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domingo, 9 de noviembre de 2008

La policía se declara impotente contra los timos bancarios 'online'

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ - Madrid -
Yolanda V. A., gallega de 33 años, abrió Internet para ojear su cuenta bancaria y se llevó un disgusto terrible. Alguien le había sacado 3.252 euros y los había transferido a la cuenta de un desconocido en Madrid. Nerviosa, miró también la cuenta de sus padres, en la que ella tiene firma autorizada, y faltaban otros 18.000 euros. La policía identificó rápido al receptor de las transferencias, pero ya era tarde: el dinero estaba en Ucrania. En los bolsillos de una de las sofisticadas mafias que infectan con malignos virus miles de ordenadores y se apoderan de dinero de las cuentas on line.
Un informe de Delincuencia Económica de la Dirección General de la Policía, al que ha tenido acceso EL PAÍS, avisa de la eclosión de este tipo de saqueos. Y admite la impotencia policial para detener "a los autores intelectuales". Primero, por los sofisticados métodos que emplean y, segundo, por la dificultad de perseguirlos, ya que actúan desde países del Este, Asia y Sudamérica. No todas las víctimas tienen la suerte de Yolanda. Su banco, el Pastor, le repuso el dinero. "Vieron que yo nunca había realizado transferencias desde Internet y me lo devolvieron", señala Yolanda. Pero el banco no tendrá fácil recuperarlo.
La policía siguió el rastro del dinero y comprobó que a Yolanda le habían robado desde unos servidores de Internet, en Ucrania. Y que, fraccionado en siete transferencias, los cacos lo habían remitido a una cuenta de una sucursal del Banco Pastor en Madrid a nombre del ingeniero informático José Antonio C. Ch. Y que éste, a su vez, lo había transferido inmediatamente a Ucrania a través de la Western Unión y MoneyGram. José Antonio C. Ch. fue detenido. Pero los agentes, no sin recelo, tuvieron que dejarle libre con cargos. Aseguró que no creía estar haciendo nada ilegal. La policía asegura que no todos los intermediarios "son impolutos". Cuando se ven sorprendidos, simulan ser víctimas ellos también.
-¿No le pareció extraño que, a pesar de lo reglamentado que está el mercado bancario, le ofreciesen un trabajo consistente en tramitar transferencias de dinero mediante comisión?
-No sospeché nada. Creí que era un trabajo normal.
Yolanda sólo es una de las múltiples víctimas de lo que en la jerga policial se llama la estafa del scam, un fraude cuya ejecución requiere varias fases. La primera consiste en captar a intermediarios dentro del país en el que la mafia va a actuar. En chat, foros y por correo electrónico lanzan miles de mensajes ofreciendo un trabajo "fácil, cómodo y de suculentas ganancias". Exhiben fotos de personas, sonrientes, que cuenta cómo se han enriquecido. La mafia estudia muy bien a los aspirantes antes de seleccionarlos: domicilio, profesión, hijos... Jamás hay encuentros personales. Mantienen los contactos a través de correos electrónicos. Condición para obtener el trabajo: tener Internet las 24 horas, ser español y disponer de una cuenta bancaria legalizada. Le explican que su misión se ciñe a recibir dinero en su cuenta para que lo saque inmediatamente y lo remita sin demora a números de cuentas extranjeras que ellos le indican. Le ofrecen un sueldo mensual o comisiones de hasta el 10% del dinero que transfiera. Antes, le aseguran que no se trata de blanqueo de capitales, sino de un negocio rentable y legal. Y que las transferencias van a ONG extranjeras y que la mayoría procede de subvenciones públicas y privadas. Los cacos se inventan una empresa, cuyo nombre van cambiando para dificultar las pesquisas policiales. La que estafó a Yolanda se llamaba Maximus Consulting.
Captados los intermediarios, comienza la segunda fase de la estafa: obtener claves y contraseñas de usuarios de banca on line. Emplean varias modalidades: el phishing; es decir, el envío masivo de correos electrónicos que informan de un problema de seguridad en las claves del banco. Y que dirigen a una web que simula ser la de una gran entidad bancaria española. En realidad es falsa, calcada de la auténtica. Si coincide que el usuario que recibe el mensaje trabaja con ese banco y se cree el mensaje, está perdido, ya que le piden que introduzca su clave para solucionar el problema. Cuando lo hace, los mafiosos se apoderan de ella. Otra modalidad es el pharming, que "infecta indiscriminadamente con virus malignos miles de ordenadores". Es especialmente maquiavélica. Cuando el usuario escribe en la barra de direcciones de Internet el nombre de su banco, el navegador le conecta automáticamente con una web falsa que imita a la de su entidad bancaria. No logra realizar ninguna operación, pero los estafadores le copian la contraseña.
Ya con las claves en su poder, empieza la tercera fase: los estafadores, desde miles de kilómetros, le sacan enseguida el dinero y lo transfieren a cuentas de los intermediarios, que tienen orden de estar muy atentos para ir rápidamente a su banco, sacar el dinero en líquido y remitirlo al extranjero.
La policía asegura en su informe que muy pocas veces se logra inmovilizar el dinero antes de que salga de España. Los intermediarios, conscientes o no de la ilegalidad, sí quedan a merced de la policía, pero "los autores intelectuales" salen impunes: actúan desde países "con un grado bajo de cooperación judicial-policial internacional", señala el informe. Y añade que pocas veces los jueces españoles acceden a enviar comisiones rogatorias a esos países. Y cuando lo han hecho por tratarse de sumas de dinero muy elevadas y de organizaciones delictivas de alto nivel, "el resultado ha sido prácticamente nulo". A ello se une que cada juzgado, a pesar de tratarse "de una estafa de ámbito nacional", suele llevar sus casos de forma individual y no hay constancia de que se inhiban "a la Audiencia Nacional".
Los agentes admiten que, agotada la búsqueda del dinero en España sin éxito, suelen "archivar" las investigaciones sin haber podido recuperarlo.
EL PAÍS, Lunes 10 de noviembre de 2008

