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viernes, 27 de mayo de 2011

¿Están caducadas las fechas de caducidad?

Cristina G. Lucio / Madrid


Tiene hambre y la despensa esta prácticamente vacía. Tan sólo queda un paquete de galletas en un estante, pero trae malas noticias impresas en su envoltorio: la fecha de consumo preferente expiró tres días atrás. ¿Qué hace? ¿Se las come? ¿Las tira por temor a una intoxicación?
Las autoridades británicas se están planteando acabar con este tipo de dudas alimentarias de un plumazo. Su intención es eliminar las distintas etiquetas que se utilizan hoy en día para indicar la vida útil de un producto y apostar por una única información que haga referencia al momento en que su consumo puede ser peligroso para la salud. La iniciativa, que de momento sólo pretende guiar a productores e intermediarios, tiene como objetivo evitar que se sigan tirando diariamente toneladas de comida en buen estado.
"Estoy consternada por la cantidad de alimentos que van a la basura cada día. Si las fechas de la etiqueta son parte del problema, entonces tendremos que hacer algo para solucionarlo", ha señalado Caroline Spelman, secretaria de Medio Ambiente de Reino Unido.
Aunque en menor medida que en el país británico, en España también existen distintas denominaciones para establecer el periodo en el que un producto puede consumirse con total seguridad. En general, se utiliza la 'fecha de caducidad' con los productos muy perecederos, como los preparados cárnicos, en los que la presencia de microorganismos puede resultar muy peligrosa tan sólo unos días después de su preparación.
En cambio, en los alimentos en los que el paso del tiempo es menos nocivo –como el caso de las galletas o los cereales– suele utilizarse la indicación 'consumir preferentemente'. "Esta etiqueta se refiere más al hecho de que, tras la fecha indicada, las propiedades nutricionales y organolépticas de ese alimento no son las mismas. Puede perder sabor, textura, color... pero no hay un peligro inminente de seguridad alimentaria siempre que se cumplan las condiciones de conservación", explica Emilio Martínez de Victoria, director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada.


Plazos
En principio, son los fabricantes quienes establecen los plazos de caducidad, siguiendo unas indicaciones generales que marca la ley.
Según un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) hace unos años, la vida máxima que generalmente se establece, por ejemplo, para un yogur –desde su elaboración y siempre que se conserve debidamente en el frigorífico– ronda los 28 días. La pasta fresca puede sobrevivir tres semanas si está adecuadamente refrigerada, mientras que, en el caso de las galletas, su viabilidad suele ser mayor a los seis meses.
Si la vida del producto es menor a tres meses, debe aparecer el día, mes y año en que dejará de ser apto. Si el periodo está comprendido entre los tres y los 18 meses, basta con indicar el mes y el año y, finalmente, si se superan los 18 meses, simplemente hay que hacer referencia al año a partir del cual su consumo no se recomienda.
Algunos productos, como las bebidas alcohólicas de más de 10 grados o el vinagre, están exentos de la obligación de indicar su fecha de caducidad ya que, en general, se considera que consumirlos mucho tiempo después de su elaboración no entraña riesgos para el organismo humano.
Para Ileana Izverniceanu, portavoz de la OCU, la coexistencia de las dos indicaciones de tiempo de utilización de los alimentos no tiene por qué suponer un problema. "Lo que hay que conseguir es que la gente aprenda a interpretarlas, que sepa que comer una magdalena pasada de fecha dos días no le provocará una intoxicación", señala.
En su opinión, sí sería necesario establecer claramente, y por normativa legal, qué productos deben utilizar la fecha de caducidad y cuáles el consumo preferente ya que, en algunos casos, esto queda a elección del fabricante. "El próximo reglamento de información al consumidor, que se está debatiendo en Europa, debería regularlo", concluye.



