E. Morales / I. Acosta.Desde Ciudad de México a Manila, pasando por Brazzaville, hasta Buenos Aires, los precios y la escasez de los alimentos son protagonistas de las noticias, los análisis y las alarmas. El fenómeno mundial de la subida de los precios de los alimentos no es una anécdota: es una transformación. Algo está mutando en los mercados globales y en la población mundial y las causas, al menos diez, son múltiples y coincidentes en el tiempo. Basta teclear en Google Noticias la palabra ‘alimentos’ para ser acribillado con numerosos titulares constatando la meteórica alza de precios, la carestía o la incertidumbre sobre la evolución de los cereales. Y los textos están fechados en muy distintos y distantes lugares. El problema es universal.
Mientras, el Banco Mundial, por boca de su presidente, Robert Zoellick, reclama una respuesta coordinada frente a las espirales de precios, que ponen en riesgo la estabilidad política de 33 países en todo el mundo. Así, en Panamá se hacen largas colas para conseguir alimentos baratos, y Venezuela se propone revisar las ganancias de las empresas de alimentos, a las que culpa de una crisis global. Además de estos países, Argentina, que padece las protestas de agricultores y ganaderos; Yemen, Congo o Túnez están en grave riesgo de crisis políticas por el precio de combustibles y alimentos. Según la ONU, el alza anual de los precios de los alimentos, en términos globales, fue de un 35% hasta enero. Desde 2002, de un 65%.
Difícil de encajar para todos, pero especialmente para los países más pobres, apunta el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría. El precio real del arroz ya alcanzó su nivel más alto en 19 años y el de la harina, un récord en 28 años. La inflación de los productos alimentarios, conocida como agflación, tiene como una de sus causas la creciente demanda de cereales para fabricar biocarburantes, que se ha duplicado en dos años, aunque no es la única y seguramente tampoco la más importante. La sequía y otras trabas climáticas en los países productores han minado y encarecido la producción, en unos años en que los se han registrado menores rendimientos en las cosechas y las reservas estaban más bajas de lo normal. Mientras, aumenta la cabaña mundial ganadera.
La concentración del mercado en muy pocos operadores en los países productores y las trabas comerciales han jugado un papel transcendental en esta nueva situación, siendo estos los factores en los que más se puede actuar y con mejores resultados. Las alzas de precios, inusuales en la última década, han convertido en muy atractivos para el inversor a mercados como el del maíz y el arroz, dando pie a la entrada de todo tipo de capital, incluido el especulativo, en el mercado cerealístico. Mientras, la demanda de los países emergentes es cada vez mayor y países como China, Brasil o India cambian y mejoran sus hábitos. Y todo ello ha coincidido en una fase de debilidad del dólar.
China es una pieza clave. Es uno de los motores del crecimiento global, pero al tiempo una gran aspiradora de materias primas, energía y alimentos. Crece el poder adquisitivo de sus habitantes y el consumo de carne casi se ha triplicado en dos décadas, en detrimento del arroz. Trescientos millones de chinos, de una población de 1.300 millones, han salido de la pobreza desde fines de los años 70. Mientras, las autoridades chinas garantizan que no habrá escasez de alimentos y acumulan una gran reserva basada el rígido control del consumo de cereales en el sector industrial y en las restricciones a la exportación. Una puntilla más.
Y España, en un mundo globalizado, no ha permanecido ajena a la dinámica de altos precios, que seguirá formando parte de la realidad económica al menos durante las dos próximas décadas, con o sin controles o supervisiones. Nos arrastra la coyuntura internacional. Que en un año se haya más que doblado el precio de los alimentos elaborados, con un alza del 7,2% en 2007 con respecto a 2006, no es un fenómeno coyuntural.
La clave: acabar con las trabas comerciales
La clave: acabar con las trabas comerciales
El panorama mundial ha cambiado radicalmente en muy pocos años. Hay nuevos protagonistas económicos, con nuevas demandas, que amortiguan, en cierta medida, una crisis a nivel global. Pero, al tiempo, contribuyen con esas demandas a un desajuste mundial, en un entorno que para nada está diseñado para una situación como la actual. Hay escasez de alimentos, también de energía, por múltiples razones, y la seguirá habiendo en las próximas décadas.
Pero el futuro que nos espera es el que dibuja Holllywood en películas como Waterworld, Dune o Mad Max. Un futuro en el que por un vaso de agua, una pieza de fruta o un galón de gasolina merezca la pena morir. El corto plazo parece claro: las subidas seguirán, ante la escasez general de materias primas. A medio plazo, la receta es una mayor apertura de los mercados. Los países en desarrollo deberán dedicar más superficie a los cultivos, pero a cambio las naciones avanzadas deberán acabar con las trabas a sus exportaciones. Esta reducción de aranceles agrícolas también facilitará y supondrá, según apunta La Caixa, que la producción de biocarburantes se sitúe en aquellos países en los que sea menos costosa.
LA GACETA DE LOS NEGOCIOS, Viernes 4 de abril de 2008
Imagen: La Gaceta de los Negocios
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