jueves, 25 de septiembre de 2008

Los lácteos chinos están en España

El País - Madrid
La alarma por la contaminación de leche en China ha llegado a España, donde ayer podían encontrarse en las tiendas caramelos de una marca implicada en el escándalo de la melamina, una resina industrial utilizada para adulterar la leche que ha causado ya al menos cuatro muertes de bebés y la intoxicación de 53.000 pequeños en el país asiático. Los caramelos White Rabbit, que según análisis realizados en Hong Kong y en Nueva Zelanda contienen la sustancia, y que han sido retirados del mercado en el Reino Unido, eran localizados ayer en Sevilla por la organización de consumidores Facua y todavía por la tarde en tiendas asiáticas visitadas por EL PAÍS en Barcelona.
La Comisión Europea decidió ayer la retirada del mercado de cualquier producto destinado al consumo infantil que tuviera lácteos procedentes del país asiático. Aunque la leche de China estaba prohibida en Europa desde 2002 por falta de garantías, ahora se incluye en otros productos como golosinas o bollería.
La medida urgente va acompañada de la orden de analizar todos los alimentos chinos que tengan al menos un 15% de leche en polvo. "Se trata de asegurar que estamos completamente protegidos", señaló ayer una portavoz comunitaria. El año pasado, los Veintisiete importaron 19.500 toneladas de golosinas chinas con lácteos en su composición. El embargo entra en vigor hoy. "Tenemos que subir un grado nuestras medidas de prevención", dijo la portavoz de Consumo, Nina Papadoulaki.
El umbral del 15% aplicado a caramelos, chocolates o galletas se ha fijado según un análisis de riesgo para la salud de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). De acuerdo con su estudio, que concluyó que la contaminación era igual que la más alta encontrada hasta ahora, los adultos no están en peligro. Pero, en cambio, los niños que consumen a menudo chucherías estarían más expuestos a sufrir daños renales.
El Ministerio de Sanidad y Consumo español transmitió ayer la orden de la retirada a las comunidades. En Cataluña, los caramelos White Rabbit podían encontrarse en, al menos, tres formatos distintos: bolsas de 227 gramos, cajas de 454 gramos y caramelos de crema de fresa (que también contienen leche condensada y en polvo) de 200 gramos. En al menos media docena de locales del centro de Barcelona se vendían con absoluta normalidad y sin advertencia alguna. La Generalitat dijo que no los había localizado pese a tener constancia de su existencia por diversas llamadas de consumidores.
El Gobierno catalán señaló que tardará tiempo en conseguir la retirada ante la dificultad de localizar un producto que entra al país de forma ilegal. Ninguno de los envases de los caramelos localizados ayer por este diario dispone de una autorización que no sea la original, escrita en mandarín. Su única referencia en español es un burdo adhesivo en el que puede leerse: "Caramelo de leche". EL PAÍS intentó, sin éxito, contactar con las dos empresas que constaban como importadoras: la francesa Paris Store, SA, y la española Xin Shi Dai, SL, afincada en Pinto (Madrid). La primera de estas empresas no contestó al teléfono, mientras la segunda sólo atendía en mandarín y sin ningún responsable que entendiera el castellano.
Los inspectores del Ayuntamiento de Sevilla que acudieron ayer a dos establecimientos de alimentos de importación chinos en Sevilla capital, Hiper Oriente I y II, no encontraron ni rastro de los caramelos White Rabbit Creamy Candies. En el Hiper Oriente I los dueños admitieron que habían comercializado este producto hace apenas tres días. "Entonces vimos esta noticia", dice la regente mostrando un periódico en chino. En el centro de la página, dos guardias chinos entran en una tienda y se llevan las bolsas de caramelos. El conejo blanco de la marca puede verse con claridad en la fotografía. "Nos dimos cuenta de que eran malos y los devolvimos al fabricante", afirma.
El subdirector de Seguridad Alimentaria y Medioambiental de la Consejería de Salud de Andalucía, José Antonio Cordero, confirmó que los propietarios habían devuelto los caramelos a su proveedor en Madrid. "Creemos que estos caramelos llevan años vendiéndose en España y desconocemos aún su nivel de contaminación, no podremos saberlo hasta que un análisis determine el porcentaje de melamina que contienen", dijo Cordero.
El subdirector de Seguridad Alimentaria adelantó que en los casos que se han detectado en otros países, concretamente en Nueva Zelanda, este producto contenía 180 partes por millón de melamina, una sustancia que "no debe estar presente en absoluto, puesto que no es un componente de la leche y puede ser tóxica".
Este periódico rastreó ayer cinco bazares en Madrid y dos supermercados. No encontró los caramelos White Rabbit, aunque sí algunos tipos de dulces que contenían sucedáneos lácteos: una gelatina que contenía, según su etiquetado, leche en polvo sin grasa y unos bombones con nata.