EL MUNDO, Viernes 27 de mayo de 2011

Imagen: El Mundo

jueves, 26 de mayo de 2011

Mucho ojo a la etiqueta

ARANCHA SERRANO
Comprar en el súper es un gesto automático en muchos casos, pero cada día son más los que se detienen a leer las etiquetas, y descubren, asombrados, que sus pretendidos espárragos navarros son en realidad de China o de Perú. "Creemos que el consumidor está cada vez más preocupado por lo que come", asegura Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), "otra cosa es que entienda la etiqueta o que esta sea rigurosa. Hay sobreinformación y eso enmascara muchas deficiencias".

El etiquetado no es un tema de reclamación o consulta habitual, admite la OCU, pero uno de los más frecuentes es el de la procedencia o naturaleza de los productos. Mejillones o espárragos suelen esconder en letra pequeña su verdadero origen, propiciando el engaño con el nombre de la marca (El hórreo, por ejemplo) o el lugar donde han sido envasados.
Otras quejas hacen referencia a la confusión entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente. En el primer caso, si el alimento se consume con posterioridad puede suponer un riesgo para la salud. En productos no perecederos (aceite, arroz...), se usa la fecha de consumo preferente: no hay riesgo para la salud si se consumen tras la fecha, pero se pierde su calidad óptima (pueden ponerse rancios o perder color).
El matiz 'light'
Tampoco es lo mismo un producto light que uno bajo en calorías. Según la Comisión Europea, un producto light ha reducido grasas o azúcares -o ambos- un mínimo del 30% (ojo: recuerde que a veces solo reducen grasas y mantienen los azúcares, o viceversa). Para que sea bajo en calorías debe tener un aporte calórico inferior a 40 kcal por 100 g si es sólido, o 20 kcal por 100 ml si es líquido.
El helado, la nata o las patatas fritas light no pueden ser bajas en calorías si su aporte calórico es superior al indicado. Se ha comprobado que, además de ser más caros, algunos productos lights y bajos en calorías tienen más grasas, azúcares y calorías que otros que se anuncian como tales. Así, es fácil comprobar que las tradicionales galletas María son mucho menos calóricas que muchas galletas dietéticas.
En cuanto a zumos, todos los envases se parecen, pero las diferencias son notables: su porcentaje de fruta puede variar desde el 10% de los refrescos hasta el 55% de los néctares o el 100% de los zumos. Hay zumos a base de concentrado (más industriales) y exprimidos (más naturales). Y en los exprimidos, hay quien tritura toda la naranja, incluyendo la piel, y quien añade la pulpa pasteurizada.
Soja, bífidus y otras modas
Hace unos años, la denominación 'Bio' desapareció de muchos productos por una legislación europea que ponía fin al abuso del término, limitando su uso a los que provienen de la agricultura ecológica.
Ahora la soja enriquece multitud de alimentos pero ¿son reales sus anunciados beneficios? "La soja es un alimento con unas cualidades nutricionales muy buenas, el problema es cuánta soja hay que comer para que realmente se note el supuesto efecto beneficioso», explica Enrique García, de la OCU. Lo mismo puede decirse del calcio y las vitaminas añadidas, cuya asimilación por el organismo es mínima. «La cantidad de vitaminas, calcio, soja... que llevan muchos productos es tan pequeña que habría que tomar grandes cantidades para que se notaran sus efectos. Antes que tomar alimentos enriquecidos con soja, a lo mejor conviene tomar la propia soja. Desde luego al bolsillo le conviene», puntualiza el portavoz.
Por otro lado, distintas asociaciones médicas sostienen que el abuso de productos prebióticos, con fibra y fermentados con bífidus y otras bacterias altera el normal funcionamiento del aparato digestivo y recomiendan su consumo en situaciones puntuales. Silvana Iezzi, nutricionista de Vitalista opina que solo serían perjudiciales si se consumieran de forma excesiva: "Estos alimentos, llamados funcionales porque han sido creados para cumplir una función, son saludables y no hay problema por tomarlos con frecuencia. Complementan an alimentacion equilibrada, pero no se puede basar la alimentación en ellos". Y hace una advertencia: las beneficiosas bacterias de esta clase de productos sólo mantienen sus propiedades si se conservan en frío. Al sacarlos de la nevera, y pasadas una o dos hora, mueren.
Atención a los aditivos
Para la OCU, cuantos menos aditivos tenga un alimento, mejor: recomiendan evitar colorantes, estabilizantes, potenciadores del sabor (glutamato monosódico) y edulcorantes como el aspartamo (E 951). Los expertos mantienen posturas enfrentadas sobre sus posibles efectos negativos. "A día de hoy no está probado científicamente que su consumo favorezca la aparición de enfermedades -dice Silvana-, pero aún están por conocerse sus efectos a largo plazo".


