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martes, 5 de julio de 2011

Sanidad aconseja a embarazadas y niños no comer atún rojo, pez espada, acelgas ni espinacas

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda a embarazadas y niños de hasta siete años no consumir pez espada o atún rojo. En una nota emitida hace unos días por esta agencia se considera que estas especies están contaminadas por mercurio. También hace recomendaciones sobre el consumo de crustáceos y hortalizas.

100gr. a la semana superaría la ingesta tolerable de mercurio en una embarazada

Según la AESAN, dependiente del Ministerio de Sanidad, 100 gramos de pez espada a la semana superaría la ingesta tolerable de mercurio en una embarazada. Los niños de entre 7 y 12 años no deberían comer más de una ración de 50 gramos.El problema del pez espada o del atún rojo es que por su larga vida se convierten en bioacumuladores de metales pesados. El mercurio industrial ha acabado en las cadenas tróficas de los mares sin degradarse.
Nitratos en acelgas y espinacas
Hay también una advertencia respecto a algunas verduras. Por la presencia de nitratos, la AESAN desaconseja el uso de hortalizas de hoja, como espinacas, apio, acelgas o lechuga, para purés de bebés durante el primer año de vida.

Se desaconseja comer más de una ración de este tipo de hortalizas al día hasta que cumplan tres años. Los niños de 1 a 3 años se consideran la población más expuesta a nitratos.
Chupar cabezas de crustáceos: ojo al cadmio
Hay una tercera recomendación, referida a los crustáceos y atañe a la costumbre de saborear también la cabeza de gambas, langostinos, cigalas y bogavantes, o los jugos de centollos, cangrejo o buey.

El cadmio puede llegar a dañar los riñones o el hígado

En este caso el problema es el cadmio. La AESAN recomienda limitar el consumo de carne oscura de los crustáceos, localizada en la cabeza, para reducir la exposición a cadmio (metal presente en las pilas eléctricas y en vertidos industriales). El cadmio, en dosis elevadas, puede dañar riñones e hígado, donde tiende a acumularse entre diez y 30 años. También causa desmineralización de huesos y se considera un importante agente cancerígeno.



20 MINUTOS, Viernes 1 de julio de 2011

La lista (negra) de la compra

Isaac Rosa


Es verdad que los niveles de metales son una preocupación constante de las autoridades, pero el pescado azul es tremendamente saludable.” -Leire Pajín, ministra de Sanidad-

La lista de la compra cada vez tiene más tachaduras: las últimas, el atún, el pez espada, las gambas, y las acelgas y espinacas para bebés. Sí, es verdad que después de soltar la advertencia, las autoridades –presionadas por los sectores afectados- nos tranquilizan y nos animan a seguir consumiendo sin miedo. Pero coincidirán conmigo en que no da mucha confianza un alimento que las embarazadas y los niños deben evitar, o que el resto de la población puede comer pero sin pasarse.
Como lo del mercurio en los atunes se sabe desde hace tiempo, cabe pensar que seguiremos comiéndolos como si nada, pues en la alimentación nos domina desde hace tiempo una forma de resignación: nos hemos convencido de que, en mayor o menor medida, todo lo que comemos es dudoso, pero lo asumimos como un precio por vivir en una sociedad avanzada.
La primera parte del razonamiento es bastante cierta: todo lo que comemos es dudoso, pocos productos de la industria alimentaria resisten hoy un examen a fondo. Apliquen el análisis de los atunes a las hortalizas llenas de pesticidas, los cerdos y terneras criados en condiciones insalubres e hinchados a antibióticos, o los pollos y huevos que ya sabemos que tienen toxinas. En todos los casos cabría hacer recomendaciones de consumo moderado y grupos de riesgo, y se acumulan evidencias sobre su relación con la proliferación de cánceres, todo tipo de enfermedades y alergias.
Pero la segunda parte del razonamiento fatalista no tiene por qué ser cierta: no podemos aceptar que la contaminación alimentaria es inevitable. Al contrario, hay que denunciarla y exigir otras formas de producción. Es cierto que es inseparable a un modelo de desarrollo económico que llena el mar de mercurio –la pregunta que deberíamos hacer tras saber lo del atún es ¿de dónde ha salido todo ese mercurio?-, y que busca el máximo beneficio fabricando comida. Pero antes que un motivo de resignación, debería ser una razón más –y no menor precisamente- para cambiar un sistema que perjudica seriamente a la salud. La nuestra y la del planeta.



PÚBLICO, Lunes 4 de julio de 2011

Grandes diferencias de calidad en la leche entera

Ángel Díaz/Madrid
La calidad general de la leche entera que se consume en España ha empeorado durante la última década, aunque existen grandes diferencias entre unas marcas y otras, sin llegar a representar en ningún caso un problema para la salud. Estas son las principales conclusiones que se desprenden del informe que acaba de elaborar la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
Tras analizar 47 marcas de leche entera, la OCU ha identificado "abismales" diferencias de calidad, mayores a las que pueden encontrarse en otros alimentos, según este organismo. Además, el estudio ha revelado un "descenso de la calidad en las cualidades nutricionales y composición de la leche", lo que podría deberse a que "las exigencias de la ley se han rebajado".
Algunos de los problemas que señala la OCU se refieren a la presencia de proteínas degradadas debido a un excesivo tratamiento térmico de la leche, así como fosfatos y otros estabilizantes no declarados en el etiquetado. Ninguna de estas circunstancias representa un peligro para la salud pública, aunque afectan a la calidad de la leche.
La leche ha de someterse a un proceso térmico para ser desinfectada, pero, según el citado informe, a veces el tratamiento es inadecuado, ya que degrada la calidad del producto sin aumentar la seguridad. "Una de las consecuencias directas puede ser la alteración del propio sabor de la leche y la disminución de la calidad nutricional de la proteína", explica la portavoz de la OCU, Ileana Izverniceanu, quien añade que, en cualquier caso, este problema "no entraña ningún riesgo para la salud".
Producto envejecido
"Hemos encontrado 12 marcas con niveles de glicomacropéptidos elevados, que indican que la leche está envejecida", señala la portavoz del organismo. Además, se ha detectado la presencia de estabilizantes en 15 muestras. "Habitualmente se emplean fosfatos sódicos que pueden desbalancear el equilibrio calcio/fósforo y alterar la absorción del calcio", explica Izverniceanu.
"El fósforo compite con la absorción del calcio", aclara Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. "Puede aumentar el riesgo de osteoporosis, pero el problema no está en la leche, sino en los saborizantes que se le añadan", añade.
"Hace 10 años, cuando hicimos nuestro anterior análisis de leche, estaba en vigor una normativa nacional, más rigurosa que la normativa europea" actualmente en vigor, señalan desde la OCU. "En nuestro actual estudio, 13 muestras no cumplirían con la normativa anterior", añade la portavoz.
La leche y sus derivados son una parte fundamental en la nueva campaña de concienciación sobre nutrición que ha presentado el Gobierno de EEUU, en sustitución de la clásica pirámide alimentaria. Sin embargo, los expertos recuerdan que en España la leche no es un elemento imprescendicible para seguir una dieta adecuada, y menos aún la leche entera. Alimentos como el pescado o las verduras pueden aportar también proteínas y evitan las grasas saturadas.
"En el mundo anglosajón los lácteos son muy importantes, pero nosotros preferimos la dieta mediterránea, de la cual la leche no es un elemento esencial", señala el doctor Ramón Estruch, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona. Este experto recuerda que la leche entera puede ser una preocupación como "fuente de grasas saturadas", las cuales pueden provocar enfermedad cardiovascular. "Por ello, recomendamos que, si se toma leche, sea desnatada", añade.
El doctor Aranceta coincide en que, a partir de los 14 a 16 años, la mejor opción es la leche desnatada. "El objetivo ha de ser reducir las grasas de todas las fuentes posibles". Hasta que se alcanza esa edad, "la mejor opción puede ser la semidesnatada, que tiene la mitad de contenido graso".


