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domingo, 17 de mayo de 2009

Alimentos que ayudan...aunque no curen

M. GESTO LAGÜELA
Ayudan a controlar el colesterol, a mantener la raya la tensión arterial, a mejorar el tránsito intestinal, a reforzar el sistema inmunológico...Los productos "enriquecidos" ganan terreno en nuestra mesa. Son alimentos saludables, aunque no deben usarse como si fueran medicinas.
Cada vez son más los que se sientan a la mesa preocupados no sólo de alimentarse, sino de mejorar su salud. En España hay más de 200 tipos de alimentos funcionales y su uso va en aumento. Ayudan a controlar el colesterol, a mantener a raya la tensión, a mejorar el tránsito intestinal ...
Los expertos recuerdan la importancia de llevar una dieta sana y mantener un estilo de vida activo, y alertan de la confusión que generan los continuos cambios en los mensajes nutricionales: " Los alimentos se están usando casi como fármacos, poe lo que no estaría de más que se demostraran aquellas propiedades curativas que se les atribuyen", explicaba la doctora Susana Monereo en la jornada "De la obesidad a la alorexia: controversias en la alimentación actual", organizada por Ciencias de la Salud y el Instituto Tomás Pascual. Estos alimentos no curan y su inclusión en la dieta debe ser aconsejada por un médico.
¿Qué son los alimentos funcionales?
Seguramente en más de una ocasión has visto un producto enriquecido con Omega 3, rico en fibra o calcio ... Se trata de alimentos funcionales. Son aquéllos que, además de sus propiedades nutricionales, contienen componentes que afectan a funciones vitales del organismo de forma positiva.
¿Cuáles son sus propiedades?
Sus propiedades ayudan, dentro de una dieta saludable, al desarrollo, metabolismo, defensa antioxidante, sistema cardiovascular o funcionamiento intestinal.
CONTROLAR EL COLESTEROL
¿Son efectivos los productos enriquecidos con omega-3?
Los omega-3 y omega 6 son ácidos grasos poliinsaturados, que tienen efectos cardioprotectores. Reducen el colesterol y los triglicéridos en sangre, así como el riesgo de formación de trombos o coágulos. Estos ácidos están presentes de forma natural en el pescado azul, los frutos secos y algunos aceites de semillas.
MEJORAR LA FIGURA
Los "bajos en calorías" se hacen un hueco en la nevera
Son los más generalizados. Sustituyen el azúcar por edulcorantes como el sorbirtol, xilitol, etc. Son menos calóricos y no provocan caries, pero en grandes dosis pueden prococar diarrea.PARA MEJORAR EL TRÁNSITO
La fibra dietética se cuela en yogures, leche o galletas
La fibra actúa sobre la flora del intestino, por lo que aumenta la sensación de saciedad y ayuda a regular el tránsito intestinal. Los expertos recomiendan ingerir 30 gramos al día, en el caso de los adultos. En la página web http://www.eurofir.org/ (en inglés) puedes consultar la composición de los alimentos y comprobar si lo que dice el envase se ajusta a la realidad.
Alimentos enriquecidos
La fibra se añade de modo artificial en galletas pan y otros cereales, y en determinados lácteos (leche con fibra soluble)
Fibra de verdad
Aparte de los cereales "All bran" (28 gramos de fibra por cada 100), los alimentos con más fibra son las judías, las habas y guisantes secos y el puré de patatas.
RICOS EN CALCIO
Batidos, zumos o yogures que miman tus huesos
Existen también alimentos funcionales enriquecidos con calcio, que se anuncian como efectivos para crecer con huesos fuertes o prevenir la osteoporosis. La vitamina D ayuda a la absorción de este mineral, por lo que se empieza a incluir en estos alimentos. El calcio se puede encontrar de forma natural en el queso (especialmente, el manchego), la leche y los derivados lácteos.
ALIADOS DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO
Hay alimentos enriquecidos con microorganismos que tuenen efectos beneficiosos en la salud. Son, generalmente, yogures frescos y leches fermentadas, enriquecidos con bífidus. Potencian el sistema inmunológico y pueden ayudar a las defensas en una situación normal. En el caso de infección recurrentes, conviene visitar al médico.
Relajantes
Ayudan a dormir
En España se comercializan alimentos funcionales que contienen ciertos aminoácidos con efecto hipnótico, por lo que ayudan a regular el sueño y mejorar las situaciones de ansiedad. La mayoría son bebibles.
Bajos en sal
Tensión arterial
En España el 35% de los adultos sufre hipertensión. Ya existen alimentos que ayudan a controlarla, pero se puede mejorar moderado el consumo de aceitunas, queso roquefort, panceta, jamón serrano o ketchup.