Lo que no hay que perder de vista
Hay que comprobar los ingredientes para saber si el alimento lleva alérgenos o si incluye todo lo que anuncia (una paella con marisco que nadie encuentra, platos sin sal que sí la llevan...). Se recomienda evitar el aceite de palma, de coco o de otro vegetal sin especificar, así como la grasa vegetal parcialmente hidrogenada.
La información nutricional es de gran ayuda para elegir entre un producto y otro: hay que asegurarse de que las raciones estén unificadas (100 g o ml). Se recomiendan los productos con menos sodio y grasas saturadas. Es importante que se vigile este datos en productos como el pan de molde, donde la presencia de estos elementos es especialmente elevada. Muchos nutricionistas apuestan, en este sentido, por elegir una barra de pan antes que el pan de molde, y dentro de los panes de molde, los integrales y los de harina de centeno, más saludables ya que evitan la harina refinada de harina.



20 MINUTOS, Miércoles 25 de mayo de 2011

lunes, 15 de febrero de 2010

Cómo saber qué engorda por su etiqueta

Beatriz Muñoz – Madrid
Confusión. Éste es, sin duda, el calificativo que mejor define a las etiquetas que aparecen en cualquier producto. Demasiados términos, cifras descompensadas y, sobre todo, dificultad a la hora de poder interpretarlas y sacar algo claro. Esta situación se vuelve todavía más complicada cuando el consumidor va en busca de alimentos para perder peso o que, en su defecto, contengan pocas calorías y grasas. Pero, ¿en qué hay que fijarse y qué elementos nos dan la clave de que se está eligiendo bien? Según explica Emma Ruiz Moreno, directora de proyectos de la Fundación Española de Nutrición (FEN), el orden de elementos más importante reside en “energía, macronutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas, micronutrientes como vitaminas y minerales y fibra. Sin embargo, la calidad la da el equilibrio entre ellas, y a que, aunque a priori tenga pocas calorías, si la grasa en básicamente saturada o tiene mucho sodio, el producto no es tan saludable”. Por tanto, la medida más sencilla reside en conocer qué hay detrás de los elementos que aparecen en una etiqueta.
1.- CALORÍAS
Corresponden al aporte energético que posee un producto. Para Susana Santiago Neri, dietista – nutricionista y miembro del Instituto de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Navarra (Icaun), “es preciso distinguir entre los denominados alimentos light para los que, según la legislación vigente, se contemplan tres categorías; si aparecen como “bajo valor energético”, el producto debe aportar menos de 40 calorías por cien gramos de producto sólido o 20 calorías por cien mililitros si se trata de uno líquido. Si en la etiqueta pone “valor energético reducido” corresponde a los líquidos con menos de cuatro calorías”. En el caso de que se trate de productos que están destinados para las dietas de control de peso, la legislación establece, según Santiago, que “los sustitutivos de una comida deben aportar entre 200 y 400 calorías”.
2.- GRASAS
La cantidad y la calidad son la clave para identificar cuál es la más indicada. Por ejemplo. las saturadas y parcialmente hidrogenadas o “trans” son las más nocivas por su directa vinculación con las patologías cardiovasculares. Sin embargo, las poliinsaturadas como las del aceite de oliva con las más beneficiosas para la salud. Según la doctora Joima Penisello, presidenta de la Fundación para el Fomento de la Salud (Fufosa), “hay que evitar los alimentos preparados con grasas que se sospeche que pueden ser hidrogenadas, escondidas habitualmente bajo el término de vegetales”. Aunque no tiene un carácter obligatorio, muchas empresas han optado por incluir en el etiquetado el concepto de cantidad diaria orientativa (CDA). Según Santiago, “para una ingesta diaria de energía de 2.000 calorías, se ha establecido una CDA de 70 gramos de grasas al día y 20 gramos de saturadas”. Actualmente, los límites establecidos son, tal y como explica la experta, “bajo contenido en grasa”, si el producto “no contiene más de tres gramos por cada cien en el caso de los sólidos o 1,5 gramos por cada cien mililitros si se trata de un líquido”. Si aparece bajo la denominación “sin grasa”, el producto “no debe tener más de 0,5 gramos”, añade. Y, en el caso de “bajo contenido en grasas saturadas”, lo establecido está en “si la suma de ácidos grasos saturados y de ácidos grasos trans en el producto no es superior a 1,5 gramos por cada cien gramos para los productos sólidos y a 0,75 gramos por cien mililitros para los líquidos. En cualquier caso, la suma de ácidos grasos trans no deberá aportar más del diez por ciento del valor energético total”, advierte Santiago.