EL MUNDO, Martes 21 de junio de 2011

viernes, 17 de junio de 2011

Cómo conservar los alimentos

Cristina G.Lucio / Madrid

Llega de la compra, cargado con varias bolsas de productos, y se dispone a colocar cada cosa en su lugar. ¿Cómo lo hace? ¿Guarda antes los congelados? ¿Reserva la primera bandeja del frigorífico para la carne? ¿Dónde pone las verduras?
Almacenar adecuadamente los alimentos es fundamental para prolongar su vida útil y evitar infecciones alimentarias, recuerdan los expertos. Gestionar mejor la despensa supone comer de forma más segura y tirar menos comida, subrayan. Pero, si es de los que organiza las alacenas sin orden ni concierto, no desespere: para que la salud y el bolsillo no se resientan en la cocina sólo hay que seguir una serie de pautas.
Lo primero es comprar con cabeza, asegura Alfonso Carrascosa, científico del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación CIAL-CSIC y experto en Microbiología de los alimentos. "No hay que adquirir demasiados productos y es fundamental fijarse en su fecha de caducidad o de consumo preferente. Así se evitan problemas y que muchas cosas acaben en la basura sin abrir", apunta.
Una vez en casa, es importante intentar mantener la cadena de frío de los productos congelados y meter enseguida en el frigorífico los alimentos frescos para impedir la multiplicación de los microorganismos que pueblan su superficie.
A la hora de colocar estos productos en la nevera no hay una norma fija, aunque la mayoría de los especialistas recomienda almacenar los productos más perecederos, como la carne y el pescado, en las primeras baldas del frigorífico, que, generalmente, guardan una menor temperatura.
Lo que sí debe considerarse una regla básica, recuerdan los expertos, es la separación de alimentos para evitar contaminaciones mutuas. "Por ejemplo, no deben guardarse las cebollas o las patatas junto a los tomates", comenta Carrascosa.
Por haber estado en contacto con la tierra, los primeros son portadores de unos microorganismos particulares, que se multiplican con especial facilidad si colonizan otros productos más perecederos, como la carne o los tomates. "Al guardarlos cerca lo que conseguiremos es que los tomates se echen a perder mucho antes", subraya el especialista del CSIC.
Según explica, lo mejor es que productos como las cebollas y las patatas se guarden al margen de otros vegetales y a temperatura ambiente en un lugar protegido de la luz, para preservar sus características el mayor tiempo posible.
Con los productos envasados que no necesitan refrigeración no hay que seguri una pauta específica de almacenamiento, aunque los especialistas recomiendan colocar a la vista los que van a caducar antes, precisamente para que no caigan en el olvido.
Ojo con la carne
Algunos productos frescos merecen especial consideración por sus características. Es el caso de la carne picada, un caldo de cultivo perfecto para las bacterias. "Contiene todos los nutrientes que necesitan los microorganismos para multiplicarse y tiene unos valores de ph y de actividad de agua óptimos para el desarrollo microbiano", apunta Francisco Javier Carballo, presidente del Grupo de Microbiología de los Alimentos de la Sociedad Española de Microbiología.
Además, continúa, "el proceso de picado disemina por toda la masa los microorganismos contaminantes que inicialmente sólo estaban en la superficie de la masa cárnica" por lo que, aunque se tomen todas las precauciones para su almacenamiento refrigerado, no debe guardarse durante mucho tiempo.
"Cuanto antes se consuma, mucho mejor", coincide Carrascosa, que remarca que este tipo de carne debe tomarse muy hecha para evitar riesgos.
Este especialista también recuerda que debe tenerse especial cuidado a la hora de trocear piezas de pollo o similares para su almacenamiento.
La carne de este animal puede estar contaminada con bacterias de la familia 'campylobacter', que se mueren con la cocción, pero que en el proceso de troceado pueden pasar a la tabla o a la encimera de la cocina y, si no se toman las debidas precauciones, también a la verdura que se tomará en crudo.
"Nunca debe limpiarse o trocearse un pollo y, acto seguido, sin realizar ningún tipo de limpieza y con los mismos utensilios, preparar una ensalada", asegura.
¿Qué hacer con las sobras?
Una duda habitual es cómo guardar esas raciones de más que se han preparado y nadie se ha comido. Tal y como explica Carballo, si se trata de un alimento líquido, como sopas o purés, lo ideal es llevarlo a ebullición antes de guardarlo para eliminar cualquier microorganismo que pueda contener.
En cualquier caso, siempre deben conservarse en un recipiente limpio –nunca en el mismo en que se preparó- que se pueda tapar para que la comida permanezca lo más aislada posible de posibles fuentes de contaminación.
Y, si lo que ha sobrado es parte del contenido de un envase, apunta Carrascosa, lo más recomendable es re-empaquetar esa comida. "Esto es importante, por ejemplo, con el embutido. En vez de dejarlo en el envase abierto, lo mejor es envolver las lonchas sobrantes en papel de plástico o aluminio bien apretado", comenta.
Del mismo modo, tampoco es aconsejable guardar los restos de latas ya abiertas en ese mismo envase ya que éstas se oxidan con facilidad. Lo ideal sería pasar las conservas sobrantes o la salsa de tomate a un envase de cristal o plástico hermético.
Según remarca Carballo, en el proceso de almacenaje es muy importante que los productos no se contaminen con otras bacterias que pueden estar presentes en superficies o utensilios sucios, lugares frecuentados por mascotas o envases con restos de comida.
"Se ha de ser especialmente cuidadoso con las carnes, pescados y vegetales, que no han sufrido ningún tratamiento de conservación ni saneamiento y se encuentran sin envasar", subraya este especialista, que recuerda que la manipulación de alimentos debe hacerse "con las manos limpias" y teniendo en cuenta las medidas de higiene básicas.
Para manipular los alimentos, concluye Carballo, lo fundamental es tener sentido común. Y en caso de duda, cuando el color, el olor o el aspecto de un alimento no den 'buena espina', lo más sensato es optar por no tomarlo.



EL MUNDO, VIERNES 17 de junio de 2011

Imagen: El Mundo

viernes, 27 de mayo de 2011

Cómo reconocer una dieta 'milagro'

Laura Tardon / Madrid

Blanca, redonda, enigmática, hechicera y hay quien también le atribuye otra virtud a la luna: adelgazante. Ahora que se acerca el verano proliferan las dietas que prometen una pérdida de peso exprés. La denominada 'dieta de la luna' es una de ellas. Asegura tener las claves para reducir hasta tres kilos en un solo día. Pero cuidado, antes de aventurarse, cerciórese de que no se trata de una de los tantos regímenes engañosos que circulan sin tener una base científica.
En concreto, la supuesta 'dieta de la luna' se basa en la fuerza de atracción que ejerce este satélite sobre los líquidos. Según proponen los inventores de este método, basta con no ingerir ningún alimento, excepto líquidos, durante uno o tres días enteros. Eso sí, coincidiendo con el cambio de fase lunar.
Otros regímenes se centran en las propiedades de la piña, del pomelo, del yogur... Hay un sinfín de métodos, anunciados en televisión, internet y revistas de moda, que aseguran buenos resultados en pocos días. Algunos afirman, incluso, que todo lo que se ingiera antes de las 08.00 de la mañana no engorda. No es cierto, no existe base científica al respecto. Lo que sí se sabe, advierten expertos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutricion (AESAN) en su página web, es que estas dietas "constituyen un riesgo inaceptable para la salud. Producen efectos psicológicos negativos, favorecen el efecto rebote, desencadenan incluso trastornos del comportamiento alimenticio (anorexia y bulimia) y provocan deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales". Es lo que ocurre, por ejemplo, con una dieta fundamentada en los potitos infantiles. "Al estar preparados para los bebés no cubren las necesidades alimenticias del adulto", señala Victoria Aguilar, catedrática en Nutrición en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).
La mayoría de las dietas 'milagro' son hiperproteicas, como la famosa de Dukan, a la que parece que muchos famosos se están apuntando. "Las proteínas tienen un efecto saciante. Se consigue perder peso, pero fundamentalmente agua, no grasa", relata la especialista. A corto plazo, añade, "pueden aumentar los niveles de colesterol y, con el tiempo, pueden producir lesiones en el hígado y en el riñón".
Reconocer el engaño
¿Cómo identificar las dietas engañosas para no poner en riesgo nuesta salud?
Según la AESAN, hay tres elementos clave para reconocerlas. Aquellas que "prometen pérdida de peso rápida: más de cinco kilos por mes; aseguran que se puede llevar sin esfuerzo y anuncian que son completamente seguras y sin riesgos para la salud". Pero hay más indicios.
Según la doctora Aguilar, hay que sospechar cuando en el plan escogido hay alimentos prohibidos. "Una dieta saludable no tiene restricciones de ningún alimento permitido por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. Se puede comer de todo, pero en menores cantidades. El secreto está en la preparación, mejor al horno, a la parrilla y al vapor. Hay que olvidarse de las frituras". Lo ideal, agrega, es que "la dieta se componga en un 50%-60% de hidratos de carbono (cereales, tubérculos, verduras), un 30% de grasa (aceite de oliva) y un 10%-15% proteínas (huevos, leche, verdura, fruta, etc.)".
Además, si la persona siente mucha ansiedad o nerviosismo, probablemente se deba a que no ha escogido una dieta equilibrada y saludable. "Esto suele ocurrir con los regímenes muy restrictivos, como el de la piña y el pomelo", doctora. Ante la duda, para comprobar si su dieta es segura o no, la AESAN dispone de un test que facilita la respuesta. Si nota pérdida de volumen y fuerza muscular, si está cansado, irritable, tiene mareos, le cuesta conciliar el sueño, observa caída de cabello, fragilidad en las uñas, etc. es muy probable que la dieta sea incorrecta, por una excesiva restricción de calorías.
Por lo tanto, para reducir peso es importante que los interesados sepan que no pueden perderse kilos en un tiempo récord sin riesgos para la salud. Este tratamiento debe realizarse bajo control médico. Precisamente, "las dietas prescritas por personas ajenas al campo de la nutrición se caracterizan por las escasas calorías que aportan (entre 400 y 750 al día)", asevera la doctora Vázquez.



EL MUNDO, Viernes 27 de mayo de 2011

Imagen: El Mundo

¿Están caducadas las fechas de caducidad?

Cristina G. Lucio / Madrid


Tiene hambre y la despensa esta prácticamente vacía. Tan sólo queda un paquete de galletas en un estante, pero trae malas noticias impresas en su envoltorio: la fecha de consumo preferente expiró tres días atrás. ¿Qué hace? ¿Se las come? ¿Las tira por temor a una intoxicación?
Las autoridades británicas se están planteando acabar con este tipo de dudas alimentarias de un plumazo. Su intención es eliminar las distintas etiquetas que se utilizan hoy en día para indicar la vida útil de un producto y apostar por una única información que haga referencia al momento en que su consumo puede ser peligroso para la salud. La iniciativa, que de momento sólo pretende guiar a productores e intermediarios, tiene como objetivo evitar que se sigan tirando diariamente toneladas de comida en buen estado.
"Estoy consternada por la cantidad de alimentos que van a la basura cada día. Si las fechas de la etiqueta son parte del problema, entonces tendremos que hacer algo para solucionarlo", ha señalado Caroline Spelman, secretaria de Medio Ambiente de Reino Unido.
Aunque en menor medida que en el país británico, en España también existen distintas denominaciones para establecer el periodo en el que un producto puede consumirse con total seguridad. En general, se utiliza la 'fecha de caducidad' con los productos muy perecederos, como los preparados cárnicos, en los que la presencia de microorganismos puede resultar muy peligrosa tan sólo unos días después de su preparación.
En cambio, en los alimentos en los que el paso del tiempo es menos nocivo –como el caso de las galletas o los cereales– suele utilizarse la indicación 'consumir preferentemente'. "Esta etiqueta se refiere más al hecho de que, tras la fecha indicada, las propiedades nutricionales y organolépticas de ese alimento no son las mismas. Puede perder sabor, textura, color... pero no hay un peligro inminente de seguridad alimentaria siempre que se cumplan las condiciones de conservación", explica Emilio Martínez de Victoria, director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada.


