos que se mueven, identificarlos y controlarlos. Pueden llegar a dar información suficiente para la localización de una persona. "Entre las empresas españolas, el uso es todavía incipiente, pero las previsiones apuntan a un crecimiento exponencial en los próximos años".
Aunque también pueden ser de uso personal. Los padres, por ejemplo, pueden instalar estos dispositivos en pulseras o en prendas de ropa o bajo la piel para tener localizados minuto a minuto a sus hijos. Algunos hospitales, como el Clínic de Barcelona, han puesto en marcha un sistema de identificación y seguimiento de sus pacientes por radiofrecuencia. Con esta fórmula persiguen mejorar la seguridad y calidad asistenciales de los pacientes.
Como todo, la tecnología tiene dos caras. Pablo Sancho, director comercial de Asís Consultores -que se encarga de implantar estas etiquetas, por ejemplo, en lavanderías industriales- destaca que la identificación y la preparación logística de una sola prenda con código de barras tarda 16 segundos, mientras que con tags se gestionan hasta 150 prendas en unos 10 segundos. "El RFID es el futuro", asegura Sancho, y su uso no supondrá un problema siempre que "no se grabe nada en el tag, sino en una base de datos local que solo las personas autorizadas puedan consultar". Además, recalca que "a nivel de privacidad de la información, quizá está en una posición más vulnerable el usuario que entra a ver cualquier información vía Bluetooth en su móvil" puesto que la información en el RFID va "encriptada y codificada".
¿Pueden estos dispositivos transmitir algún tipo de información personal? "Solamente podrían hacerlo, quizá, los de tipo activo. Y en caso de que lo hicieran los pasivos, siempre transmitirían información que tú hayas autorizado. Además, previamente esa información está codificada y almacenada en una base de datos. No tengo ningún cliente que haya grabado información relevante en el tag", asegura Sancho.
Para Protección de Datos, el principal ataque que puede sufrir la privacidad del usuario es el intento de lectura de la información personal y privada almacenada en estos dispositivos. Y pone como ejemplo las pegatinas adheridas a la ropa: "Pueden ofrecer información capaz de elaborar un perfil con los gustos o aficiones de una persona a partir de sus compras".
Aun con un mal uso, la información delicada "no está específicamente en la tarjeta, se necesitaría acceder a un sistema de información", replica Cardona.
Daniel Alguacil, editor del portal especializado RFID-Spain, añade que reunir datos que puedan llegar a identificar a un consumidor "requeriría una extraordinaria universalización, una implementación a nivel global que a día de hoy no existe". Además, asegura que los "hipotéticos" riesgos para la intimidad que según algunos implica el RFID no son comparables a las ventajas del sistema: "Posibilita la reducción de precios, genera muchísimos puestos de trabajo, aumenta la competitividad de las empresas...".
Existen interminables debates entre defensores y detractores. Fuentes de la industria descartan que la distancia de lectura de las tarjetas pueda suponer un factor de riesgo ("hay que estar bastante cerca" para leer una tarjeta pasiva, según Sergi Cardona), mientras que la percepción generalizada se inclina porque "pueden ser leídas a distintas distancias y eso puede suponer un problema", según Llaneza. Además, para la abogada, el problema principal se encuentra en el "tipo de información que llevan dentro y en la combinación que se pueda hacer con otro tipo de etiquetas".
Además, señala Llaneza, los lectores de etiquetas pueden estar en cualquier parte. "Imagínate que llevas una cartera que has comprado en una gran superficie. En ella llevas el nuevo pasaporte europeo -que lleva una etiqueta RFID dentro-, y una medicación identificada con este mismo sistema. Al pasar por el lector de la gran superficie, o por un lector pirata, alguien podría leer todo lo que llevas en el bolso y saber así si quieren robarte o no". En cuanto al uso no delictivo, los expertos alertan de que los comercios podrían llegar a averiguar el perfil del cliente que entra por la puerta: ¿está enfermo? ¿qué productos compra?.
"La gran cuestión, según Llaneza", es "qué información va incluida en la etiqueta RFID". ¿Datos personales, información sobre los hábitos de consumo y estilo de vida pero sin nombre ni apellidos...?". Los expertos exigen que se asegure la codificación de la información, que se asegure que las redes de comunicación estén totalmente protegidas para evitar el pirateo y que las etiquetas no identifiquen al usuario final.

Riesgos para los consumidores
- Accesos no permitidos a las etiquetas. Las tarjetas RFID pueden contener datos personales (nombres, fechas de nacimiento, direcciones...) o tenerlos asociados a un sistema central. El ataque puede dirigirse contra ambos.
- Rastreo. Una etiqueta RFID que contenga datos personales y sea utilizada para pagar compras, transportes públicos, accesos a recintos, etcétera, podría servir también para observar y clasificar a un consumidor según sus gustos, edad y otras características.
- Análisis de comportamientos. Empleando técnicas de minería de datos (extracción de información a partir de las bases de datos), se pueden analizar comportamientos individuales y así definir perfiles de consumo para diseñar y orientar las estrategias publicitarias de las empresas.
- Aislamiento de etiquetas. Consiste en el bloqueo de la comunicación entre lector y etiqueta, mediante, por ejemplo, una jaula de Faraday o revestimiento metálico que impide que penetren las ondas de radio.
- Saturación del servicio. Se satura el sistema enviando de forma masiva más datos de los que este es capaz de procesar. Invalida el sistema para la detección de etiquetas, con lo que los objetos etiquetados escapan al control del sistema. Puede ser utilizado para la sustracción de mercancía a pequeña o gran escala.
- Inutilización de las tarjetas. El atacante puede inhabilitar las etiquetas sometiéndolas a un fuerte campo electromagnético.
- Suplantación. Consiste en el envío de información falsa, por ejemplo, sustituyendo una tarjeta RFID por otra para comprar productos al precio de otros más baratos.
- Inserción. Se insertan comandos ejecutables en la memoria
de datos de una etiqueta donde habitualmente se esperan datos. Los comandos pueden inhabilitar lectores y otros elementos del sistema para desactivar el sistema permitiendo algún tipo de fraude, o una denegación de servicio.
- Repetición. El atacante envía al lector RFID una señal que reproduce la de una etiqueta válida, suplantando la identidad.
- Ataque 'Man in the Middle'. El atacante interviene en la comunicación entre dispositivo y lector, reemplazando a una de las dos partes. De esta manera puede interceptar información.
- Clonación de la tarjeta RFID. A partir de la comunicación entre una etiqueta y el lector, se copian dichos datos y se replican en otra etiqueta RFID para ser utilizados posteriormente.
EL PAÍS, Jueves 29 de julio de 2010
Imagen: El País