QUE, Lunes 18 de mayo de 2009

martes, 16 de diciembre de 2008

El fiasco de los suplementos vitamínicos

ANTONIO GONZÁLEZ - Madrid -
Varios estudios publicados en las últimas semanas han demostrado que los suplementos vitamínicos no son, como pensaban muchos usuarios y publicitan algunas farmacéuticas, la panacea para evitar algunas de las enfermedades que más muertes provocan en las sociedades occidentales, como son las dolencias cardiovasculares y varios tipos de cáncer.
En el caso del cáncer, dos amplios estudios publicados la pasada semana en la revista de la Asociación Médica Americana (JAMA) dejaban claro que los suplementos de vitamina C y E, así como la asociación de vitamina E con selenio, no reducen el riesgo de padecer cáncer de próstata, ni tampoco otros tipos de tumores. Otros dos estudios hechos públicos en noviembre llegaron a conclusiones similares en relación con la vitaminas D, B6 y B12 y el cáncer de mama.
El autor del editorial que acompaña a los dos últimos estudios, el profesor Peter H. Gann, de la Universidad de Illinois (Estados Unidos) explica a Público que no hay suficiente evidencia científica por ahora “para recomendar tomar estos suplementos para prevenir el cáncer o las enfermedades cardiovasculares”. Gann asegura que la dieta sigue siendo la mejor manera de alcanzar los niveles necesarios de vitaminas.
Y es que los expertos recuerdan que estos suplementos sólo deben consumirse en casos concretos de carencia –como ocurre en las embarazadas que precisan ácido fólico– pero que las personas sanas que ingieren una dieta equilibrada ya consumen la cantidad necesaria de vitaminas, que es un nutriente esencial para el buen funcionamiento del organismo.
En lo que respecta a las enfermedades cardiovasculares, otros datos procedentes de uno de los estudios anteriores, realizado sobre 15.000 médicos a lo largo de ocho años, revelan también que no hay vinculación alguna entre suplementos de vitaminas C y E y prevención de las enfermedades cardiovasculares. “Los últimos estudios revelan que no se deben tomar suplementos de vitaminas para prevenir problemas cardiovasculares”, explica José Ramón González Juanatey, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Santiago de Compostela. “La polémica ha quedado zanjada”, explica el especialista, que señala que en EEUU, y también en España, “hay mucha gente que toma estos productos con esa indicación”.