Plazos
En principio, son los fabricantes quienes establecen los plazos de caducidad, siguiendo unas indicaciones generales que marca la ley.
Según un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) hace unos años, la vida máxima que generalmente se establece, por ejemplo, para un yogur –desde su elaboración y siempre que se conserve debidamente en el frigorífico– ronda los 28 días. La pasta fresca puede sobrevivir tres semanas si está adecuadamente refrigerada, mientras que, en el caso de las galletas, su viabilidad suele ser mayor a los seis meses.
Si la vida del producto es menor a tres meses, debe aparecer el día, mes y año en que dejará de ser apto. Si el periodo está comprendido entre los tres y los 18 meses, basta con indicar el mes y el año y, finalmente, si se superan los 18 meses, simplemente hay que hacer referencia al año a partir del cual su consumo no se recomienda.
Algunos productos, como las bebidas alcohólicas de más de 10 grados o el vinagre, están exentos de la obligación de indicar su fecha de caducidad ya que, en general, se considera que consumirlos mucho tiempo después de su elaboración no entraña riesgos para el organismo humano.
Para Ileana Izverniceanu, portavoz de la OCU, la coexistencia de las dos indicaciones de tiempo de utilización de los alimentos no tiene por qué suponer un problema. "Lo que hay que conseguir es que la gente aprenda a interpretarlas, que sepa que comer una magdalena pasada de fecha dos días no le provocará una intoxicación", señala.
En su opinión, sí sería necesario establecer claramente, y por normativa legal, qué productos deben utilizar la fecha de caducidad y cuáles el consumo preferente ya que, en algunos casos, esto queda a elección del fabricante. "El próximo reglamento de información al consumidor, que se está debatiendo en Europa, debería regularlo", concluye.



EL MUNDO, Viernes 27 de mayo de 2011

Imagen: El Mundo

jueves, 26 de mayo de 2011

Mucho ojo a la etiqueta

ARANCHA SERRANO
Comprar en el súper es un gesto automático en muchos casos, pero cada día son más los que se detienen a leer las etiquetas, y descubren, asombrados, que sus pretendidos espárragos navarros son en realidad de China o de Perú. "Creemos que el consumidor está cada vez más preocupado por lo que come", asegura Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), "otra cosa es que entienda la etiqueta o que esta sea rigurosa. Hay sobreinformación y eso enmascara muchas deficiencias".

El etiquetado no es un tema de reclamación o consulta habitual, admite la OCU, pero uno de los más frecuentes es el de la procedencia o naturaleza de los productos. Mejillones o espárragos suelen esconder en letra pequeña su verdadero origen, propiciando el engaño con el nombre de la marca (El hórreo, por ejemplo) o el lugar donde han sido envasados.
Otras quejas hacen referencia a la confusión entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente. En el primer caso, si el alimento se consume con posterioridad puede suponer un riesgo para la salud. En productos no perecederos (aceite, arroz...), se usa la fecha de consumo preferente: no hay riesgo para la salud si se consumen tras la fecha, pero se pierde su calidad óptima (pueden ponerse rancios o perder color).
El matiz 'light'
Tampoco es lo mismo un producto light que uno bajo en calorías. Según la Comisión Europea, un producto light ha reducido grasas o azúcares -o ambos- un mínimo del 30% (ojo: recuerde que a veces solo reducen grasas y mantienen los azúcares, o viceversa). Para que sea bajo en calorías debe tener un aporte calórico inferior a 40 kcal por 100 g si es sólido, o 20 kcal por 100 ml si es líquido.
El helado, la nata o las patatas fritas light no pueden ser bajas en calorías si su aporte calórico es superior al indicado. Se ha comprobado que, además de ser más caros, algunos productos lights y bajos en calorías tienen más grasas, azúcares y calorías que otros que se anuncian como tales. Así, es fácil comprobar que las tradicionales galletas María son mucho menos calóricas que muchas galletas dietéticas.
En cuanto a zumos, todos los envases se parecen, pero las diferencias son notables: su porcentaje de fruta puede variar desde el 10% de los refrescos hasta el 55% de los néctares o el 100% de los zumos. Hay zumos a base de concentrado (más industriales) y exprimidos (más naturales). Y en los exprimidos, hay quien tritura toda la naranja, incluyendo la piel, y quien añade la pulpa pasteurizada.
Soja, bífidus y otras modas
Hace unos años, la denominación 'Bio' desapareció de muchos productos por una legislación europea que ponía fin al abuso del término, limitando su uso a los que provienen de la agricultura ecológica.
Ahora la soja enriquece multitud de alimentos pero ¿son reales sus anunciados beneficios? "La soja es un alimento con unas cualidades nutricionales muy buenas, el problema es cuánta soja hay que comer para que realmente se note el supuesto efecto beneficioso», explica Enrique García, de la OCU. Lo mismo puede decirse del calcio y las vitaminas añadidas, cuya asimilación por el organismo es mínima. «La cantidad de vitaminas, calcio, soja... que llevan muchos productos es tan pequeña que habría que tomar grandes cantidades para que se notaran sus efectos. Antes que tomar alimentos enriquecidos con soja, a lo mejor conviene tomar la propia soja. Desde luego al bolsillo le conviene», puntualiza el portavoz.
Por otro lado, distintas asociaciones médicas sostienen que el abuso de productos prebióticos, con fibra y fermentados con bífidus y otras bacterias altera el normal funcionamiento del aparato digestivo y recomiendan su consumo en situaciones puntuales. Silvana Iezzi, nutricionista de Vitalista opina que solo serían perjudiciales si se consumieran de forma excesiva: "Estos alimentos, llamados funcionales porque han sido creados para cumplir una función, son saludables y no hay problema por tomarlos con frecuencia. Complementan an alimentacion equilibrada, pero no se puede basar la alimentación en ellos". Y hace una advertencia: las beneficiosas bacterias de esta clase de productos sólo mantienen sus propiedades si se conservan en frío. Al sacarlos de la nevera, y pasadas una o dos hora, mueren.
Atención a los aditivos
Para la OCU, cuantos menos aditivos tenga un alimento, mejor: recomiendan evitar colorantes, estabilizantes, potenciadores del sabor (glutamato monosódico) y edulcorantes como el aspartamo (E 951). Los expertos mantienen posturas enfrentadas sobre sus posibles efectos negativos. "A día de hoy no está probado científicamente que su consumo favorezca la aparición de enfermedades -dice Silvana-, pero aún están por conocerse sus efectos a largo plazo".


Lo que no hay que perder de vista
Hay que comprobar los ingredientes para saber si el alimento lleva alérgenos o si incluye todo lo que anuncia (una paella con marisco que nadie encuentra, platos sin sal que sí la llevan...). Se recomienda evitar el aceite de palma, de coco o de otro vegetal sin especificar, así como la grasa vegetal parcialmente hidrogenada.
La información nutricional es de gran ayuda para elegir entre un producto y otro: hay que asegurarse de que las raciones estén unificadas (100 g o ml). Se recomiendan los productos con menos sodio y grasas saturadas. Es importante que se vigile este datos en productos como el pan de molde, donde la presencia de estos elementos es especialmente elevada. Muchos nutricionistas apuestan, en este sentido, por elegir una barra de pan antes que el pan de molde, y dentro de los panes de molde, los integrales y los de harina de centeno, más saludables ya que evitan la harina refinada de harina.



20 MINUTOS, Miércoles 25 de mayo de 2011

martes, 8 de febrero de 2011

Comer mal, pensar más lento

Ángel Díaz / Madrid
Una mala dieta durante los primeros años de vida, con demasiadas grasas y azúcares, podría estar vinculada, según ha mostrado un nuevo estudio estadístico, con un descenso en el rendimiento intelectual del niño cuando se encuentre en edad escolar. Por el contrario, quienes se alimentan en su más tierna infancia de abundantes vitaminas y nutrientes obtienen, como media, mejores resultados en los tests de inteligencia que realizan durante la educación Primaria, siempre según la citada investigación.
El estudio, dirigido desde la Universidad de Leeds (Reino Unido) y publicado en 'Journal of Epidemiology and Community Health', ha mostrado una leve asociación entre la mejor alimentación recibida a los tres años y la puntuación obtenida en las pruebas de destreza. Esta relación, según admiten los propios autores, ofrece una evidencia aún "modesta" sobre los efectos de la nutrición en la inteligencia.
Sin embargo, los resultados son coherentes con anteriores investigaciones, que ya sugerían un peor rendimiento escolar a causa de la mala dieta, así como con otros estudios que han mostrado -por el momento en ratas de laboratorio- que el aumento de grasas puede causar desórdenes neuronales. Los autores atribuyen este efecto a que hasta los tres años el cerebro se está formando a gran rapidez, por lo que cualquier cambio en las condiciones alimentarias amplifica sus efectos a esa edad.
El presente estudio ha utilizado datos de unos niños obtenidos durante los años 90 en el Reino Unido, y que ya habían sido usados para diversas investigaciones. Los padres rellenaron formularios con las bebidas, comidas y cantidades de cada producto que les daban a sus hijos, desde los tres años hasta los ocho y medio, que es la edad a las que se les somete a las 'pruebas de inteligencia Weschler', que tienen en cuenta tanto destrezas verbales como manuales.
Partiendo de estos datos, se distinguieron tres clases de dietas: 'procesada', alta en grasas y azúcares; 'tradicional', rica en carnes y vegetales; y 'preocupada por la salud', dominada por ensaladas, pasta y arroz. A partir de esta clasificación, se pudo comprobar una asociación entre la comida 'procesada' y bajas puntuaciones en el 'test Weschler', al mismo tiempo que la dieta 'preocupada por la salud' se relacionaba con mejores resultados en las pruebas.
Clase social y educación
Cabe destacar, sin embargo, que la estadística dejaba de ser significativa cuando se tenían en cuenta el resto de factores sociales y ambientales que pueden influir negativamente en la inteligencia, tales como la clase social, la educación de los progenitores, la edad de la madre y otros. Del mismo modo, no se pudo relacionar la dieta entre los cuatro y los siete años con la puntuación recibida a los ocho.
Con todo, los autores concluyen que "en la población de niños británicos contemporáneos, una dieta pobre, asociada con una gran ingesta de comidas procesadas, grasas y azúcar en la infancia temprana podría estar asociada con un menor cociente intelectual a la edad de 8,5 años".
"No existen evidencias al respecto", comenta sobre estos resultados el doctor Jesús Argente, catedrático de Pediatría en la Universidad Autónoma de Madrid. "Yo cogería las conclusiones con pinzas hasta que no hubiera resultados más concluyentes", añade.
En todo caso, este experto recuerda que "la mala nutrición desde la infancia no sólo genera obesidad", de manera que "parece presumible que provoque algún tipo de deterioro en la inteligencia". "Pero el tema es lo bastante serio como para no decir que está comprobado hasta que no lo esté realmente", resume.
Argente, que es también director del Laboratorio de Investigación del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y miembro de la red Ciber de Nutrición, formó parte de un grupo internacional que publicó el pasado mes de agosto, en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), un experimento con ratas que también relacionaba la mala alimentación con un deterioro cerebral.
"Las ratas que se habían sometido desde época neonatal a dietas altas en grasa presentaban claramente una alteración neuronal", explica el pediatra.