jueves, 1 de julio de 2010

Así es la lista de la compra con la nueva subida del IVA

Esther Mucientes
Madrid.- ¿Cuánto nos va a costar a partir de hoy un carro de la compra? La temida subida del IVA ya está aquí. Desde hoy los productos a los que se aplicaba el 7% y el 16% de IVA tienen un incremento del 1% y del 2%, respectivamente. Pero, ¿realmente cómo afecta esto a los tocados bolsillos de los españoles? ELMUNDO.es ha hecho la compra un día antes de la subida y con ella ya aplicada. ¿Cuánto se ha incrementado el carro?
El tipo reducido, que se eleva del 7% al 8%, actúa sobre los alimentos en general, el transporte de viajeros, los servicios de hostelería, las entradas a espectáculos, o viviendas.
Mientras, una barra de pan, un litro de leche o un kilo de tomates cuestan hoy lo mismo que ayer. Los llamados productos de primera necesidad -arroz, huevos, pan, fruta, hortalizas- gravados con el 4% del IVA están exentos de esta subida.
El resto de alimentos (carnes, pescados y conservas...) sufrirán una subida de un punto, al pasar del 7% al 8%, lo que supondrá un desembolso adicional de 23 euros. En resumen, el carro que el día 28 de junio costaba 98,86 euros -8,39 euros sólo de IVA- hoy ya cuesta 99,93 -9,46 euros de IVA- si contamos con 16 productos con el 8% de IVA, seis al 18% y dos al 4%.
Pero, ¿cómo se incrementa producto por producto? Un paquete de seis botellas de Coca-Cola de dos litros costaba 6,42 euros más 0,44 euros de su 7% de IVA. Hoy hay que tachar ese 7 de la lista y cambiar por un 8 con lo que los 6,86 euros que pagarían en caja pasarán a ser 6,93.
Parece poco, sólo siete céntimos, pero si se analiza un carro completo de siete en siete céntimos, las carteras empiezan a temblar. Otro ejemplo un paquete de cuatro yogures -gravado con el 7%- se pagará hoy a 0,96 euros, un céntimo más de lo que costaba ayer.
Un kilo de azúcar que costaba 84 céntimos ahora se pagará a 85 céntimos, un litro de lejía costará cinco céntimos más, medio kilo de carne picada que hasta hoy se pagaba a 3,56 hoy ya cuesta 3,59 euros y así una infinidad de productos.
Las economías domésticas, las más dañadas
Según la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu), el impacto medio para las economías domésticas de la subida del IVA será de más de 350 euros anuales. Así cada familia destinará como mínimo 30 euros más, sin tener en cuanta la subida de los precios, para llegar a fin de mes comprando lo mismo.
¿Y el resto de productos y servicios? Sin dejar de lado el carro de la compra, las bebidas alcohólicas y el tabaco, que pasan del 16% al 18%, supondrán un gasto medio por familia, de 617 euros, una subida de unos 12 euros al año. El mismo incremento que ya han vivido los productos de limpieza y de aseo personal.
En concreto, los combustibles, el transporte y 'otros bienes de servicios' serán las partidas que más notarán la subida del impuesto, según Ceaccu. En el caso del combustible, gravado anteriormente con el 16% pasa al 18%, y supone un gasto adicional medio de unos 85 euros al año, mientras que lo que respecta al transporte -al 8%-, el gasto crece en 43 euros.
Con esta subida, el Estado calcula ingresar 5.150 millones de euros más, de los cuales 1.900 millones se recaudarán este mismo año.
Pese a los números, las cuentas, las subidas, los quebraderos para llega a fin de mes, el cuánto sumo y cuánto resto, el 70% del comercio asumirá parte de la subida del IVA para mantener unas ventas ya dañadas por la crisis.
Eroski descontará durante todo julio el equivalente al incremento del IVA en la segunda compra. Lidl certificará "ante notario" la congelación de sus tarifas actuales. Carrefour tampoco repercutirá en los precios la subida. Inditex, H&M o Cortefiel tampoco ajustarán importes de forma inmediata.
Además, gracias a que la subida del IVA coincide con el inicio del periodo de rebajas, no será hasta dentro de un par de meses cuando los bolsillos noten realmente el incremento, aunque la última palabra la seguirán teniendo los comerciantes que pueden decidir si subir el IVA al comprador o asumir ellos el coste y mantenerlos como hasta ahora.
EL MUNDO, Jueves 1 de julio de 2010