3.- AZÚCAR
En la mayoría de los productos destinados para perder peso se suele sustituir el azúcar por edulcorantes. Sin embargo, Ruiz advierte de que “aunque no aporte calorías, si lleva fructosa, que es un monosacárido como la glucosa, tendría las mismas calorías”. Pese a que el límite es de 90 gramos al día, Santiago insiste en que si en la etiqueta aparece “sin azúcares”, el producto “debe contener menos de 0,5 gramos por cada cien gramos o cien mililitros”. En cuanto a la denominación “bajo contenido en azúcares”, el límite se halla en “cinco gramos en el caso de los sólidos y 2,5 gramos si se trata de un líquido”. En el caso de que en la etiqueta aparezca “sin azúcares añadidos”, conviene saber que sólo se puede establecer cuando, según Santiago, “no se ha añadido ningún tipo de azúcar ni ingrediente con el fin de endulzar el producto”.
4.- COLESTEROL
Al no estar catalogado como un nutriente esencial, no es obligatorio que aparezca en el etiquetado. Sin embargo, “la cantidad que ingerimos normalmente es del orden de miligramos, por lo que su contribución energética no es significativa (un gramo de grasa aporta nueve calorías). Sí que es cierto que se recomienda una ingesta promedio de aproximadamente 300 miligramos al día, por el riesgo cardiovascular asociado a su ingesta excesiva”. Aunque en ningún caso es recomendable una dieta rica en colesterol, Ruiz advierte de que la clave para reducirlo reside en disminuir “los ácidos grasos saturados y grasas trans”.
5.- SODIO
Pese a que su ingesta no engorda, su abuso se puede convertir en el principal enemigo de unos niveles de tensión adecuados. Preside desde todo tipo de embutidos, snacks y conservas. Por ello, según Ruiz “las recomendaciones actuales se sitúan en 6 gramos al día”. Los límites que ha marcado la legislación en cuanto a su presencia en el etiquetado son: “ si aporta menos de 0,12 gramos por cada cien gramos estamos ante un producto con bajo contenido en sodio. Si aparece la denominación muy bajo contenido en sodio, significa que no supera los 0,004 gramos por cien miligramos. Por último, cuando se supone que el producto no contiene sodio, el límite máximo está en 0,005 gramos”.
6. – FIBRA
Es el producto estrella de cualquier alimento para controlar la línea o para mejorar el tránsito intestinal. Sin embargo, “la mayoría contienen una mezcla de dos tipos de fibra, pero algunos destacan por contener más proporción de uno de ellos”, aclara Ruiz. Teniendo en cuenta la legislación, para que en la etiqueta aparezca el término fibra “debe aportar como mínimo seis gramos por cada cien, o tres por cada cien calorías”, explica Santiago. Asimismo, continúa la experta “también se admite la declaración fuente de fibra en el caso de que aporte como mínimo tres gramos por cada cien o 1,5 por cien calorías”. Para saber cuál es la más adecuada para cada persona, conviene tener en cuenta “el efecto fisiológico que se desee conseguir. Así, la insoluble es más efectiva para combatir el estreñimiento, mientras que la soluble contribuye a controlar la glucosa y el colesterol”, concluye Santiago.
Luz y taquígrafos
Miguel Ángel Almodóvar
La claridad y la precisión del etiquetado de los alimentos ha mejorado en los últimos años, pero aún queda camino por recorrer. Para empezar, siempre convendría que las cantidades se referenciaran respecto a la Cantidad Diaria Recomendada (CDR). La energía, expresada en kilocalorías, y cuya cantidad depende del sexo, la edad y la actividad física habitual, debiera provenir en un 55 por ciento de hidratos complejos, el 30 por ciento de grasas y el 15 por ciento de proteína; éstas, las proteínas, entre 0,7 y 0,8 gramos diarios por kilo de peso; la fibra, sabiendo que el organismo necesita entre 25 y 30 gramos al día; vitaminas y minerales, todo un mundo; y grasa, que en el etiquetado suele ser la madre del cordero, ya que aún se admite el eufemismo de “grasa vegetal”, para encubrir saturadas grasas de palma y coco. El capítulo final, el de los aditivos, suele ser de matrícula de honor, porque a veces esconden sustancias tan preocupantes y adictivas como el glutamato monosódico.
A TU SALUD – LA RAZÓN, Domingo 14 de febrero de 2010