EL MUNDO, Martes 8 de febrero de 2011
Imagen: El Mundo

sábado, 18 de diciembre de 2010

Este pez tiene mercurio (y usted)

MÓNICA G. SALOMONE

"De todos los animales, el que tiene ahora más contaminantes en el cuerpo eres tú", dice Nicolás Olea, de la Universidad de Granada, uno de los pioneros en España en investigar presencia de contaminantes en el organismo. La afirmación suena efectista, pero el mensaje está claro: durante nuestra larga vida los humanos acumulamos compuestos químicos persistentes que aderezan nuestra dieta, contaminantes que nuestra propia actividad industrial ha generado. Y ahí se quedan, en un organismo que no los sabe eliminar. Es más, han entrado en la especie humana para quedarse. Las madres los transmiten a través de la placenta y de la leche materna, así que los bebés los incorporan de serie. ¿Qué efecto tienen? Hay cada vez más evidencias de que muchos inciden desde en el desarrollo cognitivo hasta en la fertilidad, incluso a dosis bajas.

Hace ya tiempo que se conoce la toxicidad de muchos de estos compuestos, y por ejemplo en el caso de las dioxinas, los bifeniles policlorados (PCB) o los metales pesados, su uso industrial o su liberación al medio se han regulado. Pero no por ello han desaparecido del entorno. Están en la cadena alimentaria, atrincherados sobre todo en los tejidos grasos; cuanto más viejos sean los animales que comemos, y más grasos, más contaminados. Los peces predadores, como el tiburón o el emperador, pueden llevar más de diez años almacenando metilmercurio, la forma más tóxica del mercurio, antes de llegar al plato.

Además hay compuestos más modernos y de uso muy común en la vida cotidiana, como los ftalatos -usados en plásticos blandos, por ejemplo para juguetes infantiles-, los compuestos bromados -en tejidos y ordenadores, para evitar incendios- o el bisfenol A, cuyos efectos sobre la salud preocupan.

Organizaciones ecologistas y expertos llevan tiempo dando la voz de alarma, con algunos resultados. La Comisión Europea anunció hace una semana que a partir de 2011 se prohíbe el bisfenol A en biberones, decisión que Estados Unidos tomó ya hace un año. John Dalli, comisario europeo de salud, declaraba que "nuevos estudios demostraban que el bisfenol A podría afectar al desarrollo, la respuesta inmune y la generación de tumores". En contacto con líquidos calientes este compuesto se separa del plástico, en especial si los biberones no son nuevos. Para Olea la prohibición "es una fantástica noticia, pero ¿por qué han tardado tanto? Sabemos cómo actúa este compuesto desde 1936".

¿Cuántos contaminantes exactamente nos comemos? José Luis Domingo, del Laboratorio de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universidad Rovira i Virgili, y Joan María Llobet, de la Universidad de Barcelona, llevan desde el año 2000 analizando los alimentos de la cesta de la compra promedio en Cataluña. Su tercer informe está casi a punto. Toman las muestras escogiendo como lo haría un consumidor medio, y miden ocho contaminantes más metales pesados. Luego cruzan los datos con los de consumo de los catalanes y obtienen la ingesta de un consumidor medio.

Hay algunas buenas noticias: "Se nota el descenso de algunos contaminantes en el ambiente, como el plomo, que ya no se usa en las gasolinas, o las dioxinas y los PCB", señala Domingo. Llobet recuerda que "lo que emitimos al ambiente vuelve a nosotros; si el ambiente está más limpio, los alimentos también".

El punto negro está sobre todo en el pescado y el marisco, alimentos en que las concentraciones no bajan. De hecho, si bien la ingesta media de todos los compuestos está por debajo de los niveles de seguridad establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estudio de 2007, que publica la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA), revela que los niños y niñas superan por poco este nivel, y las mujeres prácticamente lo alcanzan. Se remite en el texto a las recomendaciones de la UE: los niños pequeños, las mujeres embarazadas o que deseen concebir y las que estén amamantando no deberían comer más de 100 gramos semanales de pez espada o tiburón, dosis que excluyen más pescado esa semana. El atún, no más de dos veces por semana. Europa no es la única en emitir estas recomendaciones; Estados Unidos y Canadá dan consejos similares desde hace años.

Los datos de los estudios de la ACSA casan bien con que la mayor parte de las alertas emitidas por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria en 2009 fueron por niveles altos de mercurio en el pescado. Tiene su lógica. Una vez en el medio, el mercurio no desaparece. Y a las fuentes naturales de mercurio, como las erupciones volcánicas, hay que añadir la actividad del hombre, que lleva 3.500 años usando este metal. Se estima que seguimos liberando al medio cada año 50.000 toneladas de mercurio.

"Nunca nos quitaremos el mercurio de la cadena trófica", dice Bernardo Herradón, químico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Se ha usado mucho, y aunque ahora está muy restringido sigue estando en algunos tipos de pilas y en tubos fluorescentes, por ejemplo". El mercurio está en el suelo y también pasa a la atmósfera; la lluvia lo lleva a los ríos y de ahí al mar, donde los microorganismos lo convierten en metilmercurio, que es la forma que nos comemos con el pescado. Los microorganismos están en la base de la cadena alimentaria marina, y los grandes peces predadores, y nosotros mismos, estamos en la cúspide.

Pero, además de la dieta, los investigadores están descubriendo -"sorprendidos", dice Olea-, otra fuente de contaminantes químicos para el organismo: la cosmética. "El efecto de los componentes de cremas y champús es ahora un área de investigación en auge. Tenemos cada vez más evidencias de que compuestos de uso muy común en cosmética, como los parabenes, interfieren con la acción de las hormonas. Se absorben fácilmente por la piel pero su eliminación es muy difícil", explica Olea.

También los filtros UV, usados en cremas antisolares y recomendados por los dermatólogos para prevenir el cáncer de piel, empiezan a ser sospechosos. De confirmarse su acción tóxica la comunidad biomédica se encontraría ante un dilema riesgo-beneficio.

Sin embargo, los investigadores advierten de que no será nada fácil establecer fuera de toda duda el vínculo entre exposición a contaminantes en la vida cotidiana y enfermedades. En primer lugar porque los efectos, de haberlos, tardan décadas en manifestarse. Y también porque lo importante, advierten los investigadores, es el 'cóctel' de productos químicos, esto es, su acción conjunta. Los compuestos son muchos, y su posible interacción, un misterio.

"No sabemos qué pasará, pero los datos están ahí", dice Olea. "La exposición es real. Los tóxicos están en la sangre y en la placenta, se excretan en la leche materna. Las madres los pasan a sus hijos. Tenemos en el cuerpo compuestos que nunca antes habíamos tenido", dice Olea.

Los epidemiólogos, por lo pronto, investigan la relación entre exposición a contaminantes y enfermedades como cáncer, diabetes, endometriosis, infertilidad, malformaciones genitourinarias, depresión inmunológica, asma, Alzhéimer y Parkinson.

Para este tipo de trabajo suponen un tesoro los bancos de tejidos y datos como el que tiene el grupo de Olea en Granada: 6.000 placentas de madres de toda España obtenidas hace una década, con información de seguimiento, durante ese tiempo, del par madre-hijo correspondiente. Esto permite investigar, por ejemplo, la relación entre contaminantes en la placenta y desarrollo. Uno de los últimos trabajos científicos publicados, en septiembre, indica que una mayor concentración de compuestos clorados podría afectar negativamente a la función cognitiva, y recomienda más estudios.

Los investigadores también están observando en los últimos años que la baja concentración de estos compuestos en el organismo no garantiza su inocuidad. El llamado mito de las dosis bajas está cayendo.

"Tanto en animales como en humanos se han visto efectos adversos de los contaminantes a las dosis tradicionalmente llamadas bajas", explica Miquel Porta, catedrático de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Barcelona e investigador del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM). "Estrictamente, estas dosis no son bajas: las concentraciones o niveles en sangre o en líquido amniótico, por ejemplo, son tan altas como las de nuestras propias hormonas naturales, y a menudo mucho más". Hasta ahora se aceptaba que estos compuestos debían presentarse a dosis más elevadas para alterar funciones fisiológicas en el organismo, "pero eso está en revisión", dice Porta.

A este experto no le tranquiliza saber que en la mayor parte de los alimentos estos compuestos no superan los niveles considerados seguros por las agencias de seguridad alimentaria y la OMS. "A menudo los niveles legales se establecen simplemente para que los alimentos puedan llegar a nuestra mesa", señala Porta. "Pero nadie nos puede asegurar que las concentraciones que tiene una parte importante de la población sean seguras; a mí, como médico, me parecen muy preocupantes".

En un estudio reciente, su grupo midió presencia de contaminantes en una muestra de 919 personas en Cataluña, considerada representativa de la población general. Los resultados revelaron que algunas personas tenían cantidades de DDE y hexaclorobenceno hasta 6.000 veces superiores que otras. "Una minoría de la población tiene una contaminación interna escandalosamente superior a la mayoría. ¿Es esa minoría la que luego desarrolla enfermedad?", se pregunta Porta.

Es una de las muchas cuestiones aún pendientes de estudiar. Los investigadores se preguntan, por ejemplo, cómo interfieren los tóxicos ambientales con la acción de los genes. Algunos datos apuntan a que el arsénico, el cadmio y los pesticidas organoclorados podrían apagar genes supresores de tumores, y encender genes con precisamente la acción opuesta.

Prueba de que el problema importa es que la Unión Europea destina fondos a investigarlo. El grupo de Olea y otros siete laboratorios europeos participan en el proyecto internacional Contamed, que estudia la relación de la química cotidiana con los trastornos del sistema reproductivo. La incidencia de estas alteraciones -desde una menor calidad del semen hasta malformaciones de genitales- está en aumento en Europa y el problema causa "una considerable preocupación", se dice en la web del proyecto.