Imagen: El Mundo

martes, 29 de junio de 2010

El gas se queda fuera del pacto energético con una subida del 8,1%

ELMUNDO.es Europa Press
Madrid.- El precio del término variable de la Tarifa de Último Recurso (TUR) del gas natural subirá a partir del 1 de julio a 4,195 céntimos por kilovatio hora (kWh) para los consumidores de la Tarifa T2, los hogares con calefacción a gas, lo que supone un incremento del 8,1% con respecto al del trimestre anterior.
Además, el precio recogido en la revisión de la TUR es antes de impuestos, por lo que no incluye el incremento en el IVA del 16% al 18% que se aplicará en julio.
Esta subida del gas se conoce días después de que el Gobierno pactara con el Partido Popular no aplicar la subida de la tarifa de la luz prevista también para julio, y es el segundo incremento del gas en lo que va de año. En abril, esta tarifa subió un 4,15% en el término variable.
La publicación hoy de la revisión en el Boletín Oficial del Estado ha coincidido con la convocatoria para mañana de una reunión entre el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y el coordinador de Economía del Partido Popular, Cristóbal Montoro, "para avanzar en la negociación sobre un pacto de Estado de energía".
El usuario de tarifa T2 tiene un consumo de entre 5.000 y 50.000 kWh al año, y su tarifa a término fijo se queda estable en 7,84 euros.
Por su parte, para los consumidores de la T1, quienes gastan menos de 5.000 kWh al año (viviendas con gas generalmente destinado a cocina o calentador de agua), el término variable experimentará una subida del 7%, hasta 4,759 céntimos por kWh.
En la anterior revisión, Industria aplicó una subida del 3,6% a los clientes de la T2.
EL MUNDO, Jueves 30 de junio de 2010

domingo, 27 de junio de 2010

El 60% de los híper asumirá el alza del IVA

El Corte Inglés, Alcampo e IFA no aclaran qué harán. El Gobierno prevé ingresar 1.900 millones más con la subida del 1 de julio
A.M.VELEZ - MADRID
Casi el 60% de los principales supermercados e hipermercados españoles (de acuerdo con su cuota de mercado) se esforzará para no trasladar a sus clientes el incremento de dos puntos en el IVA que entra en vigor el próximo jueves, 1 de julio. El aumento del impuesto (el tipo general pasa del 16% al 18% y el reducido, del 7% al 8%) es una de las primera medidas adoptadas por el Gobierno para reducir el déficit. Con la subida se espera ingresar unos 5.100 millones, de ellos, 1.900 millones en este año.
El impacto del esfuerzo de los híper al asumir el aumento del IVA es difícil de precisar. Y no está claro si las cadenas van a mantenerlo a lo largo del tiempo. Lo más probable es que vayan repercutiendo progresivamente el alza fiscal.
La última enseña en anunciar que va a asumir el incremento impositivo ha sido Eroski, pero ya ha advertido de que sólo lo hará durante un mes. El grupo vasco devolverá el equivalente al aumento del impuesto a sus clientes hasta el 31 de julio, a través de vales de descuento que les entregará al pasar por caja, en función de los alimentos adquiridos. El coste que deberá asumir la empresa con esta promoción será de unos 5,6 millones, según la propia compañía.
En el caso de Carrefour, primer grupo del sector en España con una cuota del 17,7% (además de esa enseña, controla la cadena Día), no repercutirá la subida "como criterio general", según dijo en marzo pasado su director general en España, Noël Prioux. No obstante, la empresa ya ha advertido de que habrá excepciones en productos en los que, por sus bajos márgenes, tendrá que trasladar el alza.
La alemana Lidl, especializada en el segmento de bajo coste, se ha comprometido ante notario a asumir el alza en un surtido de más de 1.000 referencias de marcas propias y fabricantes líderes. Mercadona, por su parte, fue la primera cadena que se comprometió a absorber el alza. Eso sí, lo hará "en la medida que seamos capaces de lograr nuevos ahorros de costes", según dijo en marzo pasado su presidente, Juan Roig.
La subida del IVA, que coincide con el inicio de las rebajas de verano, llega en un momento muy complicado para el consumo, en general, y para el sector, en particular. Las empresas de distribución llevan dos años inmersas en una feroz guerra de precios que se originó después del estallido de la recesión y tras los espectaculares encarecimientos de algunos alimentos en 2008. A costa de erosionar sus márgenes (y de apretar a sus proveedores), las cadenas han ajustado sus precios para retener clientes y han apostado por los productos de marca blanca (más baratos) y, en algunos casos, por el cierre de centros no rentables.
Entre las empresas que todavía no han aclarado cuál será su postura a partir del jueves, están algunos de los principales grupos de distribución, como IFA, El Corte Inglés y Alcampo, cuya cuota de mercado en alimentación al cierre de 2009 era del 13,1%, del 4,5%, y del 3,4%. Hace un mes, el director de compras de gran consumo de El Corte Inglés, José Ignacio Caballero, pidió que el sector ponga fin a la guerra de precios que libra para no dañar más sus cuentas: "¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¿Estamos locos?", se preguntó Caballero.
Petición de FIAB
La no repercusión de la subida al cliente tendrá efectos en toda la cadena alimentaria, empezando por los fabricantes. La Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) ha pedido que se garantice "el cumplimiento de la legislación fiscal y las normas de defensa de la competencia por parte de la distribución".
El año pasado, la Comisión Nacional de la Competencia multó a esta patronal por realizar recomendaciones colectivas para elevar los precios en 2008. Las dos grandes patronales de la distribución, Anged y Asedas, han evitado pronunciarse sobre la estrategia a seguir con la subida del IVA, que consideran inoportuna.
Tres gravámenes
4% Tipo superreducido
Grava el consumo de alimentos básicos como el pan, la fruta o los huevos, así como los libros, el material escolar, los medicamentos o las VPO. Este es el único gravamen que no se toca.
8% Tipo reducido
Hasta ahora, está en el 7%. Se aplica a la compra de todos los alimentos (excepto los básicos que se incluyen en el súper reducido), las viviendas, el transporte, la hostelería, la asistencia social o sanitaria o los servicios culturales y de espectáculos.
18% Tipo general
Ahora está en el 16%. Se aplica a todas aquellos bienes u operaciones para los que no está previsto otro tipo impositivo
PÚBLICO, Lunes 28 de junio de 2010
Imagen: Público