miércoles, 21 de enero de 2009

La Unión Europea regula el etiquetado de los productos 'libres de gluten'

CRISTINA G. LUCIO
MADRID.- A partir de ahora, para un celiaco hacer la compra será un poco más fácil. Este lunes ha entrado en vigor un reglamento europeo que establece cómo ha de ser el etiquetado de los productos considerados como aptos para este colectivo.
Según esta norma, aprobada por la Comisión Europea a partir de una propuesta española, sólo se podrá etiquetar como 'sin gluten' cualquier alimento convencional cuyo contenido de gluten no supere los 20 mg/kg.
Es decir, de aquí en adelante, todas las empresas que quieran destacar que sus productos son aptos para celiacos deberán garantizar que en su producción se respeta este límite.
El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, ha explicado en rueda de prensa que este nuevo reglamento "de aplicación inmediata" supone un paso muy importante para mejorar la calidad de vida de los celiacos.
"Significa simplificar mucho el proceso de compra", ha remarcado Soria, quien adelantó que, según sus estimaciones, el número de productos alimenticios disponibles pasará de 4.000 a 10.000.
Esta ampliación de la oferta en el mercado "supondrá además un importante ahorro para las familias [hasta un 30% de abaratamiento]", según las palabras del ministro, cuya intervención ha estado apoyada por los representantes de las principales asociaciones de celiacos del país.
Para Matilde Torralba, presidenta de la Unión Española de Celíacos-Celíacs de Catalunya, la iniciativa es un éxito porque "va a dar seguridad a las empresas, que antes no sabían a qué atenerse".
Según datos de Sanidad, hasta el 70% de los productos presentes en el mercado no contienen gluten, sin embargo, muchos de dichos alimentos no indicaban la ausencia de gluten en los mismos al no existir un límite legal establecido.
Alimentos con 'poco' gluten
La normativa también contempla que podrán etiquetarse como "alimentos con muy bajo contenido en gluten" aquellos en los que la presencia de la proteína sea inferior a 100 mg/kg.
Esto, según ha explicado Soria, se debe a que "el reglamento tiene que reconocer culturas alimenticias de todo tipo". El ministro ha señalado que probablemente la presencia de este tipo de productos en nuestro país "será muy escasa", aunque las Asociaciones de Celiacos han querido remarcar que estos alimentos no se consideran aptos para celiacos.
Consultada por elmundo.es, la presidenta de la Asociación de Celiacos de Madrid, Manuela Márquez, ha destacado que será necesario explicar claramente a los enfermos que está científicamente demostrado que un producto que contenga un contenido en gluten superior a 20 mg/kg puede resultar dañino para el celiaco.
Desde Sanidad, se indica que el reglamento ya recoge "la necesidad de que cada estado miembro a nivel nacional lleve a cabo campañas informativas para garantizar un uso adecuado de los productos destinados a los celiacos".
Iniciativa española
Hace algo más de un año, el Gobierno presentó una iniciativa de apoyo a los celiacos que, entre otras medidas, preveía la elaboración de un Real Decreto sobre el etiquetado de los productos.
En el borrador de este documento anunciado por Sanidad se anunciaba que "cualquier producto debería indicar de forma obligatoria si su contenido de gluten era superior al límite establecido".
Sin embargo, tras su paso por Europa, la normativa ha resultado menos ambiciosa. Según ha explicado Soria, "se ha aceptado la propuesta [de Europa] ya que es una fórmula que protege igualmente al celiaco".
Las Asociaciones de celiacos presentes han ratificado las palabras del ministro y han manifestado su satisfacción con la normativa. Según sus palabras, esta iniciativa puede suponer que dentro de poco tiempo dejen de editarse las 'listas de alimentos aptos' que estas organizaciones suelen repartir entre sus socios.
El presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, Roberto Sabrido, ha aclarado por su parte que habrá un periodo de tres años en los que cohabitarán en el mercado productos adecuadamente etiquetados con otros cuyas indicaciones no estén actualizadas. Con todo, ha matizado que esto afectará a un porcentaje pequeño de productos, como las conservas, ya que la mayoría se fabrica para ser consumido a corto plazo.
Finalmente, Soria ha querido destacar que el Plan de Apoyo a las personas con intolerancia al gluten también se ha materializado en la elaboración de un protocolo de detección precoz de la enfermedad celiaca y un mapa epidemiológico de esta patología que está en proceso, entre otras medidas.
EL MUNDO, Jueves 22 de enero de 2009