EL PAÍS, Domingo 19 de diciembre de 2010

Imagen: El País.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Asaja denuncia los engaños al consumidor por el «mal uso de la imagen de frutas y hortalizas»

LA VERDAD - MURCIA
El titular de Asaja Murcia, Alfonso Gálvez Caravaca, denunció ayer que existe un «mal uso de la imagen de las frutas y las hortalizas», ya que «es frecuente el empleo de diversas representaciones para dar a entender que un producto concreto posee unas características específicas; lo que lleva al consumidor a realizar la decisión de forma errónea».
Según informaron fuentes de la asociación agraria, un estudio titulado 'Where is the fruit?', llevado a cabo por Freshfel Europe, demuestra que la imagen y nombre de la fruta fresca se emplea «muy a menudo de manera inadecuada por otros sectores del ámbito de la alimentación». Asimismo, el estudio destaca que hay que «analizar el contenido de fruta real en una amplia muestra de productos de alimentación de alta rotación que utilizan una imagen o una palabra sobre la fruta en el envase exterior».
El informe, según Asaja, se ha realizado bajo la premisa de analizar un amplio abanico de productos, no centrándose en una determinada gama de productos de alimentación o marcas.
Asimismo, de los productos analizados casi uno de cada cinco, un 18%, no contenía nada de fruta, mientras el restante contenía fruta en diferentes cantidades. El 50% de los productos o bien no contenía nada de fruta o contenían una cantidad mínima de fruta inferior en todo caso al 10% del peso total del producto.
Así, teniendo en cuenta el Reglamento de la UE relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, Asaja Murcia señala que el estudio de Freshfel «demuestra que de los 207 productos analizados, sólo 28 estarían autorizados para utilizar imágenes de fruta fresca en el envase y en el etiquetado sin incumplir la legislación comunitaria y sin engañar a los consumidor». Asaja quiere poner de manifiesto que «en la mayoría de veces el comprador es inducido a engaño gracias a las referencias que incluyen los alimentos de forma equivocada».
LA VERDAD, Sábado 11 de diciembre de 2010

lunes, 29 de noviembre de 2010

El Carritus de la compra

LAIA REVENTÓS - Barcelona -
Busque, compare y encuentre alimentos más baratos a través de Carritus. Este nuevo servicio gratuito coteja al instante los precios de los supermercados más cercanos a su domicilio para que llene su cesta de la compra a golpe de clic. La diferencia de precios entre el supermercado más económico y el más caro es del 32%, según el Observatorio de Precios del Ministerio de Industria. Sumando las ofertas de distintos productos se puede llegar a acumular un ahorro de hasta el 40%.
"Hay comparadores de mil cosas en Internet, salvo del sector alimentario. Se me ocurrió integrar en un mismo servicio un planificador de menús que permita hacer la lista de la compra, comparando los precios de los diferentes súpers cerca de casa, para finalmente elegir en cuál conviene comprar y hacerlo directamente desde el mismo portal", explica Jesús Haro, padre de esta empresa barcelonesa que salió al ciberespacio el 12 de noviembre con una inversión previa de dos millones de euros.
Si el comercio electrónico creció casi un 16% en 2009, las compras en el supermercado online aumentan un 25% cada año en España. No solo se ahorra dinero, también tiempo. Carritus es un "comparador social" y un servicio de proximidad. Funciona en toda España, pero busca en los Caprabo, Carrefour, Eroski, El Corte Inglés y Mercadona de su código postal, a los que hará el pedido y le llevarán la compra a casa. En breve añadirán Hipercor y Alcampo.
El servicio incluye en sus comparativas las ofertas diarias de cada distribuidor para conseguir "calidad a buen precio". Cuando está hecha la selección, Carritus añade los costes de envío de cada supermercado. La compra final puede contener productos de dos grandes superficies diferentes, aunque el envío se hace por separado.
Este comparador inteligente también "sabe buscar la cantidad de producto que el cliente pide cuando, por ejemplo, el paquete de refrescos es de 24 unidades en su proveedor habitual y en la competencia está más barato, pero es de 12. Incluso propone automáticamente productos de la misma calidad y a menor precio", cuenta Haro.
Si ya es cliente de una gran superficie en Internet (se calcula que 2,5 millones de hogares han comprado en una de ellas este año), puede exportar sus listas de la compra directamente a Carritus o crear una nueva, con los menús que ha planificado para sus comidas. "Carritus buscará las mejores ofertas por ti porque conoce el precio de todos los productos -de marca blanca o no- y folletos de ofertas. Es como el eDreams de los supermercados", asegura Haro.
El servicio es gratuito para comprador y distribuidor, "con los que no tenemos vínculo alguno. Vivimos de la publicidad de las marcas, fabricantes y de los supermercados que quieran anunciar sus promociones en el portal". En sus dos semanas de vida, dice este primerizo emprendedor de 38 años, ha tenido "muchísima aceptación. El tráfico de visitas viene de las grandes ciudades -Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Bilbao-, el 95% de las transacciones de comercio electrónico en el supermercado".
La compra en el súper es la octava preferida de los 10,4 millones de españoles que compran por Internet, por detrás de los alojamientos hoteleros, billetes de transporte y aparatos electrónicos, en un año de crisis en que la novedad son las transacciones entre consumidores y los sitios de segunda mano, según la Organización Nacional de Telecomunicaciones. "Con Carritus", concluye Haro, "aprendemos a comprar y a planificar las comidas; eso significa renunciar a algunas cosas y probar otras, porque al final todo ayuda a ahorrar".

EL PAÍS, Lunes 29 de noviembre de 2010
Imagen: El País

Aceite de oliva, no tan virgen

Olatz Ruiz Sevilla

La guerra de precios que los supermercados y grandes superficies llevan librando varios años utilizando como reclamo grandes ofertas en el aceite de oliva acabó por levantar las sospechas de los responsables de Consumo de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Medio Ambiente, que han comprobado en los análisis realizados tras un muestreo que producto etiquetado como aceite virgen extra, el más caro, no era tan extraordinario y en algunos casos, ni siquiera virgen.
En momentos de crisis parece lógico que el consumidor busque las ofertas, pero debe saber lo que compra y lo que paga. El mejor de los aceites de oliva es el virgen extra. Le sigue el aceite de oliva virgen, cuantos más apellidos mejor.
Tanto el oliva virgen extra como el oliva virgen son el resultado de exprimir la aceituna por métodos mecánicos. Y nada más. Es zumo de aceituna. Luego pueden proceder de distinta variedad dependiendo de la aceituna empleada (picual, arbequina, hojiblanca son las más habituales) o de distintas zonas geográficas, pero eso es cuestión de gustos, igual que, si hablamos de vinos tintos, habrá a quien le agrade más el Rioja y a quien el Ribera de Duero. El aceite de oliva virgen extra es el ideal para consumir en crudo, para aliñar ensaladas o hacer salsas.
Comercialización
Para su comercialización, los aceites de oliva vírgenes se clasifican en virgen extra, virgen y lampante, éste último debe pasar un proceso químico de refinación antes de poder destinarse al consumo directo. En el mercado se puede encontrar:
Aceite de Oliva Virgen Extra: Aceite de oliva de categoria superior obtenido directamente del fruto y sólo mediante procedimientos mecánicos. Presenta excelente aroma y sabor y su acidez es inferior a 0,8 grados, según el requisito marcado por la normativa vigente.
Aceite de Oliva Virgen: Aceite de oliva obtenido directamente del fruto y sólo mediante procedimientos mecánicos. Presenta buen aroma y sabor, y una acidez inferior a 2 grados.
El tercero de los aceites vírgenes, el denominado Lampante, no llega al consumo con ese nombre. Es un aceite que, debido a condiciones climáticas desfavorables, por sobre-maduración del fruto o por deficiencias en el proceso de elaboración, presenta un elevado grado de acidez (superior a 2 grados) o un sabor y olor defectuosos, debe pasar un proceso de refinación para corregir tales defectos.
En las tiendas de alimentación podemos encontrar lo que se denomina simplemente y así figura en su etiqueta como 'Aceite de Oliva', sin más apellidos, que es el resultante de mezclar el aceite de oliva refinado, que conserva la estructura química básica del aceite de oliva, con una cierta cantidad de Aceite de Oliva Virgen o Virgen Extra que le aportan aroma y sabor.
En resumen: Si pasa por el proceso de refinado, el aceite deja de ser virgen y se convierte en Aceite de Oliva, sin más apellidos.
Orujo
Otra categoría de aceite procedente de la aceituna es el aceite de orujo. El orujo de oliva es el subproducto sólido o pasta que se obtiene en el proceso de elaboración del aceite de oliva virgen durante el prensado o centrifugado. Son los residuos del proceso, que se somete a tratamientos físicos (centrifugación) o químicos (con solventes) para extraer el aceite que contiene.
Este aceite debe someterse a un proceso de refinado, similar al de los aceites de oliva lampantes y mezclado con aceites vírgenes constituyen la categoría comercial denominada Aceite de Orujo de Oliva. Es el de inferior caldad, aunque se suele usar sobre todo para fritos cuando el consumo es muy abundante.
El 'cambiazo' a las etiquetas
El problema para el consumidor es cuando el contenido de una botella, lata o garrafa de aceite no se corresponde con la calidad que indica su etiqueta. Vender aceite de oliva lampante, virgen (a secas) o orujo por virgen extra, es un fraude económico, una estafa al consumidor porque cada uno tiene un precio distinto y así se lo pagan a los agricultores. Es como vender huevas de mújol como si fuera caviar o un vino de tetra brik como si fuera un gran reserva. Eso sí, todos ellos son aptos para el consumo.
No es malo que se ofrezca precios baratos, el problema es que los hay tan baratos que no pueden ser virgen extra.
Siempre ha habido diversas categorías de aceite de oliva, aunque se hayan cambiado los nombres comerciales. Pero en los últimos tiempos se ha usado el aceite de oliva, al igual que otros alimentos de primera necesidad, como la leche, como "productos reclamo" en los lineales de los supermercados.
Ojo con las ofertas
Se ven ofertas por las que el litro de aceite de oliva virgen extra cuesta 2 euros el litro, algo que levanta sospechas porque es casi lo mismo que se paga al olivarero en la cooperativa, unos precios de por sí ruinosos para el productor y que no son suficientes para cubrir los costes del cultivo
.
Un estudio de la organización de consumidores Facua también revelaba que los precios de los aceites de oliva virgen extra en envases de 1 litro oscilaban entre 2,39 y 3,89 euros, nada menos que un 63%.
El color del aceite.
Aunque sea un producto reclamo, aunque se venda a pérdidas, esos precios no se sostienen en el tiempo. Es por eso por lo que empezaron las denuncias a algunas ofertas puntuales, algunas de grandes hipermercados que ofrecían una oferta en un folleto que no se correspondía con el producto que salía a la venta.
Pero si para ganarse a los consumidores los precios seguían tan bajos y los industriales no podían apretar más a los agricultores en las cantidades que se les abonaban, no quedaba margen de ganancia. Incluso se perdía dinero. Y ahí es donde algunos parece que han sucumbido a la tentación de ofrecer aceite de baja calidad con etiquetas (y precio) correspondientes a calidades superiores.
Aceite de oliva a precio de girasol
El aspecto positivo de los precios bajos es que han permitido aproximar mucho los precios de aceite de girasol y aceite de oliva, lo que ha mantenido alto el consumo de éste último. Hay demanda y el consumdor aprecia el aceite, pero no puede pagar al precio de producto excelente lo que es de una calidad corriente.
Las autoridades de Consumo y de Calidad Agroalimentaria deben intervenir para garantizar que el consumidor se lleva la calidad que paga y debe evitar un desprestigio de un producto de alta gama aunque sea de consumo habitual.
El aceite de oliva junto con el jamón ibérico es la carta de presentación de los productos de calidad españoles en los mercados internacionales, sobre todo en los más exóticos como China, Japón e India y el siempre exigente de Estados Unidos.
EL MUNDO, Lunes 29 de noviembre de 2010
Imagen: El Mundo