lunes, 29 de marzo de 2010

La 'comida basura' es tan adictiva como el tabaco o las drogas, según la revista Nature

EFE
La comida de alto contenido calórico puede ser tan adictiva como el tabaco o las drogas, según un estudio con ratas de laboratorio publicado en la revista científica Nature.
Aunque el descubrimiento no puede ser trasladado directamente a la obesidad en humanos, demuestra que un exceso de consumo de "comida basura" puede provocar respuestas adictivas en el cerebro.
Esto es lo que les sucedió a las ratas con las que se experimentó el estudio, a las que se les comenzó a dar comida basura y que acabaron convirtiéndose en comedoras compulsivas.
Experimentos con ratas
Se sabe en efecto que a los adictos se les debilita la capacidad de activación de los circuitos cerebrales responsables del recuerdo de sus experiencias positivas, ya que dejan de desempeñar esas actividades por la gratificación que reciben de ella, sino que lo hacen de manera adictiva.
Para la investigación, un equipo del Scripps Research Institute de Florida (Estados Unidos) encabezado por Paul Kenny, midió la sensibilidad de las ratas a ese tipo de experiencias.
Cuando los científicos ofrecían a las ratas comida de alto contenido en calorías como beicon, salchichas o pasteles, junto a comida más sana -aunque menos apetecible- que forma parte de su dieta habitual, los animales optaban por la primera y engordaban así rápidamente.
Comían pese a las descargas
Su sensibilidad al recuerdo de experiencias positivas también cayó en picado como les ocurre a los adictos a las drogas. Este debilitamiento de la respuesta a los recuerdos agradables persistió durante al menos dos semanas después de que dejaran de ingerir "comida basura".
Un auténtico adicto, bien sea rata o bien humano, consume la sustancia causante de la adicción compulsivamente incluso cuando es claramente perjudicial para su salud.
Para desarrollar el estudio, los científicos adiestraron a las ratas para que dejasen de comer cuando una luz se encendiese porque, en caso de no hacerlo, recibirían descargas eléctricas en sus extremidades. Las ratas de peso normal dejaban de comer al encenderse la luz incluso cuando se las tentaba con la más apetitosa "comida basura", pero las obesas, acostumbradas a ingerir este tipo de comida, seguían comiendo.
Alto contenido calórico
El estudio también revela un descenso en los niveles de un específico receptor de dopamina en las ratas con sobrepeso, fenómeno que también se da en los humanos adictos a drogas.
Los científicos disminuyeron artificialmente los niveles del receptor de dopamina en otro grupo de ratas, lo que aceleró su pérdida de sensibilidad al recuerdo positivo cuando se les suministraba una dieta de alto contenido calórico.
20 MINUTOS, Lunes 29 de marzo de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

Anuladas por “abusivas” trece cláusulas bancarias

N.CARRETERO
Trece cláusulas que las entidades Santander, BBVA, Bankinter y Caja Madrid aplicaban en sus contratos de tarjetas de crédito, hipotecas y préstamos, fueron ayer declaradas “abusivas, desproporcionadas y confusas” por el Tribunal Supremo, en una sentencia fruto de un recurso interpuesto por la OCU. Las condiciones quedan, por tanto, declaradas nulas, entre ellas la que obligaba al propietario de una tarjeta robada a asumir los posibles fraudes que se cometieran con ella. También ha sido anulada la prohibición de vender el bien que garantiza la hipoteca.
CONDICIONES QUE EL SUPREMO HA SUPRIMIDO
1. Comisiones.
Anulada la cláusula que impide conocer qué comisiones se van a cobrar y la que obliga a hacerse cargo de los gastos que supongan un proceso judicial.
2. Responsabilidades. Sin validez la responsabilidad del cliente en caso de que alguien falsifique un cheque y lo cobre y la que exime a la entidad si el cajero no funciona.
3. Rescisiones. Anulada la cláusula por la que la entidad podía rescindir una hipoteca por cualquier causa o la que eximía al banco de los fallos en contratos por motivos informáticos.
4. Robos o extravíos. Hasta ahora estas entidades no tenían responsabilidad en caso de robo o extravío de la tarjeta antes de la notificación. Ahora, este punto ha sido declarado nulo.
PRÉSTAMO E HIPOTECAS
Se podrán arrendar las fincas hipotecadas.
El Supremo ha declarado abusiva la prohibición de arrendar las fincas hipotecadas, aunque admite que esto puede disminuir el valor del inmueble.
Compensar deudas de un mismo cliente.
En cuanto a préstamos, queda anulada la condición por la que se podían compensar deudas de clientes con saldos positivos de otros de sus productos.
QUÉ!, Jueves 18 de febrero de 2010