lunes, 15 de diciembre de 2008

Lidl es la marca con más errores en el etiquetado

IGNACIO F.ZABALA
Los productos con marcas del distribuidor han experimentado un importante incremento en la cesta de la compra de los consumidores en época de crisis, hasta el punto de que pueden representar un ahorro del 30%. Sin embargo, la mayoría incumple las normas de etiquetado, según se desprende de un estudio de la Unión de Consumidores de España (UCE).
El informe analiza 110 productos alimenticios pertenecientes a ocho cadenas: Carrefour, Alcampo, Eroski, El Corte Inglés, Consum, Día, Mercadona y Lidl.
La cesta básica de la compra utilizada está compuesta por 14 productos: leche enriquecida, yogur, lácteo con bífidus, galletas, café, desayuno, zumo, aceite de oliva, pasta, arroz, conservas de atún o sardinas, bebida de té y bebida isotónica.
La conclusión es que el 55% de los productos examinados contienen incorrecciones en el etiquetado. El porcentaje se eleva al 77% en el caso de Lidl, y hasta el 64% en Carrefour, Alcampo y Día. Las marcas más cumplidoras son El Corte Inglés, con un 46% de etiquetas con incorrecciones y Eroski, Mercadona y Consum, con un 43%.Según José María Roncero, presidente de la UCE, "no se trata de incumplimientos graves, pero pueden inducir a error a los consumidores". Así, por ejemplo, no figura la dirección completa del responsable del producto; no aparece la cantidad de consumo recomendada de a´gún ingrediente destacado en la etiqueta (productos con Omega 3); la denominación de venta no es correcta (bebida isotónica) o no figura en lugar destacado alguna indicación obligatoria sobre consumo preferente, cantidad o naturaleza (zumos de frutas donde no aparece la denominación elaborado a base de concentrado). La UCE denuncia que el precio no puede ser excusa para rebajar la exigencia en el etiquetado, de ahí que reclame el cumplimiento de la normativa para que la UCE siga recomendando estos productos.