miércoles, 11 de agosto de 2010

Subijana advierte de la "falta de rigor" en la información sobre los productos

Por Agencia EFE – 02/08/2010
Santander, 2 ago (EFE).- El cocinero vasco Pedro Subijana, que cuenta con tres estrellas 'Michelín', ha advertido hoy de la "falta de rigor" que existe en las informaciones sobre las cualidades de algunos productos, en referencia a la polémica creada acerca de las propiedades de las bayas 'goji'.
En una rueda de prensa previa a su participación en el seminario "Sobre el producto y la interpretación culinaria" de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Subijana ha afirmado que esas informaciones "hay que pasarlas por el tamiz una y cincuenta veces, porque ni hay alimentos milagro ni hay alimentos veneno".
"Yo creo que estas bayas se han puesto de moda, lo mismo que se puso de moda hace poco el jarabe de arce", ha aseverado el cocinero y propietario del restaurante Akelarre, quien se ha declarado completamente "contrario a las modas" y ha calificado como "malísimo, que se extiendan así, con tanta falta de rigor".
En este sentido, el cocinero y restaurador ha recordado que los científicos advierten sobre los efectos perjudiciales para la salud que puede acarrear la ingestión de algunos platos a base de carne.
"¿Cuántas chuletas a la brasa hay que comerse para que te termine afectando a tu salud?, pues una barbaridad", ha afirmado, quien ha dicho que su nocividad "es terriblemente relativa" y, por ello, ha aseverado que "hay que explicarlo con minuciosidad y con detalle".
"Mejor producto que hoy y mejor cocina que hoy no ha habido nunca", ha apostillado el prestigioso cocinero.
Por otra parte, Subijana se ha referido hoy a la "fiebre de los "gastrobares" entre los aspectos "positivos" de la crisis, ya que, "en momentos en que la economía se tambalea", hacen llegar la alta cocina a un público más "popular".
Subijana ha destacado además el papel transformador de la gastronomía y la restauración que pueden desempeñar estos establecimientos, donde grandes cocineros, como María José San Román, Quique Dacosta y Paco Roncero venden pequeños bocados de vanguardia a precios más asequibles.
En este sentido, el cocinero ha estimado que, quizás, la proliferación de estos locales conlleve que, de "aquellos (restaurantes de) niveles bajos o medio bajos, en los cuales la cocina no estaba muy mimada, ni cuidada, muchos tengan que desaparecer y otros se transformen y mejoren".
EFE, Lunes 2 de agosto de 2010

Las bayas tibetanas, sin demostrar sus virtudes, cautivan al consumidor

ANA MACPHERSON Barcelona
¿No las has probado? ¿No las conoces? Son rojas, secas, no saben ni bien ni mal y van genial para dormir. Oye, son pura energía". Miles de personas han podido oír o leer en su Facebook este tipo de comentario en los últimos meses. Y si están más al día, quizá en los últimos dos años. Las bayas de Goji han superado todas las expectativas. La recomendación entre amigos ha recorrido Occidente y en España es el producto estrella de muchos supermercados de alimentación biológica. También en la charcutería de la esquina es posible llevarse un paquetito, a veces a granel, entre los 100 gramos de paté y los 300 del chopped.
Son el fruto de un arbusto que crece en el Himalaya a mucha altura, que no deben tocar manos humanas para que no pierdan su color y sus extensas propiedades, como regular el flujo de energía vital y fortalecer la mente, o aumentar la inmunidad y poner fin a los signos de envejecimiento, mejorar la vista, regular tanto el sueño como el apetito, cuidar los riñones y el hígado.
Las más prestigiadas llevan un sello de "Tibet Authentic" y las garantiza el Colegio de Médicos Tibetano, que, según se puede leer en internet, es una entidad socia de una las principales empresas dedicadas al alimento. "Los lamas tibetanos no las conocen, así que no sabemos quién las certifica", explica con calma Thubten Wangchen, director de la Casa del Tíbet en Barcelona. "Tampoco han sido nunca parte de la dieta del Dalái Lama". Lo mismo comentan viajeros habituales del Tíbet.
Allí no se ven, salvo en las tiendas chinas. "Vino gente aquí (a la Casa del Tíbet) a enseñarnos las bayas, incluso nos regalaron unos paquetes. Creo que tienen muchas vitaminas y no sé qué más. Los chinos han encontrado un buen negocio, parece. Y como lo chino no significa para muchos calidad, creo que dicen que provienen del Tíbet porque les parece que tiene más prestigio", razona Wangchen.
La OCU denunció a principios de verano exceso de pesticidas y metales pesados en algunas marcas y pidió a las autoridades sanitarias su retirada. "Es cierto que todas las analizadas eran chinas, pero están en el mercado igual que las tibetanas", comenta el responsable de comunicación de la OCU, Antonio Joya.
"Que no se dejen embaucar por un precio tan alto (cuestan 24 euros el kilo)", pide a los consumidores el representante de la OCU.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) decidió no actuar: "Con relación a los metales pesados, teniendo en cuenta que se presenta como producto desecado y de acuerdo con los límites establecidos en la legislación europea vigente, no se sobrepasan los valores permitidos. Con relación a los plaguicidas, se encuentran dentro de los límites legales, a excepción de una muestra que supera el límite establecido para un plaguicida en una centésima". Aclararon también en su respuesta que no existe ningún riesgo inmediato para la salud y, de paso, " que no existen evidencias científicas que avalen la publicidad sobre los efectos saludables".
"Nosotros supimos de ellas (de las bayas) y del problema de contaminación por preguntas de pacientes", reconoce la doctora Ana Alesón, secretaria de la sección de médicos naturistas del Col·legi de Metges de Barcelona. "Es un potente antioxidante, pero tampoco hay tantos estudios serios. Son en ese sentido como los arándanos y otros frutos rojos de nuestros bosques. Recomendamos que, si les gustan, opten, al menos, por las bayas de cultivo biológico".
Ese es otro problema. "No había manera de que te garantizaran nada sobre su origen y cultivo", admite Tomás Redondo, directivo de Natursoy, una de las principales empresas de alimentos biológicos de España. "Así que no las trajimos". En algún paquete hay algún aval biológico. En la mayoría, para sorpresa de los propios vendedores, nada.
¿Cómo explicar en la época del máximo control y de toda clase de garantías (las cremas anticelulíticas y los yogures anticolesterol tienen que demostrar que funcionan si quieren decirlo en su publicidad) que unos frutos rojos, secos, lejanos y sin garantías comprobables triunfen entre la población mejor informada?
Las bayas van adornadas de pureza, sencillez, origen natural, "La vida es cada vez más compleja, hay menos tiempo libre, no es sorprendente que nos atraiga algo que lo soluciona todo, que te promete beneficios. Además ,lo sabes por internet, no a través de los desprestigiados expertos y medios oficiales", reflexiona el filósofo Jordi Pigem. A su juicio, suman ambas corrientes: la del deseo de cosas cercanas, sin tecnología, sin intermediarios, puras, orientales, auténticas y la del actual desprestigio de los medios oficiales, "que abarca desde la gripe A hasta la justicia pasando por los los políticos. Por eso también la sociedad se apunta cada vez más al taichi, al yoga o a los alimentos naturales. Hace 20 años era impensable", recuerda Pigem."Cuando llevas dos años de crisis, el consumidor está deseoso de novedades", añade Carles Torrecilla, profesor de dirección de marketing de Esade. "Hasta entonces, todo eran lanzamientos y con la crisis se redujo el personal, los precios, los stocks y los nuevos productos. El consumidor había vivido en una espiral de innovación y estaba deseoso; terreno abonado".Y también lo explica lo que Torrecilla denomina marketing viral: "Hasta hace diez años sólo comunicaban con el consumidor las marcas y de manera masiva. La explosión de comunicación por internet multiplica cada consejo de amigo, el boca oreja y sin mediación, sin filtro alguno. La expansión tiene un impacto brutal". resume el experto.
LA VANGUARDIA, Jueves 12 de agosto de 2010
Imagen: La Vanguardia

jueves, 29 de julio de 2010

Denuncian que las etiquetas de 8 de cada 10 productos de marcas blancas son engañosas