Alimentación variada
Por su parte, la jefa de la sección de Nutrición del Hospital Central de Asturias, Pilar Enterría, considera que, aunque “se ha generalizado el concepto de que tomando suplementos de vitaminas se está más sano y se previenen enfermedades, lo único realmente probado es que una alimentación variada se acompaña de un mejor estado de salud y previene diversas patologías”. A su juicio, esto se debe a que los nutrientes presentes en los alimentos tienen propiedades que se complementan, “y el efecto de los suplementos de vitaminas en forma de pastillas no es el mismo”. Además, advierte de que tomar suplementos “puede hacer pensar a la gente, y de hecho así es en la mayoría de los casos, que están teniendo unos hábitos sanos y descuidan la dieta”.
Pero no todos los ciudadanos siguen dietas equilibradas, advierte Jordi Roig, asesor médico de Merck Farma y Química, el laboratorio que lanzó la vitamina C al mercado en 1934. “Decimos que con la dieta mediterránea, rica en frutas y verduras, no haría falta tomar suplementos de vitaminas, pero en la práctica no todo el mundo sigue la dieta mediterránea ni toma cuatro o cinco piezas de fruta al día”, explica. Lo que sí está claro, en su opinión, es que quienes sufren carencias nutricionales, por ejemplo debido a una dieta de adelgazamiento, o aquellos con estados fisiológicos especiales, como las embarazadas, deben tomar suplementos de vitaminas.
Sin embargo, contabilizando sólo los suplementos que se venden como medicamentos –las vitaminas se pueden encontrar también en alimentos enriquecidos– se consumieron en España el año pasado más de cuatro millones de envases, con un valor de más de 27 millones de euros, según datos de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (ANEFP).
En cualquier caso, Roig indica que, incluso en caso de consumo excesivo, “es muy raro que las vitaminas hidrosolubles, como la C y la B –los tipos más vendidos en España– puedan dar problemas”.
En cuanto a los alimentos enriquecidos, María Manera, responsable de comunicación científica de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, señala que pueden ser necesarios en casos concretos. Es lo que ocurre con los vegetarianos estrictos, que deben tomar productos enriquecidos para cubrir sus necesidades de B12, presente solo en productos animales. Pero incluso en este caso hace falta contar con el consejo de un profesional.
Radiografía de un nutriente esencial

¿Qué son las vitaminas?
Las vitaminas son micronutrientes esenciales que el organismo no es capaz de sintetizar, por lo que deben adquirirse a través de la dieta. No aportan calorías, pero son esenciales para regular reacciones metabólicas.
¿Qué cantidad hace falta?
Los requerimientos diarios son muy bajos –por debajo de un gramo– y por eso se denominan micronutrientes.
¿cuántas hay?
Las 13 vitaminas descritas se dividen en dos grupos según se transporten en agua –hidrosolubles– o en grasa –liposolubles–.
¿Pueden producir intoxicación?
En el caso de las hidrosolubles, como la vitamina C, el ácido fólico o la B12, su ingesta excesiva no plantea apenas problemas, porque se eliminan por la orina. En el caso de las liposolubles, como la A, la E o la D, ingerirlas en exceso puede causar importantes problemas de salud por toxicidad.
¿Cuándo hay que tomar aportes extra?
Cuando una persona tiene carencias de vitaminas por mantener una dieta inadecuada o sufrir enfermedades que dificultan la absorción intestinal de estos micronutrientes, hay que recurrir a los suplementos. No están indicados para la población general, y lo mejor es tomarlos tras la indicación de un médico o el consejo de un farmacéutico.
¿Se consumen muchos suplementos?
La mayoría de los expertos coinciden en que existe un consumo excesivo de estos productos, en los que los españoles se gastaron el año pasado 27 millones de euros, según datos de la Asociación para el Autocuidado de la Salud.
¿Valen para curar o prevenir enfermedades?
Según han acreditado en las últimas semanas varios estudios científicos presentados en Estados Unidos, no sirven para evitar el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, aunque hay excepciones: el ácido fólico evita malformaciones en el feto si se toma antes del embarazo.
PÚBLICO, Martes 16 de diciembre de 2008