lunes, 15 de febrero de 2010

Cómo saber qué engorda por su etiqueta

Beatriz Muñoz – Madrid
Confusión. Éste es, sin duda, el calificativo que mejor define a las etiquetas que aparecen en cualquier producto. Demasiados términos, cifras descompensadas y, sobre todo, dificultad a la hora de poder interpretarlas y sacar algo claro. Esta situación se vuelve todavía más complicada cuando el consumidor va en busca de alimentos para perder peso o que, en su defecto, contengan pocas calorías y grasas. Pero, ¿en qué hay que fijarse y qué elementos nos dan la clave de que se está eligiendo bien? Según explica Emma Ruiz Moreno, directora de proyectos de la Fundación Española de Nutrición (FEN), el orden de elementos más importante reside en “energía, macronutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas, micronutrientes como vitaminas y minerales y fibra. Sin embargo, la calidad la da el equilibrio entre ellas, y a que, aunque a priori tenga pocas calorías, si la grasa en básicamente saturada o tiene mucho sodio, el producto no es tan saludable”. Por tanto, la medida más sencilla reside en conocer qué hay detrás de los elementos que aparecen en una etiqueta.
1.- CALORÍAS
Corresponden al aporte energético que posee un producto. Para Susana Santiago Neri, dietista – nutricionista y miembro del Instituto de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Navarra (Icaun), “es preciso distinguir entre los denominados alimentos light para los que, según la legislación vigente, se contemplan tres categorías; si aparecen como “bajo valor energético”, el producto debe aportar menos de 40 calorías por cien gramos de producto sólido o 20 calorías por cien mililitros si se trata de uno líquido. Si en la etiqueta pone “valor energético reducido” corresponde a los líquidos con menos de cuatro calorías”. En el caso de que se trate de productos que están destinados para las dietas de control de peso, la legislación establece, según Santiago, que “los sustitutivos de una comida deben aportar entre 200 y 400 calorías”.
2.- GRASAS
La cantidad y la calidad son la clave para identificar cuál es la más indicada. Por ejemplo. las saturadas y parcialmente hidrogenadas o “trans” son las más nocivas por su directa vinculación con las patologías cardiovasculares. Sin embargo, las poliinsaturadas como las del aceite de oliva con las más beneficiosas para la salud. Según la doctora Joima Penisello, presidenta de la Fundación para el Fomento de la Salud (Fufosa), “hay que evitar los alimentos preparados con grasas que se sospeche que pueden ser hidrogenadas, escondidas habitualmente bajo el término de vegetales”. Aunque no tiene un carácter obligatorio, muchas empresas han optado por incluir en el etiquetado el concepto de cantidad diaria orientativa (CDA). Según Santiago, “para una ingesta diaria de energía de 2.000 calorías, se ha establecido una CDA de 70 gramos de grasas al día y 20 gramos de saturadas”. Actualmente, los límites establecidos son, tal y como explica la experta, “bajo contenido en grasa”, si el producto “no contiene más de tres gramos por cada cien en el caso de los sólidos o 1,5 gramos por cada cien mililitros si se trata de un líquido”. Si aparece bajo la denominación “sin grasa”, el producto “no debe tener más de 0,5 gramos”, añade. Y, en el caso de “bajo contenido en grasas saturadas”, lo establecido está en “si la suma de ácidos grasos saturados y de ácidos grasos trans en el producto no es superior a 1,5 gramos por cada cien gramos para los productos sólidos y a 0,75 gramos por cien mililitros para los líquidos. En cualquier caso, la suma de ácidos grasos trans no deberá aportar más del diez por ciento del valor energético total”, advierte Santiago.
3.- AZÚCAR
En la mayoría de los productos destinados para perder peso se suele sustituir el azúcar por edulcorantes. Sin embargo, Ruiz advierte de que “aunque no aporte calorías, si lleva fructosa, que es un monosacárido como la glucosa, tendría las mismas calorías”. Pese a que el límite es de 90 gramos al día, Santiago insiste en que si en la etiqueta aparece “sin azúcares”, el producto “debe contener menos de 0,5 gramos por cada cien gramos o cien mililitros”. En cuanto a la denominación “bajo contenido en azúcares”, el límite se halla en “cinco gramos en el caso de los sólidos y 2,5 gramos si se trata de un líquido”. En el caso de que en la etiqueta aparezca “sin azúcares añadidos”, conviene saber que sólo se puede establecer cuando, según Santiago, “no se ha añadido ningún tipo de azúcar ni ingrediente con el fin de endulzar el producto”.
4.- COLESTEROL
Al no estar catalogado como un nutriente esencial, no es obligatorio que aparezca en el etiquetado. Sin embargo, “la cantidad que ingerimos normalmente es del orden de miligramos, por lo que su contribución energética no es significativa (un gramo de grasa aporta nueve calorías). Sí que es cierto que se recomienda una ingesta promedio de aproximadamente 300 miligramos al día, por el riesgo cardiovascular asociado a su ingesta excesiva”. Aunque en ningún caso es recomendable una dieta rica en colesterol, Ruiz advierte de que la clave para reducirlo reside en disminuir “los ácidos grasos saturados y grasas trans”.
5.- SODIO
Pese a que su ingesta no engorda, su abuso se puede convertir en el principal enemigo de unos niveles de tensión adecuados. Preside desde todo tipo de embutidos, snacks y conservas. Por ello, según Ruiz “las recomendaciones actuales se sitúan en 6 gramos al día”. Los límites que ha marcado la legislación en cuanto a su presencia en el etiquetado son: “ si aporta menos de 0,12 gramos por cada cien gramos estamos ante un producto con bajo contenido en sodio. Si aparece la denominación muy bajo contenido en sodio, significa que no supera los 0,004 gramos por cien miligramos. Por último, cuando se supone que el producto no contiene sodio, el límite máximo está en 0,005 gramos”.
6. – FIBRA
Es el producto estrella de cualquier alimento para controlar la línea o para mejorar el tránsito intestinal. Sin embargo, “la mayoría contienen una mezcla de dos tipos de fibra, pero algunos destacan por contener más proporción de uno de ellos”, aclara Ruiz. Teniendo en cuenta la legislación, para que en la etiqueta aparezca el término fibra “debe aportar como mínimo seis gramos por cada cien, o tres por cada cien calorías”, explica Santiago. Asimismo, continúa la experta “también se admite la declaración fuente de fibra en el caso de que aporte como mínimo tres gramos por cada cien o 1,5 por cien calorías”. Para saber cuál es la más adecuada para cada persona, conviene tener en cuenta “el efecto fisiológico que se desee conseguir. Así, la insoluble es más efectiva para combatir el estreñimiento, mientras que la soluble contribuye a controlar la glucosa y el colesterol”, concluye Santiago.
Luz y taquígrafos
Miguel Ángel Almodóvar
La claridad y la precisión del etiquetado de los alimentos ha mejorado en los últimos años, pero aún queda camino por recorrer. Para empezar, siempre convendría que las cantidades se referenciaran respecto a la Cantidad Diaria Recomendada (CDR). La energía, expresada en kilocalorías, y cuya cantidad depende del sexo, la edad y la actividad física habitual, debiera provenir en un 55 por ciento de hidratos complejos, el 30 por ciento de grasas y el 15 por ciento de proteína; éstas, las proteínas, entre 0,7 y 0,8 gramos diarios por kilo de peso; la fibra, sabiendo que el organismo necesita entre 25 y 30 gramos al día; vitaminas y minerales, todo un mundo; y grasa, que en el etiquetado suele ser la madre del cordero, ya que aún se admite el eufemismo de “grasa vegetal”, para encubrir saturadas grasas de palma y coco. El capítulo final, el de los aditivos, suele ser de matrícula de honor, porque a veces esconden sustancias tan preocupantes y adictivas como el glutamato monosódico.
A TU SALUD – LA RAZÓN, Domingo 14 de febrero de 2010