AGENCIAS
Los mensajes que aparecen en las etiquetas del 80 % de los productos de marca blanca presentan "irregularidades" y "no son veraces", según un estudio de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). El informe, titulado El etiquetado en los productos alimenticios de marca blanca, analiza las inscripciones de 97 alimentos de las marcas de distribución Hacendado (Mercadona), Carrefour, Día, Auchan (Alcampo), El Corte Inglés, Eroski y Lidl, y denuncia que sus envases "no son neutros, tal y como deberían".
El estudio examina el uso de declaraciones nutricionales y de salud en el etiquetado de una selección de productos alimenticios de marcas blancas o de distribuidor, y mide el correcto cumplimiento del reglamento europeo 1924/2006: una norma que pretende regular los mensajes voluntarios que se incorporan en el etiquetado de los alimentos y cuya novedad más destacada es la evaluación científica que deben hacer las Autoridades Comunitarias por cada declaración.
Una de las principales conclusiones es que los productos de “marca blanca o de distribuidor” demuestran que sus envases no son neutros, tal y como indicaría la propia denominación: estas marcas blancas también venden supuestamente “salud” además de una buena relación calidad/precio.
De las 298 declaraciones analizadas, 71 eran de salud, 37 gráficas y 186 fueron nutricionales, llegando a contabilizar hasta 304 nutrientes, además de otras sustancias, sobre los que se hacían declaraciones.
Mensajes complejos
Las etiquetas en productos de marca blanca mantienen un nivel de complejidad que se aproxima a los productos de marca, debido al uso, no siempre correcto, de las declaraciones nutricionales y de salud.
El estudio pone algunos ejemplos que, a juicio de la CEACCU, no tienen suficiente respaldo científico, con supuestos beneficios no comprobados, por otra parte difíciles de comprender para muchos consumidores, tal como exige el Reglamento.
"Vitamina E, antioxidante que protege a las células de los radicales libres evitando el envejecimiento".
"500 mg al día de ácidos grasos omega 3 (EPA+DHA) favorecen la fluidez de la sangre, evitando la acumulación de colesterol en la misma".
"Ayuda a restaurar y promover el crecimiento de las bifidobacterias".
"Con DHA y EPA".
Marcas confusas
Muchas de las etiquetas de estos productos dificultan la elección por parte del consumidor. Según la confederación, sitúan la marca junto a una declaración (de salud o nutricional) en el frontal del producto, con un tamaño de letra grande. Algunos ejemplos:
"Omega 3 EPA y DHA. Eroski".
"Energía +Crecimiento Hacendado".
"Nature Active Hacendado".
"Eroski Activitas".
"Deliform Nature Auchan".
El estudio señala que, al igual que en los productos de marca, las marcas blancas destacan la información menos útil, relegando la información nutricional obligatoria a la zona de la etiqueta menos visible y con una letra muy poco legible.
Productos no tan nutritivos
Casi el 30 % de los productos analizados no podría incorporar declaraciones en el etiquetado, ni de salud ni nutricional, debido al alto contenido de algún nutriente (azúcar, sodio o grasa saturada), cuyo exceso podría dañar la salud del consumidor, asegura la CEACCU.
Los lácteos son la categoría de alimentos que incorpora más frecuentemente declaraciones en el etiquetado, incumpliendo en mayor medida el Reglamento (60% de los incumplimientos totales). Algunas de ellas ya han tenido una opinión desfavorable de la Autoridad Europea, según la organización, por no reunir las suficientes pruebas científicas, como las siguientes:
"La vitamina A protege los huesos y dientes", presente en diversos productos como la leche semidesnatada calcio Carrefour y la leche enriquecida con calcio Hacendado.
"Activa la flora intestinal" en el caso de Bífidus Proviact de Lidl o "Una botella de activitas al día ayuda a tus defensas" en el producto Eroski Activitas, sobre supuestos efectos beneficiosos de las bifidobacterias y Lactobacilus.
"El nivel de posibles incumplimientos (151) en los productos analizados, refleja que el consumidor no está disfrutando de una información veraz en las etiquetas de los productos que compra", concluye el estudio. "Tan sólo 18 productos de los analizados no mostraban ningún posible incumplimiento frente al Reglamento".

20 MINUTOS, Viernes 30 de julio de 2010

lunes, 15 de febrero de 2010

Cómo saber qué engorda por su etiqueta

Beatriz Muñoz – Madrid
Confusión. Éste es, sin duda, el calificativo que mejor define a las etiquetas que aparecen en cualquier producto. Demasiados términos, cifras descompensadas y, sobre todo, dificultad a la hora de poder interpretarlas y sacar algo claro. Esta situación se vuelve todavía más complicada cuando el consumidor va en busca de alimentos para perder peso o que, en su defecto, contengan pocas calorías y grasas. Pero, ¿en qué hay que fijarse y qué elementos nos dan la clave de que se está eligiendo bien? Según explica Emma Ruiz Moreno, directora de proyectos de la Fundación Española de Nutrición (FEN), el orden de elementos más importante reside en “energía, macronutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas, micronutrientes como vitaminas y minerales y fibra. Sin embargo, la calidad la da el equilibrio entre ellas, y a que, aunque a priori tenga pocas calorías, si la grasa en básicamente saturada o tiene mucho sodio, el producto no es tan saludable”. Por tanto, la medida más sencilla reside en conocer qué hay detrás de los elementos que aparecen en una etiqueta.
1.- CALORÍAS
Corresponden al aporte energético que posee un producto. Para Susana Santiago Neri, dietista – nutricionista y miembro del Instituto de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Navarra (Icaun), “es preciso distinguir entre los denominados alimentos light para los que, según la legislación vigente, se contemplan tres categorías; si aparecen como “bajo valor energético”, el producto debe aportar menos de 40 calorías por cien gramos de producto sólido o 20 calorías por cien mililitros si se trata de uno líquido. Si en la etiqueta pone “valor energético reducido” corresponde a los líquidos con menos de cuatro calorías”. En el caso de que se trate de productos que están destinados para las dietas de control de peso, la legislación establece, según Santiago, que “los sustitutivos de una comida deben aportar entre 200 y 400 calorías”.
2.- GRASAS
La cantidad y la calidad son la clave para identificar cuál es la más indicada. Por ejemplo. las saturadas y parcialmente hidrogenadas o “trans” son las más nocivas por su directa vinculación con las patologías cardiovasculares. Sin embargo, las poliinsaturadas como las del aceite de oliva con las más beneficiosas para la salud. Según la doctora Joima Penisello, presidenta de la Fundación para el Fomento de la Salud (Fufosa), “hay que evitar los alimentos preparados con grasas que se sospeche que pueden ser hidrogenadas, escondidas habitualmente bajo el término de vegetales”. Aunque no tiene un carácter obligatorio, muchas empresas han optado por incluir en el etiquetado el concepto de cantidad diaria orientativa (CDA). Según Santiago, “para una ingesta diaria de energía de 2.000 calorías, se ha establecido una CDA de 70 gramos de grasas al día y 20 gramos de saturadas”. Actualmente, los límites establecidos son, tal y como explica la experta, “bajo contenido en grasa”, si el producto “no contiene más de tres gramos por cada cien en el caso de los sólidos o 1,5 gramos por cada cien mililitros si se trata de un líquido”. Si aparece bajo la denominación “sin grasa”, el producto “no debe tener más de 0,5 gramos”, añade. Y, en el caso de “bajo contenido en grasas saturadas”, lo establecido está en “si la suma de ácidos grasos saturados y de ácidos grasos trans en el producto no es superior a 1,5 gramos por cada cien gramos para los productos sólidos y a 0,75 gramos por cien mililitros para los líquidos. En cualquier caso, la suma de ácidos grasos trans no deberá aportar más del diez por ciento del valor energético total”, advierte Santiago.
3.- AZÚCAR
En la mayoría de los productos destinados para perder peso se suele sustituir el azúcar por edulcorantes. Sin embargo, Ruiz advierte de que “aunque no aporte calorías, si lleva fructosa, que es un monosacárido como la glucosa, tendría las mismas calorías”. Pese a que el límite es de 90 gramos al día, Santiago insiste en que si en la etiqueta aparece “sin azúcares”, el producto “debe contener menos de 0,5 gramos por cada cien gramos o cien mililitros”. En cuanto a la denominación “bajo contenido en azúcares”, el límite se halla en “cinco gramos en el caso de los sólidos y 2,5 gramos si se trata de un líquido”. En el caso de que en la etiqueta aparezca “sin azúcares añadidos”, conviene saber que sólo se puede establecer cuando, según Santiago, “no se ha añadido ningún tipo de azúcar ni ingrediente con el fin de endulzar el producto”.
4.- COLESTEROL
Al no estar catalogado como un nutriente esencial, no es obligatorio que aparezca en el etiquetado. Sin embargo, “la cantidad que ingerimos normalmente es del orden de miligramos, por lo que su contribución energética no es significativa (un gramo de grasa aporta nueve calorías). Sí que es cierto que se recomienda una ingesta promedio de aproximadamente 300 miligramos al día, por el riesgo cardiovascular asociado a su ingesta excesiva”. Aunque en ningún caso es recomendable una dieta rica en colesterol, Ruiz advierte de que la clave para reducirlo reside en disminuir “los ácidos grasos saturados y grasas trans”.
5.- SODIO
Pese a que su ingesta no engorda, su abuso se puede convertir en el principal enemigo de unos niveles de tensión adecuados. Preside desde todo tipo de embutidos, snacks y conservas. Por ello, según Ruiz “las recomendaciones actuales se sitúan en 6 gramos al día”. Los límites que ha marcado la legislación en cuanto a su presencia en el etiquetado son: “ si aporta menos de 0,12 gramos por cada cien gramos estamos ante un producto con bajo contenido en sodio. Si aparece la denominación muy bajo contenido en sodio, significa que no supera los 0,004 gramos por cien miligramos. Por último, cuando se supone que el producto no contiene sodio, el límite máximo está en 0,005 gramos”.
6. – FIBRA
Es el producto estrella de cualquier alimento para controlar la línea o para mejorar el tránsito intestinal. Sin embargo, “la mayoría contienen una mezcla de dos tipos de fibra, pero algunos destacan por contener más proporción de uno de ellos”, aclara Ruiz. Teniendo en cuenta la legislación, para que en la etiqueta aparezca el término fibra “debe aportar como mínimo seis gramos por cada cien, o tres por cada cien calorías”, explica Santiago. Asimismo, continúa la experta “también se admite la declaración fuente de fibra en el caso de que aporte como mínimo tres gramos por cada cien o 1,5 por cien calorías”. Para saber cuál es la más adecuada para cada persona, conviene tener en cuenta “el efecto fisiológico que se desee conseguir. Así, la insoluble es más efectiva para combatir el estreñimiento, mientras que la soluble contribuye a controlar la glucosa y el colesterol”, concluye Santiago.
Luz y taquígrafos
Miguel Ángel Almodóvar
La claridad y la precisión del etiquetado de los alimentos ha mejorado en los últimos años, pero aún queda camino por recorrer. Para empezar, siempre convendría que las cantidades se referenciaran respecto a la Cantidad Diaria Recomendada (CDR). La energía, expresada en kilocalorías, y cuya cantidad depende del sexo, la edad y la actividad física habitual, debiera provenir en un 55 por ciento de hidratos complejos, el 30 por ciento de grasas y el 15 por ciento de proteína; éstas, las proteínas, entre 0,7 y 0,8 gramos diarios por kilo de peso; la fibra, sabiendo que el organismo necesita entre 25 y 30 gramos al día; vitaminas y minerales, todo un mundo; y grasa, que en el etiquetado suele ser la madre del cordero, ya que aún se admite el eufemismo de “grasa vegetal”, para encubrir saturadas grasas de palma y coco. El capítulo final, el de los aditivos, suele ser de matrícula de honor, porque a veces esconden sustancias tan preocupantes y adictivas como el glutamato monosódico.
A TU SALUD – LA RAZÓN, Domingo 14 de febrero de 2010