martes, 26 de agosto de 2008

Muchos alimentos que 'venden' salud carecen de base científica

CARMEN MORÁN - Madrid
La mayoría de los productos que prometen mejorar la salud del consumidor desde las estanterías de los supermercados no tiene aval científico. "Reduce el riesgo de padecer osteoporosis", "mejora el colesterol bueno", "la salud de sus dientes lo agradecerá"...
La ambigüedad de muchos de estos reclamos publicitarios -de alimentos sensibles al bolsillo- y la falta de información ya suscitaban sospechas que algunos estudios de asociaciones de consumidores confirmaban. Pero ahora es ya un organismo independiente, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), quien ratifica que, efectivamente, son una excepción los mensajes que prometen salud con base científica.
La EFSA ha analizado un grupo de reclamos para comprobar su veracidad, y ha repartido más que calabazas. Ayer avanzó los resultados de una primera batería de ocho alegaciones relativas a la reducción de enfermedades y al crecimiento y desarrollo de los niños. Y siete no han pasado la prueba. Sólo Unilever ha aprobado (en un caso). Sostiene que los esteroles vegetales reducen el colesterol y aporta estudios que lo confirman. La proporción, subrayan desde la agencia, es extrapolable a gran escala.
Son las empresas las que voluntariamente se están sometiendo a esta evaluación para adaptarse al nuevo reglamento europeo que entró en vigor hace un año. La normativa no permite que un producto proclame virtudes saludables, como supuestos efectos contra el colesterol o para la mejora de la osteoporosis, sin base científica que lo atestigüe. Pero concede un tiempo a las empresas para adaptarse. Hay algunas -dependiendo del producto de que se trate- que pueden demorar la corrección de sus mensajes engañosos hasta 2010 o incluso 2015.
"Uno de los efectos perversos de este reglamento es que permite demoras para corregir estas alegaciones que, con la norma general de etiquetado española tendrían que estar prohibidas ya", explica Yolanda Quintana, de la organización de consumidores Ceaccu. "Hubiéramos esperado que el reglamento las prohibiera de facto, puesto que rozan la legalidad ya que proclaman salud como si fueran medicamentos. Habrá que esperar", añade. Pero, para algunos expertos de la EFSA, como el español Andreu Palou, la buena noticia es que, por primera vez, los ciudadanos tendrán información independiente y veraz sobre estos productos.
Organizaciones de consumidores han encontrado en algún producto hasta 22 reclamos (alegaciones) distintos. Y son de alimentos que pueden incrementar su precio hasta en un 130%, según un estudio de Confederación Española de Asociaciones de Consumidores y Usuarios (Ceaccu). Y la media es de 6,3 alegaciones por producto. A veces, el mismo mensaje forma parte de la marca, y en esos casos, las empresas no tienen obligación de modificarlos hasta 2015.
La EFSA ha recibido hasta hoy 220 solicitudes nutricionales para evaluar frases promocionales que prometen salud al consumidor o mejor desarrollo para los niños y que pueden leerse en los envases o publicitarse en los medios de comunicación. Y otras 2.500 de la Comisión Europea de todo tipo.