Comer bien: menos sal, mejor salud

CARMEN IBÁÑEZ
NUTRICIONISTA DE SALUD PÚBLICA

La sal ha sido importante siempre, moneda de cambio como demuestra la palabra salario. Muchas veces hemos oído: “La sal de la vida” para expresar un sentimiento de placer y plenitud, es un reflejo de algo bueno, pero sin engañarnos, la sal siendo necesaria, no hay que usarla de forma desmedida.
Por el tipo de alimentación, los españoles empleamos unas dosis de sal altas, demasiado altas. Son habituales los alimentos sabrosos; frutos secos, patatas fritas, embutidos, fritos de todo tipo. La sal no sólo está presente en las comidas, también cuando tomamos un aperitivo, una bebida, refresco o copa de vino o licor, siempre hay una tapa o un pequeño platito acompañante a la bebida, generalmente salado.
La sal común, químicamente está compuesta de cloro y sodio, formando cloruro sódico, muy abundante en el agua del mar. En el organismo la sal está en disolución, no forma cristales, y participa activamente junto con el potasio en el equilibrio de los líquidos del cuerpo, permitiendo el intercambio sodio – potasio entre células de los tejidos y el líquido interticial circundante. Si nosotros mantenemos buenos niveles de potasio, podemos disminuir la ingesta de sal con los alimentos, no añadiendo sal extra sino tomando solo la contenida en los mismos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha promovido una participación voluntaria por parte de los gobiernos de los distintos países, a través de los institutos de salud pública y sectores de la industria alimentaria, para reducir el contenido en sal de distintos alimentos con un alto índice de ingesta en la población mundial. El consumo habitual de sal en la mayor parte de la población adulta excede de los 10 gramos por persona y día.
En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) puso en marcha un Plan de Reducción del Consumo de Sal, en marzo de 2009, cuyo objetivo era acercar a la población a una ingesta de sodio próxima a las recomendaciones diarias de la OMS para este elemento y que estaban en menos de 5 gramos por persona al día. El consumo medio de sal en España es de 9,7 gramos, casi el doble de la cantidad recomendada.
Los resultados obtenidos a principios de este año en distintos estudios en países como Reino Unido, Italia, Japón, Países Bajos o Estados Unidos, aportan evidencias que establecen una relación directa entre el consumo alto de sal en la dieta y un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, ictus e hipertensión.
Una reducción en el consumo de sodio en la dieta de 5 gramos supondría un descenso de alrededor de 3 millones de episodios cardiovasculares cada año en todo el mundo. La OMS estima que el 62 por ciento de las enfermedades cerebrovasculares y el 49 por ciento de la enfermedad isquémica cardiaca se pueden atribuir a presiones arteriales altas. En el Reino Unido se ha estimado que una reducción del consumo de sal en la población de 3 gramos al día supondría una disminución en la presión arterial suficiente para evitar 11.000 muertes por isquemia cerebral y 7.700 por infarto.
Alimentos procesados
La reducción en el consumo de sal es una de las formas más sencillas, eficaces y baratas de disminuir la prevalencia de las patologías cardiovasculares. Un estudio realizado por la OCU, encargado por AESAN, ha determinado que los alimentos que más sal aportan a la dieta de los españoles son los embutidos, pan y panes especiales, lácteos y derivados y los platos preparados. Con estos resultados podemos determinar que aproximadamente el 75 por ciento de la sal consumida procede de los alimentos procesados. Se conoce como sal oculta en los alimentos y el comensal no sabe cuánta ingiere.
Para conseguir mejorar los niveles de consumo, es necesario que la población colabore; un mejor conocimiento de la cantidad de contenidos en los alimentos en su etiquetado, es decir, una regulación más estricta; campañas de sensibilización para promoción de la salud y el impulso por parte de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria de actuaciones similares a la llevada a cabo con la reducción paulatina del contenido de sal en el pan en un 26,4 por ciento consiguiendo así que el pan que se adquiera actualmente en España sea uno de los más bajos en contenido en sodio de la UE.
Aunque para muchas personas una disminución de la ingesta de sal puede suponer un sacrificio, si son constantes, además de ganar en salud, terminarán descubriendo un nuevo mundo de sabores naturales en los alimentos, sin sal añadida. La experiencia merece la pena.
PAUTAS
Procurar no sazonar los alimentos con sal, o con la menos posible, estos ya contienen la suficiente y el organismo no necesita mucha más.
También podemos utilizar pimentón, cebolla y/o ajo finamente picado o simplemente en polvo, para espolvorear alimentos como carne, pescado, pollo o legumbres y hortalizas.
Evitar salazones y ahumados.
Evitar embutidos y carnes muy curadas.
Elegir alimentos frescos o congelados, evitando las conservas.
Consumir frutos secos tostados o crudos sin sal.
En alimentos preparados comprobar el contenido en sal, elegir siempre aquellos con reducción de la misma.
Cuidado con las margarinas, algunas con altos contenidos en sal.
Los cereales muesli y all-bran, con bajas cantidades de sal.
Emplear salsas con bajo contenido en sodio.
ABC – SALUD, Sábado 13 de febrero de 2010.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La bella...y la bestia