Ojo con los refrescos
Los productos con mayor número de incorrecciones son los refrescos de té y las bebidas isotónicas, donde el 100% de los analizados contenían algún error, sobre todo porque en este último caso su composición no se ajusta a las especificaciones de los comités científicos sobre alimentos adaptados a un intenso desgaste muscular. Les siguen las conservas de pescado (se utiliza el termino sardina en lugar del de sardinilla, por ejemplo), las galletas, los cereales (no figura el proceso de elaboración o el nombre del cereal básico) y la leche enriquecida. Los mejor etiquetados son el café, la pasta y el arroz.
Ronceró asguró que la UCE pondrá el estudio a disposición de las cadenas de distribución interesadas y lo remitirá a los responsables del Instituto Nacional de Consumo y del Ministerio de Sanidad, así como a los integrantes de la Comisión Institucional de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria.

NEGOCIO&FINANCIERO, Lunes 15 de diciembre de 2008

jueves, 13 de noviembre de 2008

Un DNI para los productos pesqueros

MIGUEL G. CORRAL
MADRID.- Son las 11 y media de la mañana. Es hora punta en el madrileño mercado de Maravillas. Desde lejos se puede apreciar como una de las pescaderías presenta un lleno espectacular. Apenas se puede alcanzar la primera fila para pedir. Un enorme cartel en el que aparece el cantaor Diego 'El cigala' reza: "La etiqueta lo dice todo de mí, con el pescado pasa lo mismo". "Están presentando estas etiquetas que te dicen de dónde viene cada pescado", aclara una señora, "es como el DNI de los peces".
No todo el mundo lo sabe, pero desde el año 2004 los mayoristas y las pescaderías están obligadas a identificar en toda España todos los productos de la pesca, de la acuicultura y del marisqueo, tanto si son frescos como si están congelados.
Por ese motivo, el FROM (Fondo de Regulación y Organización del Mercado de los Productos de Pesca y Cultivos Marinos) está realizando una campaña informativa sobre el etiquetado de este tipo de productos alimenticios.
Esta información se difundirá en 630 mercados tradicionales, 115 supermercados y 55 hipermercados distribuidos por toda la geografía española, a través de 800 puntos de venta de pescado, en los cuales se facilitará información detallada al consumidor sobre la obligación que tienen las pescaderías de etiquetar correctamente los diferentes productos pesqueros.
En concreto, el DNI del pescado debe contener información sobre la denominación comercial de cada especie (merluza, rape, pescadilla...), dónde ha sido capturado, con qué método de extracción y cómo viene presentado, si es entero, fileteado, etcétera.
"Nosotros no podemos sancionar a las pescaderías que no cumplan con la obligación, eso le corresponde a las autonomías", asegura a ELMUNDO.ES el secretario general del Mar del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino y Presidente del FROM, Juan Carlos Martín Fragueiro. "Nuestro objetivo es informar al público para que demande a sus establecimientos esta información y lograr así el 100% de productos etiquetados".
Mediante este tipo de etiquetas es posible garantizar la trazabilidad de cada producto, es decir, podemos hacer un seguimiento del pescado y asegurar que ha sido pescado de forma legal y que es seguro desde un punto de vista alimenticio. "La etiqueta es un sello de garantía que aporta al consumidor más confianza en el producto", afirma Fragueiro.
"Nosotros llevamos haciéndolo desde hace un año y medio", asegura Ramón Vara, de la pescadería la Boutique del Mar donde se realizó la presentación de la campaña, "y la gente lo demanda, quieren información y nos piden más pescado que proceda de pesquerías de España y también que haya sido extraído con pincho".
Además, la campaña incluye un spot de televisión, protagonizado por Diego 'El Cigala', que se emitirá hasta mediados de diciembre en las cadenas nacionales y autonómicas.
EL MUNDO, Jueves 13 de noviembre de 2008