Los ocho primeros
- Lácteos y peso corporal. "Tres raciones de lácteos por día promueven un peso corporal saludable en niños y adolescentes". El Consejo Nacional de Lácteos estadounidense pidió evaluar esta frase. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ve la relación causa-efecto.
- Dientes sanos. El mismo consejo asegura que "los lácteos promueven la salud dental". Los científicos que han analizado los productos no encuentran ninguna prueba de que eso sea así.
- Huesos más fuertes. Femarelle son cápsulas de lino y soja. La empresa Se-Cure Pharmaceuticals defiende que reducen el riesgo de osteoporosis. La EFSA afirma que no se aportan estudios suficientes para defenderlo.
- Cactus y colesterol. La empresa Bio Serae sostiene que NeOpuntia, nombre bajo el que comercializa cápsulas de hojas disecadas de cactus que tomaban los nativos americanos, mejora el colesterol bueno. Tras su estudio, no queda probado.
- Bueno para el corazón. La multinacional Unilever confía en los esteroles vegetales para disminuir el riesgo cardiaco. La EFSA lo ha aprobado. Han aportado 41 estudios clínicos "bien controlados" con esteroles añadidos a mantequillas, margarinas, aceite de oliva y mayonesa que lo evidencian.
- Crecer con omegas. Unilever solicita la evaluación del efecto sobre el crecimiento y desarrollo en niños de ácidos grasos esenciales (omega 3 y omega 6). El panel no niega las bondades de estos ácidos, pero considera que ya están en una dieta equilibrada.
- ¿Niños con defensas? Un suplemento alimenticio que se obtiene a partir de frutas y especias fermentado con lactobacilus, Regulat.pro.kid IMMUN, dice que estimula y ayuda al sistema inmune de los niños. Se ha desestimado.
- Mejorar la silueta. Elancyl Global Silhouette (plantas y cacao) se vende para mejorar el sobrepeso moderado. Los científicos no encuentran resultados concluyentes para sostener que es así.
El milagro que llegó de Oriente
C.M. - Madrid
Nadie duda ya de que la alimentación, una buena dieta, previene la aparición de algunas enfermedades o logra su mejoría. Pero tampoco se puede negar que los alimentos están sujetos a las modas. Hubo un tiempo en que se hablaba del ajo o del limón como si fueran medicinas. En los últimos años, el milagro parece haber llegado de Oriente: la soja. Soja equivale a isoflavonas. Las hay en otras legumbres -garbanzos, por ejemplo-, pero nunca en una concentración tan alta como la que se encuentra en ella. En el mercado hay leche con soja y otros muchos productos con isoflavonas. No serán malos, pero tampoco milagrosos. Un estudio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pone orden en las bondades que se le atribuyen al consumo de esta legumbre y sentencia que no hay datos concluyentes en ese sentido. Sólo resultados "inconsistentes", "contradictorios" o "dispares".
Por ejemplo. A la soja se le atribuye la capacidad de mitigar los sofocos posmenopáusicos. Pero AESAN encuentra contradicciones entre los distintos estudios realizados y ninguna base sobre la que sustentar ese posible beneficio. Tampoco ha encontrado argumentos científicos sobre los que sostener su supuesta ayuda en la prevención de enfermedades cardiovasculares -hablamos del colesterol-. No es posible saber, apunta, si los efectos se deben a la soja o a los fitoestrógenos. Y aquí no sirven los estudios realizados en países asiáticos. No son del todo extrapolables, pues la alimentación allí es distinta a la occidental.
Las dietas ricas en proteínas de soja, dice el informe, podrían contribuir a mejorar la diabetes y la obesidad, pero hay información contradictoria. Y respecto a los cánceres, se ha estudiado la incidencia de esta legumbre en los de mama, próstata, colon y endometrio. Siempre a la luz de los datos que arrojan los países asiáticos, más favorecidos respecto a estas enfermedades. También aquí se encuentra una base científica inconsistente.
EL PAÍS, Viernes 22 de agosto de 2008
Imagen: El País

miércoles, 11 de junio de 2008

Comer más pastillas

SANTI SANTAMARIA
"Nunca hemos creído que los alimentos pudieran ser utilizados como fármacos o los fármacos como alimentos". Así de contundente se manifestaba José Ignacio de Arranz, de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), organismo dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo.
Constato un aumento de alimentos nutraceúticos, término formado por las palabras nutrición y farmacéutico. Dichos productos, a veces también denominados alimentos funcionales, se anuncian como complementos alimenticios, aunque la ley establece que ni en sus etiquetas ni en su publicidad pueden atribuirse propiedades preventivas, curativas o de tratamiento beneficiosas para la salud; sin embargo la AESA afirma que las ventas de estos productos de la industria farmacéutica ascienden a más de 1.500 millones de euros sólo en España. Eric Canela, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de Barcelona, declaraba a la prensa que "hay mucha información contradictoria y demasiados intereses comerciales en los alimentos funcionales". Canela ha señalado el origen económico de algunas de nuestras deficiencias alimentarias: la purificación y separación de componentes, como en el caso de la harina blanca, más apta para su almacenamiento que la harina integral, que es, en cambio, más nutritiva; el empobrecimiento de los suelos por sobreexplotación, y la recolección de frutos antes de que maduren, lo que incide en su falta de sabor y vitaminas. Todo ello es en gran parte el resultado de nuestro consumismo compulsivo: lo queremos todo y ahora. Luego padecemos una obsesión enfermiza por la salud, y la hipocondría y la falta de educación alimentaria nos llevan a consumir alimentos funcionales.
Que comemos mal lo demuestra, entre otras cosas, la epidemia de obesidad en Occidente. Pero este problema no se ataja con pastillas u operaciones: hay que recordar a la mayoría de los obesos que lo son porque comen demasiado; menos cirugiobiótica y más sociología, menos juicios morales y más políticos. Nuestro drama social es que tenemos una alimentación diaria de tentempies y salir corriendo. Por otra parte, las grandes cadenas alimentarias organizan sus supermercados según el poder adquisitivo de sus clientes; a menos ingresos, menos productos frescos, de modo que los más pobres tienen más dificultades para seguir una dieta saludable. Pueden leer sobre el tema en un interesante libro de Raj Patel, Obesos y Famélicos, publicado por Los Libros del Lince.
Mientras tanto, desde la Universidad de Southampton se nos alerta de que la combinación de benzoato de sodio -E211, presente en refescos como Sprite, Fanta y Coke Zero- con ciertos colorantes puede provocar hiperactividad infantil (http://www.southampton.ac.uk/mediacentre/news/2007/sep/07_99.shtml). Pese a los consejos de los nuevos picassos del diseño de los sentidos, no creo que tengamos que tomarnos a juego las cosas de comer: es necesario saber cómo y qué comemos.