DANIEL MÉNDEZ
El dicho “comer con los ojos” tiene, como todo el refranero popular, su base científica. Cuando nos inclinamos por el alimento con mejor aspecto, respondemos a lo que en la jerga de la cata se conoce como “fase visual” – un primer instinto -, a la que siguen las fases olfativa y gustativa. Pero la importancia cada vez mayor de los aspectos externos (presentación, apariencia, uniformidad, madurez, frescura) responde también a un requerimiento del mercado. Un reciente informe de la FAO explica que la prioridad “visual” se ha incrementado al mismo tiempo que aumentaban los supermercados y las grandes superficies. En los sistemas de autoservicio, frente a las pequeñas tiendas con dependientes, el producto debe “autovenderse” y aquel que no es seleccionado represente una pérdida para el comerciante. De ahí que su aspecto sea determinante.
Sin embargo, puede que la manzana más imperfecta tenga mejores cualidades alimenticias que la versión “bonita” y que sepa mejor; y, desde luego, contiene muchos menos elementos contaminantes o potencialmente dañinos para el organismo, como restos de pesticida o abonos químicos: porque la versión menos “atractiva” es fruto (nunca mejor dicho) de la agricultura ecológica.
Ahora bien, ¿por qué tiene peor aspecto? El biólogo y nutricionista Javier Arocena matiza incluso la pregunta. “La fruta ecológica no es que tenga peor aspecto porque sí. Lo que ocurre es que la fruta no ecológica, al tener mucha más agua – lo cual acelera el enmohecimiento -, es tratada con productos químicos que hacen que dure más. Si no fuera por los conservantes, esa fruta se pudriría antes”. Pero no es sólo una cuestión de conservación; se trata también de lograr uniformidad dentro del lote de frutas y verduras, que la manera en vayan a ser presentados resulte irresistible a los ojos. Así, para conseguirlo, los tomates se tratan con etileno suplementario. La maduración de los frutos es iniciada por el etileno que ellos mismos producen, pero para acelerarla y controlarla se incrementa el etileno. Para lograr que además brillen, se emplean ceras para el recubrimiento en poscosecha. Estas ceras no sólo proporcionan brillo, sino un control de pérdida de peso, por lo que retrasan el envejecimiento de la fruta. Hay varias fórmulas, pero suelen combinar polietileno, carnauba y goma laca. Todos estos productos están autorizados dentro de las directivas de aditivos alimentarios, pero su sola enumeración ya resulta inquietante.
¿Tiene el fantástico aspecto de la fruta que nos venden en el supermercado alguna repercusión que pueda afectar a nuestra salud? La respuesta no es clara. No hay ninguna investigación que vincule directamente las frutas y verduras industriales con una enfermedad, pero la mayoría de los estudios realizados se inclina por las ventajas de los productos ecológicos: “Son más saludables”, explica María José Frutos, profesora de tecnología agroalimentaria de la Universidad Miguel Hernández de Elche, “porque tienen menos productos potencialmente tóxicos, en muchos casos ha habido un incremento nutricional (de vitamina C, por ejemplo) y poseen compuestos fenólicos, que son antioxidantes y aminoácidos esenciales”.
Hay, además, algunos datos que avalan las ventajas de una alimentación basada en productos bio. En un convento se proporcionó a algunas monjas, durante ocho semanas, una dieta ecológica, manteniendo la alimentación normas para las demás. Las primeras mostraron un mayor bienestar físico y una mayor resistencia a enfermedades. En otro estudio se alimentó a madres recientes con alimentos ecológicos durante cinco meses y registraron un marcado incremento de ácidos grasos insaturados (omega – 3s y ALC) en su leche materna.
Además de las ventajas para la salud, uno de los aspectos que más inciden en la decisión de compra es la huella medioambiental de los cultivos ecológicos. La agricultura ecológica contribuye a la biodiversidad y minimiza el impacto humano, y eso inclina a muchos a su consumo. Ahora bien, si todo son ventajas, ¿por qué el consumidor no se lanza en manada a por productos con la etiqueta bio? El mayor freno es el precio: un estudio elaborado en la Universidad del País Vasco muestra que estamos dispuestos a pagar hasta un 25 por ciento más; sin embargo, los autores sostienen que esa diferencia oscila entre el 45 y el 55 por ciento, lo que supone un freno a la hora de ofrecerse como alternativa a la agricultura convencional. Hay varios motivos que explican esta diferencia: se ha comprobado, por ejemplo, que durante los primeros meses del “transvase” de menos intensivos a procesos