miércoles, 10 de febrero de 2010

La bella...y la bestia

DANIEL MÉNDEZ
El dicho “comer con los ojos” tiene, como todo el refranero popular, su base científica. Cuando nos inclinamos por el alimento con mejor aspecto, respondemos a lo que en la jerga de la cata se conoce como “fase visual” – un primer instinto -, a la que siguen las fases olfativa y gustativa. Pero la importancia cada vez mayor de los aspectos externos (presentación, apariencia, uniformidad, madurez, frescura) responde también a un requerimiento del mercado. Un reciente informe de la FAO explica que la prioridad “visual” se ha incrementado al mismo tiempo que aumentaban los supermercados y las grandes superficies. En los sistemas de autoservicio, frente a las pequeñas tiendas con dependientes, el producto debe “autovenderse” y aquel que no es seleccionado represente una pérdida para el comerciante. De ahí que su aspecto sea determinante.
Sin embargo, puede que la manzana más imperfecta tenga mejores cualidades alimenticias que la versión “bonita” y que sepa mejor; y, desde luego, contiene muchos menos elementos contaminantes o potencialmente dañinos para el organismo, como restos de pesticida o abonos químicos: porque la versión menos “atractiva” es fruto (nunca mejor dicho) de la agricultura ecológica.
Ahora bien, ¿por qué tiene peor aspecto? El biólogo y nutricionista Javier Arocena matiza incluso la pregunta. “La fruta ecológica no es que tenga peor aspecto porque sí. Lo que ocurre es que la fruta no ecológica, al tener mucha más agua – lo cual acelera el enmohecimiento -, es tratada con productos químicos que hacen que dure más. Si no fuera por los conservantes, esa fruta se pudriría antes”. Pero no es sólo una cuestión de conservación; se trata también de lograr uniformidad dentro del lote de frutas y verduras, que la manera en vayan a ser presentados resulte irresistible a los ojos. Así, para conseguirlo, los tomates se tratan con etileno suplementario. La maduración de los frutos es iniciada por el etileno que ellos mismos producen, pero para acelerarla y controlarla se incrementa el etileno. Para lograr que además brillen, se emplean ceras para el recubrimiento en poscosecha. Estas ceras no sólo proporcionan brillo, sino un control de pérdida de peso, por lo que retrasan el envejecimiento de la fruta. Hay varias fórmulas, pero suelen combinar polietileno, carnauba y goma laca. Todos estos productos están autorizados dentro de las directivas de aditivos alimentarios, pero su sola enumeración ya resulta inquietante.
¿Tiene el fantástico aspecto de la fruta que nos venden en el supermercado alguna repercusión que pueda afectar a nuestra salud? La respuesta no es clara. No hay ninguna investigación que vincule directamente las frutas y verduras industriales con una enfermedad, pero la mayoría de los estudios realizados se inclina por las ventajas de los productos ecológicos: “Son más saludables”, explica María José Frutos, profesora de tecnología agroalimentaria de la Universidad Miguel Hernández de Elche, “porque tienen menos productos potencialmente tóxicos, en muchos casos ha habido un incremento nutricional (de vitamina C, por ejemplo) y poseen compuestos fenólicos, que son antioxidantes y aminoácidos esenciales”.
Hay, además, algunos datos que avalan las ventajas de una alimentación basada en productos bio. En un convento se proporcionó a algunas monjas, durante ocho semanas, una dieta ecológica, manteniendo la alimentación normas para las demás. Las primeras mostraron un mayor bienestar físico y una mayor resistencia a enfermedades. En otro estudio se alimentó a madres recientes con alimentos ecológicos durante cinco meses y registraron un marcado incremento de ácidos grasos insaturados (omega – 3s y ALC) en su leche materna.
Además de las ventajas para la salud, uno de los aspectos que más inciden en la decisión de compra es la huella medioambiental de los cultivos ecológicos. La agricultura ecológica contribuye a la biodiversidad y minimiza el impacto humano, y eso inclina a muchos a su consumo. Ahora bien, si todo son ventajas, ¿por qué el consumidor no se lanza en manada a por productos con la etiqueta bio? El mayor freno es el precio: un estudio elaborado en la Universidad del País Vasco muestra que estamos dispuestos a pagar hasta un 25 por ciento más; sin embargo, los autores sostienen que esa diferencia oscila entre el 45 y el 55 por ciento, lo que supone un freno a la hora de ofrecerse como alternativa a la agricultura convencional. Hay varios motivos que explican esta diferencia: se ha comprobado, por ejemplo, que durante los primeros meses del “transvase” de menos intensivos a procesos ecológicos, el terreno pierde entre un 10 y un 15 por ciento de su rendimiento. “No obstante con el tiempo, esta tendencia se invierte”, subraya Fernando Vilches, gerente de la Asociación Profesional de Productores y Elaboradores de Madrid (Apreco). El suelo necesita tiempo para recuperar su equilibrio, pero ésa no es, según Vilches, la razón principal. El elemento clave es el canal de distribución. Las grandes superficies tienden a mostrar una mayor diferencia de precio entre productos orgánicos y convencionales: un estudio en Córdoba mostró que en el caso de la cebolla llegaba a implicar una diferencia del 575 por ciento. Esta diferencia es muchísimo menor si acude directamente al productor. No sólo se ahorra gastos de intermediarios, sino que también evita pagar por los intereses creados para favorecer la producción industrial. Eso sí, no espere que las manzanas brillen.
Dejarse tentar por una manzana
La fruta de producción industrial se almacena largas temporadas para que esté disponible todo el año. En ese periodo, manzanas y peras sufren pérdida de peso y alteraciones fúngicas (hongos). Para evitarlo se utilizan químicos; los más usados, imazalil y tiabendazol.
Para que brillen, se rocían con ceras.
La fruta ecológica es de temporada. No tiene poscosecha y en la precosecha no se usan químicos. Las manzanas ecológicas tienen hasta un 50 por ciento más de metabolitos con efectos antioxidantes y antimicrobiales.
Presentan defectos de epidermis. Se considera grave se superan los dos centímetros.
Las peras que aguantan la respiración.
El proceso de conservación de la fruta en el frigorífico es determinante. Disminuyendo la proporción de oxígeno en el aire de la cámara, disminuye el ritmo de “respiración” de la fruta, y ello permite prolongar el tiempo. Un método es reducir el oxígeno a un uno por ciento, reemplazándolo con nitrógeno y manteniendo constante el CO2.
El deterioro de las peras ecológicas es tan natural como su maduración, pero en su cultivo, como alternativa a los fungicidas químicos, se usan aliados naturales: sales de cobre, preparados de azufre, productos a base de extractos de plantas, lecitinas de soja, bacterias, hongos y virus (aislados del medio natural) que atacan a los hongos patógenos.
No sólo de patatas vive el hombre
Desde hace años, han logrado que sean más baratas y atractivas. ¿Por qué? Se cultivan en terrenos arcillosos en vez de arenosos, lo que favorece que tengan un aspecto uniforme, aunque pierdan gran parte del sabor.
Además, se una nitrógeno para acelerar su crecimiento, lo que reduce el almidón. Por debajo del 10% sin insípidas.
La patata es un producto básico, pero en su producción se emplean muchos plaguicidas; por eso el prestigioso Environmental Working Group, tras 43.000 pruebas de detección de plaguicidas, lo considera uno de los siete productos a consumir en versión ecológica. Los otros: lácteos, carnes, tomates, café, manzanas y semillas.
PROYECTO MELONOMICS. En busca del melón perfecto
La normativa europea que regula la producción y elaboración de alimentos ecológicos veta el uso de semillas y otros componentes genéticamente modificados. No obstante, hay quien considera que esto podría llegar a cambiar. Desde la fundación Genoma España se promueven diversas investigaciones que analizan la información genética de productos como el tomate, la uva o el meón. Emilia Gómez, directora de proyectos de la institución, explica sus objetivos: “Tratamos de conocer los genes relacionados con los caracteres que nos interesen, como el sabor o la resistencia a niveles microbianos. Nuestras investigaciones, aunque no están directamente orientadas al cultivo ecológica, comparten con ellos muchos elementos, como puede ser la búsqueda de especies abandonadas”. Almudena Lázaro, investigadora del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural Agrario y Alimentario (Imidra), que participa en el proyecto Melonomics, auspiciado por la fundación Genoma, incide en este sentido. “Nosotros trabajamos con variedades del melón que se utilizaban en España cuando la agricultura era ecológica sin saberlo, antes de la industrialización que trajo la llamada “revolución verde”. Y explica que en los bancos de semillas que utilizan se conservan muchas especies, recogidas de pueblo en pueblo, a las que a menudo recurren los productores ecológicos.

PARA SABER MÁS.
www.ec.europa.eu/agriculture/organic/home_es. Página de la UE sobre agricultora ecológica.
www.vivelaagriculturaecologoca.com Web del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.


XL SEMANAL – ABC – Del 7 al 13 de febrero de 2010