MAGAZINE, LA RAZÓN, 8 de junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Queda leche sin omegas, por favor?

CARMEN MORÁN

Los llaman alimentos funcionales y hay tantos que marean. Casi parece imposible comprar en un supermercado leche que sólo tenga leche, sin omegas, sin fibra, sin calcio añadido, sin tonalin; ni yogures sin vidalim, ni zumos sin vitaminas esenciales, sin antiox, ni galletas que no sean bajas en grasa, altas en fibra, ricas en oleosan, pobres en colesterol... Hay productos con activos plus, con L casei inmunitas o bifidus activo. Como en una lista de tapas cantada a la andaluza, hay alimentos cardiosaludables, buenos para el riñón, mejores para los huesos y superiores para las defensas.
Casi nadie sabe muy bien qué significan todas esas cosas -no vienen ni en el diccionario- ni cómo pueden beneficiar a la salud, si es que lo hacen, pero, qué diferencia el carro de la compra, enriquecido y saludable, frente al otro, simple y triste, con tomate frito corriente y moliente y atún sin omega. La gran diferencia entre un carro y otro es el precio. Y menuda diferencia. Algunos alimentos se encarecen más de un 100% porque en el envase hay un reclamo publicitario de ese estilo, alegaciones, les llaman. "Hay hasta zumos que ponen libre de grasas. Pues claro, si en los zumos lo que interesa saber es qué azúcares contienen, y a veces no vienen diferenciados de los hidratos de carbono", critica Yolanda Quintana, autora de un informe sobre alimentos funcionales que publicó ayer la Confederación Española de Asociaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu).
La Confederación ha analizado 448 mensajes que venden en los productos alimentarios salud y otras maravillas para el consumidor y el 59% de esos eslóganes "no se ajustan a la normativa" que entró en vigor en julio de 2007 mediante un reglamento europeo. Ni tampoco al decreto español de 1999 sobre etiquetado, que impide atribuir a los alimentos propiedades "preventivas, curativas o terapéuticas".
Pero el consumidor no siempre lo sabe porque la normativa es muy farragosa y los controles, escasos. Para poder decir que algo es 'bajo en sal' el producto no puede contener más de 0,12 gramos de sodio; si es 'sin sal' no tendrá más de 0,005 gramos; si aceptamos 'alto contenido en fibra' es porque habrá como mínimo 6 gramos por cada 100 y no será 'bajo en grasa' a menos que contenga menos de 3 gramos de grasa por cada 100 de producto sólido o 1,5 por cada 100 mililitros, en líquidos. ¿Quién puede aprenderse eso? Hay que ir al ultramarinos con libro de instrucciones y absténganse los que no hayan hecho una carrera de ciencias.
A pesar de entender poco o nada de lo que cuenta el bote, las campañas publicitarias llaman la atención poderosamente y el consumidor lo compra aunque sea más caro. ¡Hasta hay maquinillas de afeitar enriquecidas en vitamina E! "Supongo que será porque esa vitamina favorece la cicatrización", se ríe José Manuel Ávila, director gerente de la Fundación Española de Nutrición. ¿Qué opinan en esta institución de todos estos productos que nos van a dejar como nuevos? "Necesitamos 52 sustancias para sobrevivir y todas ellas están en los alimentos. Si llevamos una dieta variada obtendremos esos 52 componentes y además de forma equilibrada. Porque con unas pastillas efectivamente podemos tener ácidos Omega 3 y muchos, tantos como si nos comiéramos 20 kilos de sardinas, pero no es el caso", dice.
Ávila dice que hay parte de la población, como niños, mayores, embarazadas, atletas, que quizá necesitan algo que no pueden tomar y entonces "pueden recurrir a alimentos enriquecidos o fortificados", pero confía en que efectivamente lo estén.
Es decir, confía en que no haya fraudes. El informe de Ceaccu habla de un amplio incumplimiento del reglamento europeo y de la norma española, pero en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) se limita a decir -hasta que lean el informe- que hay alimentos cuyas alegaciones están al límite, sobre todo los yogures y los lácteos y que, por lo demás, las empresas no suelen mentir en los contenidos de sal, azúcares, grasas y otros porque los fraudes le vienen muy mal para su imagen.
Entre los productos de mayor consumo analizados por Ceaccu, se han encontrado una media de 6,3 alegaciones por envase y algunos tenían hasta 22 reclamos, como es el caso de las galletas B SAN Activas Virginias.