ecológicos, el terreno pierde entre un 10 y un 15 por ciento de su rendimiento. “No obstante con el tiempo, esta tendencia se invierte”, subraya Fernando Vilches, gerente de la Asociación Profesional de Productores y Elaboradores de Madrid (Apreco). El suelo necesita tiempo para recuperar su equilibrio, pero ésa no es, según Vilches, la razón principal. El elemento clave es el canal de distribución. Las grandes superficies tienden a mostrar una mayor diferencia de precio entre productos orgánicos y convencionales: un estudio en Córdoba mostró que en el caso de la cebolla llegaba a implicar una diferencia del 575 por ciento. Esta diferencia es muchísimo menor si acude directamente al productor. No sólo se ahorra gastos de intermediarios, sino que también evita pagar por los intereses creados para favorecer la producción industrial. Eso sí, no espere que las manzanas brillen.
Dejarse tentar por una manzana
La fruta de producción industrial se almacena largas temporadas para que esté disponible todo el año. En ese periodo, manzanas y peras sufren pérdida de peso y alteraciones fúngicas (hongos). Para evitarlo se utilizan químicos; los más usados, imazalil y tiabendazol.
Para que brillen, se rocían con ceras.
La fruta ecológica es de temporada. No tiene poscosecha y en la precosecha no se usan químicos. Las manzanas ecológicas tienen hasta un 50 por ciento más de metabolitos con efectos antioxidantes y antimicrobiales.
Presentan defectos de epidermis. Se considera grave se superan los dos centímetros.
Las peras que aguantan la respiración.
El proceso de conservación de la fruta en el frigorífico es determinante. Disminuyendo la proporción de oxígeno en el aire de la cámara, disminuye el ritmo de “respiración” de la fruta, y ello permite prolongar el tiempo. Un método es reducir el oxígeno a un uno por ciento, reemplazándolo con nitrógeno y manteniendo constante el CO2.
El deterioro de las peras ecológicas es tan natural como su maduración, pero en su cultivo, como alternativa a los fungicidas químicos, se usan aliados naturales: sales de cobre, preparados de azufre, productos a base de extractos de plantas, lecitinas de soja, bacterias, hongos y virus (aislados del medio natural) que atacan a los hongos patógenos.
No sólo de patatas vive el hombre
Desde hace años, han logrado que sean más baratas y atractivas. ¿Por qué? Se cultivan en terrenos arcillosos en vez de arenosos, lo que favorece que tengan un aspecto uniforme, aunque pierdan gran parte del sabor.
Además, se una nitrógeno para acelerar su crecimiento, lo que reduce el almidón. Por debajo del 10% sin insípidas.
La patata es un producto básico, pero en su producción se emplean muchos plaguicidas; por eso el prestigioso Environmental Working Group, tras 43.000 pruebas de detección de plaguicidas, lo considera uno de los siete productos a consumir en versión ecológica. Los otros: lácteos, carnes, tomates, café, manzanas y semillas.
PROYECTO MELONOMICS. En busca del melón perfecto
La normativa europea que regula la producción y elaboración de alimentos ecológicos veta el uso de semillas y otros componentes genéticamente modificados. No obstante, hay quien considera que esto podría llegar a cambiar. Desde la fundación Genoma España se promueven diversas investigaciones que analizan la información genética de productos como el tomate, la uva o el meón. Emilia Gómez, directora de proyectos de la institución, explica sus objetivos: “Tratamos de conocer los genes relacionados con los caracteres que nos interesen, como el sabor o la resistencia a niveles microbianos. Nuestras investigaciones, aunque no están directamente orientadas al cultivo ecológica, comparten con ellos muchos elementos, como puede ser la búsqueda de especies abandonadas”. Almudena Lázaro, investigadora del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural Agrario y Alimentario (Imidra), que participa en el proyecto Melonomics, auspiciado por la fundación Genoma, incide en este sentido. “Nosotros trabajamos con variedades del melón que se utilizaban en España cuando la agricultura era ecológica sin saberlo, antes de la industrialización que trajo la llamada “revolución verde”. Y explica que en los bancos de semillas que utilizan se conservan muchas especies, recogidas de pueblo en pueblo, a las que a menudo recurren los productores ecológicos.

PARA SABER MÁS.
www.ec.europa.eu/agriculture/organic/home_es. Página de la UE sobre agricultora ecológica.
www.vivelaagriculturaecologoca.com Web del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.


XL SEMANAL – ABC – Del 7 al 13 de febrero de 2010