lunes, 19 de enero de 2009

Fiebre por los mercadillos

JOSÉ M. CAMARERO MADRID
«Las tengo baratas, a 18 euros el juego de sábanas, ni en el Ikea, ¡niña!». La propuesta es atractiva, y cada vez más madrileños la aceptan, porque la crisis económica ahoga y hay que ahorrar por algún lado. Los mercadillos de venta ambulante se han convertido en una de las alternativas para sobrevivir a la recesión económica. Tienen precios bajos y aunque la calidad no es siempre la mejor, la gente mira ahora más el bolsillo.
La afluencia de clientes se nota, y más aún en estas fechas. A pesar del frío de las últimas semanas, el mercado de Vía Lusitana es un hervidero de clientes cada jueves. «Yo calculo que hasta un 20% más que meses atrás», afirma José Antonio, uno de los tenderos que acude cada jueves a este mercadillo. Él vende frutas y verduras y reconoce que sus clientes ya no van tanto al súper y sí a estos lugares. «Aquí también pasamos controles y somos una actividad regulada», recuerda este comerciante.
Precisamente por ello, Juani y una amiga acuden a este mercado ahora con más asiduidad. «Antes veníamos sólo para dar una vuelta», afirma esta mujer, «pero ahora ya sabemos que venimos a comprar». La razón vuelven a ser los precios bajos. «No se trata de comprar algo malísimo, pero sí de observar, comparar y, si merece la pena, ahorrarnos unos euros», explica.
Como en los «outlets»
Y es que, la rebaja del precio de un mismo producto comercializado en una tienda que en un puesto «puede llegar hasta un tercio», afirma Jesús Viu, presidente de la Asociación de Comerciantes Ambulantes de Madrid. La clave para entender estos precios se encuentra en los productos que ofrecen: son artículos que se encontraban en «stock» en los almacenes, como los que se comercializan ahora en las tiendas «outlets», «y eso nos permite bajar bastante los precios, aunque tampoco podemos perder nuestro margen de beneficio», recuerda Viu.
Los jueves también es el día en que se instala el mercadillo de la Ciudad de los Ángeles, en Villaverde. Aquí se instalan casi 90 puestos y lo que sobresale, según comentan los comerciantes, son las ventas en textil. «La gente que compraba antes alimentos no ha variado demasiado», asegura Antonio. Donde sí se nota mucho más las ventas es en productos en los que la gente ya no está tan dispuesta a gastarse tanto dinero como antes: ropa de cama, toallas, cortinas... «Ahora casi vendo el doble», reconoce Manuel, quien ostenta un puesto de alfombras y diferentes tipos de telas para decorar el hogar.
Un poco más allá, en este mismo mercadillo de San Cristóbal de los Ángeles, Victoria y Jesús lo confirman. «Son telas baratas y sólo hay que saber coser un poco y las tienes «apañás»», comentan mientras explican las bondades de sus artículos a los clientes.
Cercanía con el cliente
El otro secreto de los mercadillos es, además de los precios, la cercanía con los tenderos. El presidente de los Comerciantes Ambulantes recuerda que muchos ciudadanos llevan visitando el mismo mercado «desde hace 30 ó 40 años» y eso crea «una dependencia que es buena para todos», explica.
Lo que ya prácticamente ha desaparecido es la práctica del regateo. Hasta hace no muchos años, era difícil ver un cartel con el precio del artículo que se vendía, «pero ahora es esencial, para que la gente no intente negociar el precio», reconoce Patricia, una de las comerciantes que tiene un puesto de artículos de ferretería en el mercadillo de Marqués de Viana, en Tetuán.
Aunque es una práctica que ya se ha perdido, algunos comerciantes reconocen que «algún detalle hay que tener con los clientes, sobre todo con los que llevan viniendo toda la vida», explica Vicente. Él, su mujer y dos de sus hijos regentan un puesto de calzado, otra de las estrellas de estos mercados, y se mueven no sólo por Madrid, sino por otras provincias limítrofes. «Yo regalo algunas zapatillas de estar por casa, o algunos pares de calcetines, aunque lo de bajar el precio es prácticamente imposible».
Y es que, si hay crisis para los clientes, también existe para los propios comerciantes. Acuciados por los impuestos que tienen que pagar, se quejan de que ninguna Administración se ha preocupado por su situación. «No nos hemos visto beneficiados por ningún plan», denuncia Juan Viu, cuya asociación ha propuesto algunas medidas, como un aplazamiento temporal de los impuestos municipales que tienen que abonar a primeros de año, o una rebaja especial en los combustibles.
Mientras, los madrileños seguirán acudiendo a este tipo de mercadillos para poder aliviar, más si cabe, las economías familiares, tan maltrechas por la crisis económica.
ABC, Domingo 18 de enero de 2009
Imagen: ABC

1 comentario:

Esther Chamorro dijo...

En la época de crisis económica que sufrimos actualmente, se está optando por este tipo de mercado para la compra, ya que ofrecen productos muy baratos, aunque muchas veces de una calidad no muy buena.
Lo bueno que tienen estos mercados es que ofrecen una variedad muy amplia de productos en un mismo lugar, desde calzado, ropa, antigüedades, hasta frutas, verduras...
Es cierto que muchas veces la gente va por pasear y echar un vistazo, pero dados los bajos precios, la compra de estas "gangas" está garantizada.
El problema que veo son los carterístas, ya que aprovechan el cúmulo de gente para robar, lo cual no es culpa de los tenderos, pero aún así crea desconfianza e inseguridad en la gente.