Vigilancia compartida
- Controles. Los alimentos y otros productos de uso o consumo humano tienen unos sistemas de control en red. La UE, el Ministerio de Sanidad y Consumo y las comunidades autónomas forman parte del entramado, con el fin de asegurar la calidad y evitar trabajos redundantes.
- Entrada. Los productos que no llegan de la UE tienen que pasar un triple control en las aduanas: primero, documental, en el que el importador presenta todos los informes y certificados del país de origen, explica el subdirector de Sanidad Exterior, Óscar González; segundo, de identidad, en el que se comprueba que es lo que se dice; el tercero, físico. Éste es normalmente visual, salvo que haya una alerta previa o que haya una campaña específica (por ejemplo, dulces navideños en diciembre). Una vez pasados estos tres controles -que son iguales en todas las aduanas de la UE-, el producto tiene libre tránsito.
- Inspecciones. Al margen de los permisos, Sanidad Exterior y las consejerías de Consumo realizan análisis aleatorios de todo lo que entra en España, tanto en la aduana como en los lugares de venta o a lo largo de la cadena.
- Alertas. Los avisos sobre el riesgo de un producto pueden partir de cualquiera de los responsables: la UE, el Ministerio de Sanidad y Consumo o las consejerías. A su vez, estos organismos actúan por sus inspecciones o ante denuncias.
Con información de Margot Molina, Lidia Jiménez, Ricardo M. de Rituerto, Maruxa Ruiz del Árbol, Ferran Balsells y Emilio de Benito.
EL PAÍS, Viernes 26 de septiembre de 2008
Imagen: El País

martes, 23 de septiembre de 2008

China reconoce que ya tiene 53.000 bebés intoxicados

E. DE B. / AGENCIAS - Madrid / Pekín -
En una semana, las autoridades chinas han pasado de reconocer que en el país había 6.000 bebés afectados por tomar leche contaminada con melamina (una resina artificial que daña los riñones) a admitir que en el país hay 53.000 niños enfermos, 13.000 que han tenido que ser hospitalizados y otros 40.000 intoxicados. Hasta la fecha, ha habido cuatro muertes.
La crisis ha supuesto la destitución del director del organismo encargado de garantizar la calidad de los alimentos, Li Changjiang. Pero el alcance de la adulteración, en la que están involucradas las mayores empresas lácteas del país, ha puesto en jaque las medidas adoptadas por el Gobierno, que sólo le ha dado publicidad ahora, cuando la empresa Sanlu, la principal implicada ya sabía el 1 de agosto (una semana antes de que comenzaran los Juegos), que había productores que añadían melamina a la leche.
Las sospechas han sido formuladas por el periódico Southern Weekend, y recogidas por el China Digital Times. Este último sugiere que el retraso se debe al punto octavo de la Directiva sobre Información Olímpica del Departamento de Propaganda, que dice que "todos los temas de seguridad alimentaria, como la posibilidad de que el agua mineral cause cáncer, están prohibidos". La primera acusación la hizo un periodista en su blog, pero la censura la ha eliminado.
Por otro lado, la multinacional Nestlé ha admitido que ha retirado de Hong Kong productos con melamina, aunque ha añadido que la concentración del contaminante "no comportan riesgo alguno para la salud de los consumidores" y es 25 veces inferior al máximo permitido por la UE.
EL PAÍS, Martes 23 de septiembre de 2008
Imagen: El País