Muchos de los productos no especifican beneficios para la salud, algo que está prohibido, simplemente lo envuelven: cuidado natural, bienestar general, el yogur que favorece en todos los sentidos, es sano, es vida, tu cuerpo te lo agradecerá.
Pero otros muchos, dice Ceaccu, sencillamente "incumplen el reglamento" con los reclamos que los publicitan. Por ejemplo, por su ambigüedad: dicen que son sin colesterol, pero tienen muchas grasas saturadas; o los que sólo dicen '90% libre de grasas'; también están las famosas grasas vegetales. Es más difícil encontrar galletas sin grasas vegetales que apostatar en la Iglesia católica o darse de baja en un banco. Pero ¿cuáles son las grasas vegetales? ¿Oliva virgen o grasa de palma o coco, que es peor que el propio sebo?
Otros: 'justo contenido en sal', 'sin sal añadida'. ¿Pero tiene mucha o poca?
Algunas alegaciones nutricionales explican que algo es 'bajo en sal' "y tiene más sodio del permitido", explica Yolanda Quintana; o te hablan de 'bajo en calorías' sin especificar qué nutriente se ha rebajado. Ceaccu ha encontrado hasta 58 productos en los que se mencionan beneficios para el organismo, que también está prohibido, como 'ayuda al desarrollo de tus huesos', 'estimula el sistema inmunológico', 'previene el deterioro cutáneo y el envejecimiento de las células'. Y también hay consumidores que compran 'nutrientes importantes para el cerebro'.
Tampoco se aporta información sobre la cantidad que hay que consumir para que el bienestar se apodere de la vida del consumidor y su riñón funcione como un reloj, "como obliga el artículo 10 del reglamento". Y alegaciones incomprensibles, pero placenteras: 'Te va', 'Te cuida' y 'Es sano, es vida'.
Pero las grandes industrias tienen poder y cuentan con generosas prórrogas en algunos casos para adaptarse a la normativa. Por ejemplo, cuando un eslogan se asocia a una marca tienen hasta 15 años para quitarlo, según explicó ayer la confederación de consumidores. Si las aceitunas La Española te cuida, te cuidarán un puñado de años más.
La normativa del etiquetado legaliza el recurso a una autoridad supuestamente científica, como asociaciones, estudios, fundaciones, "que pueden constituirse de una forma burocrática, pero que nadie comprueba quiénes están detrás de ellas", critica la presidenta de Ceaccu, Isabel Ávila. Así ase entiende que haya pasta de dientes que recomiendan nueve de cada 10 dentistas.
Pero una encuesta entre 1.600 familias, aún por publicar, demuestra que el 61% no sabe qué significan esas alegaciones llenas de vida que aparecen en los productos, pero están dispuestas a comprarlos si su presupuesto lo permite. "Es el poder de la publicidad", dijo ayer Isabel Ávila. Son los jóvenes, según este estudio, los más proclives a consumir estos productos. "Antes se presumía con un coche y ahora se hace con la alimentación, comprando estos productos que son más caros y que a veces ofrecen para los niños lo que las familias no pueden darles de forma natural por falta de tiempo", explica Ávila. Vamos, que viste más un bollo relleno de chocolate que un bocata de chorizo y queso de toda la vida.
La profesora de Sociología de la Universidad de Oviedo Cecilia Díez, que colaboró en un estudio de La Caixa sobre alimentación, consumo y salud, cree que estos productos han proliferado porque la gente se ha ido dando cuenta de la importancia que tiene la alimentación en la salud y las industrias "los ofrecen con un halo de cientificidad", explica.
También se asocian en la publicidad a cierto prestigio social, a consumidores de élite, y eso "funciona", añade. Respecto a las familias que los consumen, Díez cree que, en realidad, son las de clases más humildes, "porque lo caro hoy en día es consumir productos frescos recién cocinados". El tiempo es vital. "No creo que las familias le den esos productos a sus hijos porque sientan que no están haciendo por ellos lo que deben, simplemente es una cuestión de tiempo; el trabajo no permite comer cinco frutas al día y hay productos que le ofrecen esa posibilidad en un bote pequeño que se bebe de un trago".
Así pues, lo caro es llevar una dieta sana. "Para eso se requiere cultura y dinero".
Cuanto menos haya de ambas, más calan los mensajes. Vean esta anécdota. Preguntado un comercial por la marcha de la venta de sus yogures Pronutris, explicó. "Cuando salen marcas blancas que tienen lo mismo que ofrecen otros yogures caen las ventas, pero con estos no ocurrirá porque la empresa ha comprado toda la producción de Pronutris del mundo". Producir pronutris es como cazar gamusinos. Sencillamente, no existen.





Mejor comer atún y sardina


Los alimentos funcionales bien utilizados pueden cumplir una función positiva. Es esencial distinguir entre los que tienen base científica suficiente y se promocionan adecuadamente -y son bastantes-, aquéllos sobre los que no se dispone de las necesarias evidencias pero que parecen útiles, y los que se promocionan con poco o ningún fundamento, que también los hay. La normativa de la Unión Europea sobre declaraciones nutricionales y propiedades saludables, nada fácil de implementar, irá poniendo las cosas en su sitio, no sólo para los productos funcionales sino para todo el cúmulo de mensajes sobre eventuales propiedades beneficiosas de determinados alimentos.
Ningún alimento, funcional o no, debe dominar en exceso en nuestra alimentación. La dieta debe ser variada. A base de alimentos normales las personas sanas pueden cubrir perfectamente sus necesidades. Los alimentos funcionales no se concibieron para la población general sino para las poblaciones de riesgo frente a patologías propias de las "sociedades de la abundancia". No son medicamentos, pero las dosis efectivas son importantes.
Un ejemplo puede ser ilustrativo. Una dieta adecuada, en la que el pescado azul y las nueces estén presentes, es la mejor manera de aportar a nuestro organismo ácidos grasos omega-3. Los que no comen nunca pescado azul pueden compensarlo con alimentos funcionales, aunque el papel de estos alimentos no debería ser el de corregir dietas inadecuadas. Los que tengan problemas relacionados con trastornos cardiovasculares asociados a los lípidos tienen en los alimentos con omega-3 un recurso para contribuir a disminuir riesgos o síntomas, o incluso moderar la medicación, eso sí, con el debido asesoramiento sanitario.
No obstante, no está justificado que la población general consuma habitualmente alimentos funcionales con omega-3. Para esto ya están las sardinas y el atún.
Abel Mariné es catedrático de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona.


EL PAÍS, Jueves 5 de junio de 2008
Imagen: El País